«Quiero cantar el mejor blues, hacer el mejor personaje, ser el mejor amante y hacer el mejor gintonic»

«Quiero cantar el mejor blues, hacer el mejor personaje, ser el mejor amante y hacer el mejor gintonic»

Jimmy Barnatán trae a Santander este viernes 'El Jefe Tour’, su último trabajo

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Reconoce que tienen «ansiedad por empezar» tras un parón de varios meses y que Morgan es lo último que ha escuchado y le ha sorprendido para bien. Jimmy Barnatán y The Cocooners acababan de comenzar El Jefe Tour. Una gira que saca su perfil de predicador del blues más primitivo. Grabado en los estudios de Ludovico Vagnone ha sido un experiencia diferente, la banda sonora de la película ‘Jefe’, dirigida por Sergio Barrejón. El resultado verá la luz en Santander este viernes (Sala Black Bird, 21.00 horas).

Barnatán es un tipo con armadura de rock e interior de pensador antiguo, leído y viajado, como los hombres de bien de antes, y un rugido que no encajaría en los salones de té. Trabajador del cine, heredero literario y alma de blues irrenunciable.

- Su primera banda sonora. ¿Ha sido un proceso distinto a sus discos previos?

- Hemos currado de una forma muy especial porque una banda sonora es lo más parecido a actuar; te pones a las órdenes de un director. Igual que un actor. Él nos decía, “para esta secuencia quería algo melancólico” y nos poníamos a componer, pero siempre al servicio de la peli y de las ideas del director. Ha sido distinto, pero con mucha libertad. Siempre teniendo una cabeza pensante externa. Y además Sergio Barrejón tiene las ideas muy claras y ha sido fácil.

- ¿Cómo ha sido trabajar bajo la batuta de otro?

- Bueno, yo me he pasado la vida profesional a las órdenes de otra persona. Así funciona la interpretación. En el mundo de la música desde luego que no, aunque el trabajo de composición es muy coral dentro de la banda. Quizá ahora más que antes. Y con la tecnología tenemos oportunidad de que a uno se le ocurra un puente y lo mande al momento.

-Aplicar la tecnología a un género musical tan tradicional no deja de ser una ironía

- Internet, la red, no es modernidad, sino actualidad, y usado como se debe usar, está muy bien. Todo tiene una doble lectura, claro. Todos sabemos el daño que han hecho los malos usuarios a la música, con la inestimable ayuda de la red pero eso no demoniza el canal.

- De momento no parece que se pongan soluciones a ese problema

- Contra eso se sigue sin hacer nada. Se tratan de poner cortapisas pero son insuficientes. En cualquier caso los que tienen que gestionar la cultura, la gestionan mal porque han abierto una confrontación abierta puramente ideológica y aún es más dificil resolverlo. Acabas pensando que cómo no te vas a bajar la música. Bueno, yo no tengo ni idea de cómo hacerlo.

- Y aunque no ha haya pensado en bajar música, ha valorado bajarse de la música

- Jamás.

-¿Falta apoyo al género?

-Desde luego. El pensamiento único llega hasta la música. De pronto hay una diferencia abismal en cuanto al abanico de géneros que podíamos encontrar en los 80. Si paseabas por el dial de la radio había de copla hasta punk. Ahora es un ejercicio que propongo al oyente, a ver qué se encuentra. La calidad del género en nuestro país es increible. Hay músicos sobrehumanos a los que se valora más fuera que dentro.

-¿Existe un circuito sólido que les dé cabida?

-Sí, desde luego hay circuito y festivales magníficos. Como Hondarribia, Béjar, Cazorla...Hay varios muy buenos con un nivel espectacular.

- ¿Usted es consumidor de festivales?

- Desde hace unos cinco años, por agenda, voy como músico. Antes sí que iba. En Madrid soy asiduo a Clamores y salas que promueven shows.

- ¿Podría definir a su público?

- Tenemos un público, en general nosotros y el del blues, que no es mainstream. Es hermético, pero muy fiel. Notamos mucho el calor de la gente y cuando le gusta lo que haces porque no vendemos humo vienen y pagan sus entradas.

- Usted también es fiel, en su caso a Nueva York.

- Es un pasado y un presente. Ahora suelo ir una vez al año y sigo visitando la misma iglesia donde empecé a cantar. He podido verles envejecer.¡Y ellos a mí!. Han pasado muchos y nos hemos convertido en maduros atractivos (ríe). Siempre es un lugar de inspiración. Es un paraíso de la infancia. Me gustan los recuerdos que brotan

- Escuchándole, esa ciudad parece un estado emocional.

- Absolutamente. Y también una relación amorosa. Tengo dos: una con Nueva York y otra con Santander. La primera es la novia lejana con la que hablo de noche y cuando nos vemos se desata la pasión.

- ¿Nueva York de noche y Santander de día?

- A mí la nocturnidad de Santander me flipa también. Aparentemente está muy encorsetada, pero cuando el sol se esconde se deja ver una ciudad distinta que los que estamos por allí conocemos y disfrutamos.

- Santanderino y racinguista. ¿Cómo ve las cosas?

- Y sufridor, evidentemente. A mí Viadero me cae muy bien, es un tío del barrio, de Canalejas de donde soy yo. No sé. El futuro del Racing siempre es incierto. Estamos dando tumbos. Es así. Cuando dirigí el documental sobre el equipo a todo el mundo le hacía la misma pregunta desde Gento a Amavisca, y los propios jugadores, Munitis, Valle; ¿por qué cojones somos racinguistas?. Al final es un sentimiento dificilmente explicable. Es cuestión de fe.

- Y de resistencia

- Ya te digo, otra cosa no, pero resistencia…¡Como un gato panzarriba!.

- ¿Todo lo vive con la misma intensidad?

Aparentemente soy macarra, pero tengo lágrima fácil. Trato de vivirlo todo con intensidad, sí. A veces demasiada. Cuando estoy en el campo, como si fuera el ultimo partido y me pasa lo mismo en los conciertos. No sé cantar a media voz ni ahorrarme una nota. También cuando me pongo delante de un director o cuando me pongo a escribir. Un poco intensito soy, pero con unos gintonics se me pasa. Los príncipes somos así; una noche en el Ritz y otra en Hotel Pepita.

- Y de donde saca el tiempo para todas sus facetas

-¡Ahora me lo estoy preguntando! Desde el 3 de enero estoy en ‘Servir y Proteger’. Jamás había hecho una serie diaria, que además va para arriba y estoy flipando con el ritmo.

- ¿No se pone límites creativos?

- Yo soy un tío muy egoísta, ¿eh? (ríe). Parezco majete y tal, pero me gusta todo lo que hago. Quiero cantar el mejor blues, quiero hacer el mejor personaje, ser el mejor amante y hacer el mejor gintonic. No sé por qué hay que elegir. Somos muy dados a las etiquetas, algo tan provinciano... El cantante no puede actuar o ser diseñador de interiores. Hoy en Estados Unidos nadie se rasga las vestiduras sabiendo que Christopher Walken baila o que Paul Auster hace guiones.

- ¿Qué es lo mejor que han sacado los Cocooners de esta etapa con más de mil conciertos a sus espaldas?

Hemos construido una familia alternativa, la que hemos elegido. Una fratría inquebrantable, con la posibilidad de patearnos el país durante muchos años y muchas veces y eso imprime carácter. Es un poco absurdo pero somos una familia y es un poco esquizofrénicos; cuando estamos sin tocar necesitamos estar juntos, y cuando estamos juntos necesitamos volver a nuestras casas.

- Vuelve a tocar a casa. ¿Siente que tiene al público ganado?

- No, jamás. Jamás se tiene nada ganado. Nosotros nos hemos ganado cada persona que nos escucha a base de música y espectáculo. Esto es volver a casa desde luego, pero por muy lejos que estemos o mucho tiempo que pase, hasta que no entramos por Marqués de la Hermida, viendo el Barrio Pesquero, nuestra pretensión siempre es volver.

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