El rock toma al asalto Movember

El rock toma al asalto Movember
J.M.Sánchez

Tras el éxito de la primera edición, el festival volverá a celebrarseen noviembre de 2018

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

Ramoncín, Loquillo, Rosendo, Europe, The Primitives... Distintas maneras de vivir el rock, el heavy metal y un guiño a la cada vez más demandada música indie. El Movember Festival ha demostrado este fin de semana que el público responde a la oferta musical más allá de los meses de verano. La apuesta convenció y después del entrante del viernes, la noche del sábado también vivió momentos memorables. Muchas familias con hijos pequeños y camisetas heavies entre el público del Movember, que no podríamos calificar de colorista porque el negro fue la nota dominante.

Desafiando al temporal, más de tres mil personas acudieron a la cita dispuestos a disfrutar con una propuesta de lo más variada, que además de las bandas-tributo contaba como puntos fuertes con los powermetaleros Avalanch y los indies de reminiscencias punk The Primitives. Y para la cabeza del cartel, palabras mayores: Europe, una de esas bandas que son leyenda, y que aunque su máximo esplendor lo vivieran hace ya tres décadas, aún mantienen el tirón suficiente como para justificar un todo festival. No es de extrañar, pues, que desde la organización se muestren satisfechos con la acogida por parte del público para un evento que promete ediciones sucesivas, y del que destacan sobre todo el magnífico ambiente. Por eso se atrevieron a dar una fecha para l próxima cita que será el 16 y 17 de noviembre de 2018, en el mismo recinto.

Ya entrando en lo musical, la sorpresa para la mayoría de asistentes fue Avalanch, el conjunto asturiano –pero supervitaminado con la incorporación en 2016 del sueco Magnus Rosen, bajista entre otros de Black Sabbath, y sobre todo del estadounidense Mike Terrana, uno de los baterías más respetados del planeta heavy– mostró su mejor versión en directo, con una impactante puesta en escena y un sonido que justifica extraordinario momento, tras más de veinte años de trayectoria.

El festival

Aunque la verdadera atracción de la noche no era otra que Europe, una de esas bandas de las que se podría pensar que morirían de éxito tras los ochenta pero que llegaron a Santander a demostrar que había mucha vida después de la ‘cuenta atrás’. De la formación original sólo se mantienen Peter Olssen y Joey Tempest, pero si alguien esperaba encontrar a la antigua estrella del rock devastado por el paso del tiempo, se encontraría defraudado: Tempest se mantiene en plena forma, incluso más delgado que a mediados de los ochenta, pero bastante menos sobreactuado.

Con un concepto bastante amplio de lo que es rock duro –la banda define su estilo como ‘hard rock’, Europe huyó de nostalgias y ofreció tres canciones de su último disco y hasta se permitieron estrenar en vivo algunas canciones –como el single ‘Walk the earth’, editado tres semanas– junto un repaso bastante compensado de su discografía, donde destacó el incombustible ‘Rock the night’ y otro rescate ochentero, ‘Cherokee’. Sin embargo, se dejaron a ‘Carrie’ en el tintero, para disgusto de muchos asistentes.

Y es que, aunque contaron con un nutrido número de incondicionales que corearon todas las canciones, el grueso del público esperaba lo lógico, un ‘The final countdown’ que serviría de traca final a un extensísimo concierto –tocaron veinte canciones–, y que se convirtió en el punto culminante del festival, con una auténtica locura colectiva durante los cinco minutos en que revivió este superéxito de 1986. Eso sí, la intro con el riff de sintetizador no la tocaron en directo, sino que sonó pregrabada.

Tras el plato fuerte llegarían los que estaban llamados a ser la verdadera delicatesen del evento, The Primitives. Sin embargo, el pecado del indie, la distorsión, actuó la noche del sábado en contra de los músicos, que vieron lastrada por un sonido muy deficiente una actuación energética y cargada de guiños por parte su líder, una Keiron McDermott que parece vivir en su segunda o tercera juventud.

Tras la desbandada general, en parte propiciada por el desastre sonoro pero también porque sería difícil que compartiera público con los grupos precedentes, los británicos se emplearon a fondo pero la animación sólo alcanzaba a las primeras filas. Una verdadera lástima porque no faltaron delicias como ‘Spin-O-Rama’, ‘Stop killing me’, ‘Really stupid’ y todas las maravillosas píldoras de dos minutos de un grupo que merecía una cita propia, donde demostrar que la nostalgia noventera también tiene su público. Pese al volumen desmedido, el inevitable ‘Crash’ resultó lo mejor de su actuación, lo que hizo lamentar aún más la ocasión perdida con un grupo que tiene mucho mejores argumentos.

Para el domingo aún quedarían las sesiones abiertas al público del Open Days, con nuevas bandas de versiones. En definitiva, un festival desigual, con momentos memorables pero con un amplio margen de mejora de cara a futuras ediciones. Ya esperamos la de 2018 con expectación.

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