Nooteboom: «En la vida hay que hacer una balanza entre el movimiento y la reflexión»

Cees Nooteboom, en los 'Martes literarios', y en conversación con Regino Mateo./María Gil Lastra
Cees Nooteboom, en los 'Martes literarios', y en conversación con Regino Mateo. / María Gil Lastra

El escritor holandés, protagonista en los 'Martes literarios', habló en la UIMP de poesía, de viajes, de cactus y de la imposibilidad de su memoria temprana

Mada Martínez
MADA MARTÍNEZSantander

«A mí edad, la semana que viene cumplo 84 años, he visto muchísimas cosas, muchísimo mundo también», y, con todo o a pesar de todo, Cees Nooteboom (La Haya, 1933) responde al conductor de los 'Martes literarios', el poeta Regino Mateo, que no siente decepción alguna respecto al ser humano. Lo dice en un español conciso, casi imperativo, el que aprendió con 17 años conversando con camioneros y «gente nada académica» en su primer viaje de autoestopista por España, explica medio en broma. Nooteboom trata de rematar la respuesta e hila una serie de ideas e imágenes: «Un día hay que decir adiós. '533' -el título del próximo de sus libros, un poemario, que se traducirá al español- se titula así porque yo no tenía otros títulos: son los días en que he trabajado en ese libro, eso es todo. En la vida hay que hacer una balanza entre el movimiento y la reflexión, siempre que sea posible. Yo he elegido una vida un poco rara, y ya es demasiado tarde para cambiarla. Me han invitado a ir al desierto de Atacama (Perú); estuve allí una vez, quiero volver, si puedo lo haré. Mi madre vivió hasta los 97 años..., bueno, vamos a ver qué pasa».

En la respuesta del escritor y viajero neerlandés más importante de los últimos tiempos hay muchos rasgos que le caracterizan: narrador y poeta, intelectual, de algún modo equilibrado, nómada e irónico a más no poder. «La ironía me ha salvado de la melancolía» les dijo a sus alumnos ayer por la mañana, en una de las clases del curso magistral que protagoniza en la UIMP: 'Cartografía Nooteboom'.

Volviendo a los 'Martes literarios', que ayer rozaron el lleno en el Paraninfo de La Magdalena, allí Nooteboom habló de poesía -«la poesía es el centro de todo»-; de sus viajes alrededor del mundo; de su querencia por España -la visita ininterumpidamente desde 1954, y vive largas temporadas en una casa en Menorca-, o de su falta de memoria temprana. «Yo no tengo memoria de mis primeros seis años de vida, y muy poco entre los 6 años y los 12, y eso, que no se puede explicar ahora, tiene que ver con padres divorciados, con guerra -la invasión nazi de los Países Bajos, la II Guerra Mundial-, con el hecho de las mudanzas (hasta ocho veces entre su nacimiento y el comienzo de la guerra). No recuerdo el primer día de escuela, ni nada. Todo empieza a los doce años, con el gimnasio, con la educación en monasterios -Nooteboom se refiere con frecuencia a los monasterios, donde recibió su educación más temprana-». El escritor continúa: «He aprendido mucho de los clásicos, y ese ha sido el fundamento de mi vida literaria: Homero, Ovidio..., pero memoria... He escrito una frase en 'Rituales' -una exitosa novela del año 1980-: La memoria es un perro que se acuesta donde quiere».

Menorca y el silencio

En unos días, Cees Nooteboom viajará a Menorca, donde disfruta de su enorme colección de discos de música clásica, donde escribe, toma notas, encuentra el silencio y se reencuentra con sus cactus. Su jardín, dijo ayer, es ahora su monasterio particular, y sus cactus, los monjes silenciosos que le acompañan. «Hoy he visto la cubierta de '533' y es exactamente un cactus. Es interesante vivir con cactus».

En 'Lluvia roja', Nooteboom habla bastante de sus cactus, de su jardín, de su refugio menorquín. Escribe en un momento del libro: «Los únicos extraños aquí somos nosotros, porque justo cuando regresa la calma después del verano y la gente vuelve a vivir a sus anchas, nos nmarchamos a la otra mitad de nuestra invisible vida. Y como los vecinos quieren que entendamos lo que nos perdemos en invierno, el año pasado nos enviaron unas fotos de mi jardín mediterráneo bajo la nieve. Las palmeras, el ciprés, la 'bella sombra', los cactus... criaturas fantásticas, extraños muñecos de nieve en un jardín sin jardinero».

El autor neerlandés también habló ayer de su libertad literaria, haciendo uso de ella ha reiventado hasta la orografía de su país. Escribiendo, dijo Nooteboom, «uno tiene cierta libertad de hacer cosas. Yo he escrito un libro como si fuera un escritor español -el señor Tiburón de Mendoza-. El libro se llama 'En las montañas de Holanda'. En Holanda no hay montañas en Holanda, pero en mi libro sí las hay».

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