«Hemos perdido muchos trenes en el pasado por creer demasiado en los parches»

G. BALBONA

-Forma parte activa de la gestión cultural. ¿Mantiene su punto de vista crítico sobre las relaciones siempre convulsas entre política y cultura?

-Es muy interesante tener la oportunidad de observar el diálogo entre política y cultura desde los dos polos. Es indudable que la cultura, la creación, son política, en el sentido más literal de la palabra, quizás choque más con la idea de administración o de gestión. Sigo convencido de que ambos extremos se necesitan y deberían cuidarse y cultivarse más, aunque a veces me levanto con mal pie y creo que André Malraux le hizo un flaco favor a los creadores con aquella primera institucionalización de un Ministerio de Cultura. La política, la administración, debería ayudar, crear cauces, dar aire, pero muchas veces parece estar interesada solo en cumplir lo justo los sábados por la noche o en tener la brida bajo control y a la fiera domesticada; desde la cultura, a veces se aprecia ese mismo cansancio, esa misma conformidad en forma de dependencia excesiva de las subvenciones y de las iniciativas públicas y de escasa búsqueda de nuevas opciones. No sé si es posible sostener en el tiempo un equilibrio tal vez ideal entre el creador libre y el político que se limita a ayudar y a dejar hacer. Hay tantos debates pendientes...

-¿Qué perspectivas contempla en el panorama cultural de Cantabria?

-Cantabria tiene un potencial fuerte, desde el patrimonio a la creación, que al mismo tiempo se ve muy limitado por los condicionantes que impone nuestro pequeño tamaño, nuestra poca población y, por qué no decirlo, una sociedad no demasiado dinámica y un público falto de curiosidad, conformista. La cultura debe de ser, pero de forma clara y sin medias tintas, uno de los ejes estratégicos para el desarrollo de la región, no podemos seguir derrochando, por ejemplo, nuestro espectacular legado paleolítico o ese importante caudal humano con iniciativa y criterio que encontramos en todos y cada uno de los cajones de ese armario llamado cultura. Hemos perdido muchos trenes en el pasado por falta de decisión, de compromiso, por creer demasiado en los parches y poco en la planificación estratégica. Algún día tendremos que sentarnos, hablar y decidir qué queremos que sea Cantabria, y por cierto de qué queremos vivir en Cantabria. Estuvimos bien colocados para que la cultura fuera puntera allá por los setenta pero dejamos pasar la oportunidad, hemos ido viviendo de remiendos, pero de nuevo hemos ido creciendo... Pero vista la historia, lo mismo volvemos a derrochar ese capital.

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