Un mar de pintura para Santillana

Un mar de pintura para Santillana
Sé Quintana

La Fundación Caja Cantabria abrirá su año expositivo con un recorrido por la obra de Melquíades Álvarez

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

El mar y las ruinas. El paisaje y su interpretación. «Una recopilación significativa de obras, una mirada retrospectiva en cierto sentido». Una mirada a las distintas formas con las que ha abordado el asunto cotidiano del agua y del mar. Este es el eje de una de las grandes exposiciones previstas en Cantabria en los próximos meses, que supone una revisión creativa de la obra del artista asturiano Melquíades Álvarez. La Fundación Caja Cantabria, en su sede del Palacio de Santillana del Mar, acogerá en primavera la obra del pintor que ya al inicio de esta década expusiera en la temporada de la sala Robayera de Miengo.

«Mi trabajo conlleva un cambio permanente del lugar de observación», asegura Melquiades Alvarez. Su poética del paisaje, sus pinturas (ceras, óleos, acrílicos), dibujos y esculturas integran este recorrido que se exhibirá en Santillana del Mar con un criterio de integración en el entorno. Melquíades Alvarez asegura que «en el arte, como en la vida, el camino es lo verdaderamente interesante». Hacer, deshacer, comprender, descubrir son premisas en la plástica de uno de los creadores nacionales de trayectoria más celebrada, y autor de una obra exigente que ha subrayado su personalidad pictórica, norteña y romántica.

El Palacio de la entidad acogerá una recopilación significativa de obras del pintor asturiano, en su mayoría no expuestas antes, con el agua, las ruinas y lo efímero como ejes del paisaje

La evolución de Melquíades Álvarez responde a «un obsesivo afán por plasmar la vida en el lienzo, sin prisa ni pausa, trazo a trazo, verso a verso. No en vano, sus cuadros y dibujos parecen odas inspiradas en un tiempo detenido, donde la pintura se adueña de las horas sintetizando, con cada gesto, un cúmulo de sensaciones esencialmente plásticas». En los años ochenta expuso en el entonces Museo de Bellas Artes de Santander, pero hasta la cita de Miengo no había regresado a espacios cántabros.

Las marinas son un motivo habitual en su obra. «Al igual que otros temas, siempre están en mis exposiciones, pero nunca hice una muestra sólo de marinas o en las que estas fueran dominantes». Ahora será el punto de mira de su nueva comparecencia en Cantabria.

El espacio «generoso y singular» que es el Palacio Peredo-Barreda de Santillana de Caja Cantabria, abarcará dos décadas de producción, aunque con mayor número de obras fechadas en los últimos años, y una actitud de trabajo en evolución permanente. Obras en propiedad del artista, piezas en préstamo de coleccionistas y obras guardadas que esperaban su momento idóneo, más otras que están en proceso o son proyecto por abordar de forma inminente, integrarán la exposición.

En su mayoría no las ha expuesto anteriormente y las técnicas varían desde las pinturas sobre lienzo, las pinturas sobre madera trabajada -más recientes-, junto con los dibujos, las pinturas sobre papel y, en menor medida, las esculturas de madera pintada. Paralelamente al tema del mar, el jardín-bosque que se ubica tras el Palacio de la Caja reactiva en el pintor «la evocación del ambiente sugerente que percibí cuando estuve ahí hace unos años.

Especialmente por la casa en ruinas que aún se conserva allí en un relativo abandono. Me gustan las ruinas, mi lado romántico. Aparece en mi obra periódicamente, cuando me llama».

Naturaleza, sensibilidad y constancia, en un pintor para quien el camino es lo interesante

El poeta cántabro Carlos Alcorta en un escrito sobre ‘las virtudes del pintor asceta’ asegura que la voz poética de Melquíades Alvarez «respira veracidad, autenticidad espiritual».

Alcorta destaca del artista asturiano «un concepto de pintura de estirpe romántica, de romanticismo nórdico convendría puntualizar, porque Álvarez es un pintor meditativo en el que fluctúan la razón, la imaginación, el sueño, lo real, la esperanza o el recuerdo buscando la plenitud en la obra consumada y que, por tanto, reivindica la pureza en la pintura y en la poesía no sólo como acto sublime, sino como forma de reflejar el mundo y de interpretarlo». A su juicio, la naturaleza, «lejos de ser melancólica, se muestra despiadada con el inadaptado y el débil, no es indolente ni sumisa, por eso las estampas apacibles, casi bucólicas en algunas ocasiones, han pasado el duro filtro de la introspección, y ha puesto en juego la mesura, el orden, el silencio para establecer, como en voz baja, un diálogo secreto con lo pintado».

Un pintor que fundamenta su trayectoria en «la naturaleza, la sensibilidad y la constancia» como claves fundamentales. De su concepción del arte ha confesado: «La tensión ha de mantenerse en el interior, no en las formas. No temas que la obra pueda parecer blanda o insulsa a primera vista, porque estamos muy acostumbrados a confundir o incluso a anteponer las maneras de decir una cosa, a la cosa en sí».

«La ruina, lo efímero o abandonado y en la distancia, física y evocadora, con la permanencia y eternidad del mar, del mar próximo. Esa distancia imaginativa es inherente al lugar y, a la vez está ligada a mi proceso creativo, pues trabajo con la distancia del tiempo y la memoria, y mis referentes visuales -confiesa el artista- se sustentan en observaciones y sentimientos guardados en algún lugar secreto como una casa en ruinas donde germinan las semillas y cuyas imaginarias ventanas dan al mar».

Pinturas sobre lienzo, madera trabajada - las más recientes-, sobre papel, dibujos y, en menor medida, las esculturas de madera pintada integrarán la muestra de la entidad

Una serie de cuatro esculturas dedicadas a las estaciones en el bosque que formaron parte y vertebraron, su última exposición, 'Las estaciones' en la Universidad de Oviedo, completan el contenido de su cita en Santillana.

Lo literario está, asimismo, presente en su obra y, generalmente, suele escribir para los catálogos de sus exposiciones, en prosa o en verso, textos que le parecen complementos que no invalidan o sustituyen lo que la obra plástica pueda decir por sí misma. En este caso, «se da el reto de imbricar el tema de la ruina y el mar como si fuese algo existente en su ideal espacio intermedio». «¿Cuándo me enseña un lugar su ser?», suele preguntarse Melquíades Alvarez. El artista considera que la comunión con el paisaje se plasma cuando le muestra su propio ser. «Es un intercambio, un diálogo entre seres vivos. Mostrarse abierto es percibir».

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