Cesc Gay: combinados perfectos

Cesc Gay, en el rodaje de 'En la ciudad', en 2003.
Cesc Gay, en el rodaje de 'En la ciudad', en 2003. / Archivo
  • El director vuelve a demostrar con 'Truman' su habilidad para unir un excelente guión con grandes actores y obtener un resultado sobresaliente

Cesc Gay (1967) dejó atrás hace muchos años el perfil de treintañero prometedor de sus tiempos de Krámpack y ha ido evolucionando en el mundo cinematográfico, a la vez que ha ido reforzando su posición de prestigio dentro de la industria, con un camino pausado pero muy sólido y de éxito consolidado sin picos exitosos excesivos ni simas profundas de fracaso. El barcelonés no ha perdido en su trayectoria la esencia que le distingue, y conserva su facilidad para crear, desde la propias experiencias personales, guiones brillantes. Además, posee el don y la habilidad de rodearse de compañeros de viaje que hacen lucir sus textos y dan a sus palabras una veracidad y un realismo que agradece el espectador.

Gay crea obra corales, con principales para enmarcar y papeles secundarios que justifican carreras, y sabe elegir convenientemente a los más indicados para interpretarlos. Esta combinación y esta demostración de lucidez suele traer consigo el reconocimiento del público y de la crítica. Eduard Fernández (Goya al mejor secundario por En la ciudad), Candela Peña (Goya a mejor actriz de reparto por Una pistola en cada mano), o Ricardo Darín y Javier Cámara (ganadores de la Concha de Plata al mejor actor en el festival de San Sebastián por Truman), pueden dar fe de ello.

En Truman lo ha vuelto a hacer. La preocupación aparentemente secundaria de un hombre enfermo en fase terminal de buscarle acomodo a su querido y fiel perro (Truman) para que no le falte nada cuando él no esté, es un punto de apoyo para tratar, desde la comedia y el drama, la amistad y el reencuentro con todas sus aristas, las distintas formas de enfrentarse a la vida y a la muerte, a los miedos, a las inseguridades ante un futuro terriblemente incierto. Pero Gay va también de lo particular a lo general y, junto a la situación personal de los protagonistas, envuelve a la cinta con temas sociales de de candente actualidad que permiten entender mejor los espacios y contextos en los que se mueven Julián (Darín) y Tomás (Cámara).

El guión de Truman permite disfrutar de unos diálogos fantásticos elevados a la categoría de soberbios por los dos protagonistas principales, un Darín que no sorprende porque hace lo que se espera de él –que no es otra cosa más que el que todo lo haga bien, con esa mezcla de intensidad desbordante combinada con instantes de necesaria mesura-, y un Cámara que en cada escena confirma que es uno de nuestros grandes. Mientras, el perro ejerce de mudo testigo.

Cuando la comedia surge, todos ríen desde la verdad. Las lágrimas saltan desde el corazón, muchas veces, como masajes terapéuticos del alma. Son lágrimas alejadas de las apelaciones al lloro facilón y a las parrafadas sentimentaloides, apoyadas en la profesionalidad de los actores y en unos escenarios que Cesc Gay convierte en tan naturales y tan reales que rodean las tramas de tal forma que hacen que parezcan que podrían sucederle a uno en cualquier calle y en cualquier momento.