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Cartel de 'La gran apuesta'. / Archivo

La magia del mercado

  • Adam McKay reordena en 'La gran apuesta' la avalancha de datos destapada en 'Inside Job' para ofrecer un nuevo punto de vista de la quiebra del sistema financiero

El relato de 'La gran apuesta' comienza en 2005, pero en realidad podría remontarse al discurso de septiembre de 1981 en el que el presidente Ronald Reagan se dirigió a los miembros del FMI y el Banco Mundial con estas palabras: "[...] las sociedades que han alcanzado los progresos más espectaculares no son las más estrictamente controladas, ni las más grandes en tamaño, ni las más ricas en recursos naturales. No, lo que las une es su disposición para creer en la magia del mercado."

Los lobbies de la desregulación post New Deal, los tiburones de las finanzas de Wall Street, los gurús del neoliberalismo que imparten lecciones desde Berkeley hasta Harvard, las corruptas agencias de calificación, los hechiceros del mercado que hincharon la burbuja de las hipotecas subprime… todos ellos son el blanco en la diana de Adam McKay, que reordena la avalancha de datos destapada en 'Inside Job' (Charles Ferguson, 2010) para ofrecernos un nuevo punto de vista de la quiebra del sistema financiero, en esta ocasión a través de los ojos de un grupo de especuladores que anticipó las consecuencias devastadoras del tsunami económico de 2008.

En 'La gran apuesta' convergen dos líneas de fuerza, la de los thrillers políticos de los años 70 y el montaje frenético scorsesiano, aunque lo que la hace realmente singular es la manera en la que McKay modula a unos personajes que generan una tensión permanente entre la carcajada y el suspiro dramático. Consciente de lo farragoso de la terminología financiera, que en ocasiones provoca situaciones surreales, McKay trufa la narración con paréntesis didácticos y el recurso constante a la sobreexposición, lo que da pie a una suerte de diálogo mayéutico entre la pantalla y el espectador. Pero lo más interesante y discutible es que en 'La gran apuesta' no existen héroes morales, y la empatía ilógica que generan unos personajes en cuyos aciertos (pasados y futuros) está el fracaso de nuestra sociedad.