Vidas que fracasan tras la verja

Denzel Washington y Viola Davis en 'Fences'.
Denzel Washington y Viola Davis en 'Fences'.
  • 'Fences' tiene cuatro nominaciones en los Premios Oscar incluyendo Mejor Película

Denzel Washington huye del riesgo en su tercera incursión como director (antes, ‘Antwone Fisher’ y ‘The Great Debaters’) eligiendo la misma obra por la que su autor, August Wilson, obtuvo un Premio Pulitzer, la misma que fue representada con éxito en Broadway y, con la misma protagonista femenina junto a la cual obtuvieron sendos Premios Tony.

‘Fences’ asume el reto de hacer entender al espectador una cotidianeidad que probablemente, décadas después de haber sido escrita, le resulta un tanto lejana. La monótona vida de Troy y Rose (Denzel Washington y Viola Davis) transcurre tras la ‘verja’, la misma que separa unas vidas triunfadoras de otras fracasadas o la que contrapone la resignación del pasado con la ilusiones de una nueva generación.

Pero no es, o solo tangencialmente, una película racial. Sí, una cinta humanamente compleja donde cada uno de sus personajes ejerce una narración en sí misma aunque todos los relatos desembocan en Troy: el de su hijos Cory (Jovan Adepo) que quiere ser estrella del béisbol y es boicoteado por su propio padre y Lyons (Russel Hornsby), fruto de otro matrimonio para quien su intento de ganarse la vida como músico de jazz necesita la aprobación de su padre; el de su hermano Gaby (Mykelti Williamson) discapacitado mental desde la Segunda Guerra Mundial; o el de su mejor amigo blanco Bono (Stephen Henderson) con el que Troy pasa las tardes de los viernes. Es, en todas estas situaciones, donde surgen las contradicciones del protagonista, quien se mueve mejor en la lucha y el dolor de un padre negro revisitando el pasado que en la esperanza y la ilusión ante un futuro incierto.

Pero, y por encima de todos ellos, la dramática historia de amor, feroz y emotiva a partes iguales, es la que marca el punto de inflexión en el relato. Porque es ella, Rose, la que mantiene la familia unida, la que ha aprendido a vivir con Troy, la que le impide cruzar la línea, la que contiene su ira por un bien superior.

‘Fences’ es deudora del cine de los años 60, aquella época en la que en Hollywood proliferaban las fieles adaptaciones teatrales de largos monólogos e incómodos silencios. Una concatenación de largas e intensas escenas que parecen estar pidiendo a gritos una nominación a los Premios Oscar. Objetivo cumplido.

Pero, a diferencia del estridente duelo interpretativo Meryl Streep-Julia Roberts en la adaptación de, ‘Agosto’, aquí ambos asumen sus roles de forma contenida y sin caer en la sobreactuación, incluso una huida excesiva en el caso de Viola Davis, a la que le cuesta desprenderse del catálogo de situaciones surrealistas que les obliga a perpetrar cada semana Shonda Rhimes (‘Cómo defender a un asesino’). Con todo, y tras haber obtenido el record de actriz afroamericana con mayor número de nominaciones en los Premios Oscar, parte como favorita. No es el caso de Denzel Washington aunque su triunfo en los Screen Actors Guild Awards parece haberle devuelvo a la competición.

Una película humana y solvente cargada de buenas intenciones pero que adolece de excesivo espíritu contemplativo y conformismo. Al menos en 2017. Quizá no era así cuando August Wilson construyó la verja.

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