«Viajar es un modo de vivir, no de huir»

Cees Nooteboom, junto al aula del Palacio de la Magdalena donde habla de su vida y obra. :: maría gil lastra
Cees Nooteboom, junto al aula del Palacio de la Magdalena donde habla de su vida y obra. :: maría gil lastra / María Gil Lastra

Cees Nooteboom, eje de la semana literaria de la UIMP, publicará su nuevo poemario en Visor el próximo año

GUILLERMO BALBONA SANTANDER.

Cuando viaja a un lugar por primera vez Cees Nooteboom compensa la extrañeza inicial con un pequeño y simbólico ritual: busca algunas piedras que luego deja en la habitualmente despersonalizada habitación de hotel «para hacerla un poco mía». Es la manera con la que el escritor viajero se apropia de esa nueva geografía que luego formará parte de su territorialidad literaria. Pero ¿cuáles son los sitios de visita obligada para el autor de 'El día de todas las almas'? «Los cementerios. En esos lugares se puede aprender mucho. Por ejemplo de las relaciones familiares y la crónica particular de los que están allí enterrados». Donde Nooteboom pone el ojo hay un poema revelado, una crónica diferente, una historia huérfana o un trayecto de ida y vuelta a la condición humana. Cuando se le pregunta por las fronteras entre géneros o la causalidad que le conduce a elegir uno u otro, el escritor holandés, eterno aspirante al Nobel, elude el razonamiento directo. Narrar es el tejido estético, moral y vital de la escritura incesante de este octogenario que recorre el mundo con mirada lúcida.

Esta semana Nooteboom (La Haya, 1933) posa en La Magdalena sus ideas, sus geografías y sus itinerarios. A modo de conversaciones con Jorge Carrión, escritor y crítico, el ágora de la UIMP revisa el viaje en su obra de no ficción, disecciona su idea de Europa como espacio político, lingüístico, cultural, poético y narrativo, y la huella de la pintura, fotografía y poesía que atraviesa sus decenas de libros, más de una veintena de ellos traducidos al español. El autor de 'Lluvia roja', además, se sube hoy a la tribuna de los Martes Literarios que organiza este periódico con la institución académica.

Nooteboom publicó hace unos meses una obra que define buena parte de su ideario a la hora de enfrentarse a la realidad: 'El azar y el destino', un viaje inaugural que conforma «ese mapa inconmensurable que ha conocido la tragedia de las tierras conquistadas, de las dictaduras y de la colonización, y que ha vivido la revolución, la liberación y el ascenso». El escritor niega esa idea tan extendida que asocia el viaje a la huida. «Para mí el viaje siempre ha sido un modo de vivir, no de huir». Y los trayectos, como sus viajes por España frecuentes entre los 50 y los 70, los concibe como «lecciones de vida».

Santander, su catedral y Menéndez Pelayo ya forman parte de los cuadernos viajeros que acompañan al escritor

Nooteboom, que confiesa haber tenido una infancia «caótica» en lo iniciático (un bombardeo inglés en 1945 mató a su padre y abrió el mundo a su perplejidad), dijo a sus alumnos que uno de los pilares de su educación fueron las lecturas de Ovidio, Virgilio y Homero, aunque «provengo del caos, así que es un milagro que escribiendo haya puesto orden». Nooteboom, quien comentó haber escrito su primera novela «desde una completa ignorancia», dijo rotundo: «Yo, en realidad, me he educado viajando». El autor de 'Hotel nómada', que aprendió «el español de la calle» durante sus viajes con los camioneros, vivió una infancia ajena a bibliotecas familiares, carece de una literatura de infancia y no posee una memoria literaria muy fundamentada. El escritor, por contra, recuerda el «ruido increíble» surgido del aeropuerto militar que existía tras su casa familiar de la Haya. Después, a los 17 años, emprendió un viaje europeo de autoestopista y, más tarde, llegó el caudal de lecturas. Aunque de manera dispersa evoca esas vivencias en lugares marcados: la Budapest de la represión soviética de 1956, que vivió in situ, o la caída del Muro, que le pilló en Berlín. Nooteboom no detiene ni sus viajes ni su escritura. Entre la fascinación de sus trayectos, tres son sus estaciones fijas del año: su país natal, el sur de Alemania y Menorca, en la que suele reposar el trabajo de su escritura.

El autor de 'El caballero ha muerto' sostiene que la mezcla de textos y géneros que aparece en algunos de sus libros responde muchas veces a criterios de edición y cambia según los países. De manera permanente, como una prótesis, Nooteboom se acompaña de unas libretas, a modo de cuadernos de bitácora, donde toma apuntes de lo que ve. En Santander la Catedral ya ha sido objeto de sus notas y el escritor tiene previsto visitar la Biblioteca Menéndez Pelayo.

El narrador, que publicará el próximo año en Visor su nuevo poemario inmerso en un lugar simbólico de su país, 'la isla de los monjes grises', asegura que la inspiración para dar forma a sus escritos llega desde la serenidad del trabajo. Aunque no es su costumbre, busca cosas en Internet, pero mantiene la distancia con las nuevas tecnologías. «Las nuevas generaciones lo tienen más fácil porque ahora todo está disponible. Sin embargo, eso no significa que lo que se pueda encontrar en dos segundos sirva para profundizar; eso es otra cosa».

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