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Las aventuras de la 'Quinta del Cobi'

Los jugadores de España, tras vencer a Ghana. / Efe

Miera y el añorado psicólogo García Barrero cohesionaron a un grupo de rebeldes con causa que renunciaron a las primas y se plantaron para poder desfilar en la ceremonia inaugural

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

El Barça había conquistado en Wembley su primera Copa de Europa, pero la selección española era un páramo. La 'Quinta del Buitre' tocó fondo en el Mundial de Italia'90 y Vicente Miera no pudo reflotar una nave a la deriva con Luis Suárez, que no se clasificó para la Eurocopa de Suecia'92. El preparador cántabro fue destituido al frente de la absoluta, donde aterrizó Javier Clemente, y fue 'castigado' a la sub-23. Aquejado entonces de una grave enfermedad, Miera asumió un tanto deprimido el reto olímpico.

Con los únicos y lejanísimos éxitos de la plata olímpica en Amberes'20 y el título en la Eurocopa de 1964 como precedentes a los que agarrarse, se le encomendó la misión de fabricar un gran cesto con mimbres muy diferentes. Pep Guardiola y Albert Ferrer, titulares con el Barça en esa final ante la Sampdoria, regresaban a la selección como figuras. Roberto Solozábal, el capitán rebelde, y Juanma López, habían disfrutado del título de Copa conquistado por el Atlético en el Bernabéu frente al Real Madrid de Luis Enrique y Alfonso Pérez. Francisco Narváez Quico (luego Kiko) le despertó al portero Toni Jiménez del sueño de ascender con el Figueres; Pinilla, Vidal y Paco Soler aún se lamentaban por el descenso de su Mallorca, mientras que Amavisca y Manjarín estaban en la mili.

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«Éramos un grupo muy joven y disperso, pero con personalidad. No estábamos empanados», desgranó Luis Enrique en el documental 'Chicos de Oro', una delicia de Movistar+ sobre las vivencias de aquellos campeones. La 'Quinta del Cobi' fue sorteando obstáculos. Primero, la aburrida concentración en el Parador Nacional de Cervera de Pisuerga (Palencia). Convivencia jugando al mus o al billar, además de entrenar, comer y dormir. «Un mes largo en un sitio donde había vacas y poco más», recuerda Amavisca. Solozábal, el intelectual que fue capaz de enfrentarse a Jesús Gil en el Atlético, se entretenía en sus largas caminatas arreglando el mundo junto a Jesús García Barrero, el psicólogo al que recurrió Miera, que le conocía bien del Sporting. Trabajó junto a Rosana Llama, compañera de profesión y luego su mujer. Pese a las reticencias, Jesús conectó bien con el grupo. Sesiones de relajación con olor a reflex, bocinazos, el bombo de Manolo y cánticos de España, España a través de los altavoces. Puras recreaciones de los partidos.

Un día, el psicólogo les llevó por un sendero y, al final les hizo gritar, insultarse, desahogarse. «Habría que haber visto a 20 zumbados chillando. Menos mal que no había cámaras», rememora Quico. Seis años después de los Juegos, García Barrero falleció, víctima de un infarto, mientras jugaba al fútbol con sus amigos en la playa asturiana de Ribadesella. Su pérdida fue un mazazo para este grupo al que aún aglutina el excentral rayista Miguel Hernández, el 'Olímpico', a través de un grupo de Whatsapp.

Al exilio

De Palencia, al exilio de Valencia, donde Abelardo sufrió un desmayo al bajar a desayunar bajo de azúcar, los jugadores se recrearon pilotandos unos karts a escondidas y Quico dice que vio unas 15 veces el largometraje 'La vida de Brian'. Hubo más problemas. Tras duras negociaciones económicas con la Federación de Ángel Villar, Solozábal comunicó que jugarían gratis y que no aceptarían prima alguna. Un día antes de la ceremonia, el estreno ante la Colombia que lideraba Asprilla. «El 4-0 nos dio un subidón de alegría y energía», subraya el capitán, que lideró un motín al día siguiente mientras se entretenía con un puzzle de 5.000 piezas que hacía intransitable su habitación.

Miera y la FEF les prohibían ir la inauguración, pero los futbolistas se plantaron. O desfilaban, o no jugaban. Les fletaron un vuelo chárter, salieron los últimos a la pista y fue un desmadre. Rotas las filas y todos en busca de chocar sus manos con Magic Johnson y Michael Jordan, emblemas del 'Dream Team'. Lanzada tras vencer a Egipto y Catar, llegó el cruce de cuartos ante la Italia de Cesare Maldini, «una final anticipada» resuelta por la magia de Quico y un error del árbitro al anular al final un gol a los italianos.

No falló España ante Ghana en semifinales (2-0) y se produjo otro conato de rebelión antes de la concentración final en el lujoso hotel Rey Juan Carlos I, donde coincidieron con los astros de la NBA y la tenista Steffi Graff. Los jugadores quisieron alojarse en la Villa Olímpica, dados los rumores que llegaban de fiesta y juerga permanentes, pero Miera no les dejó. Ni el entrenador, ni la FEF, ni el COE lograron que los chavales aceptaran una foto para el póster oficial, sólo una instantánea en las escaleras del hotel.

Ferrer, en un partido de España. / Efe

La entrada de los Reyes

El desarrollo de la final es bien conocido. Mientras Fermín Cacho se colgaba el oro en la final de 1.500 en Montjuic, el Camp Nou se llenaba con 95.000 hinchas y un mar de banderas españolas. Un encuentro memorable con el «guion perfecto», según coinciden los triunfadores. Al filo del descanso, Kowalczyck, un prometedor delantero del Legia que luego ficharía por el Betis, adelanta a Polonia. Se produjo un subidón de adrenalina en los españoles cuando los Reyes llegan al palco, tras disfrutar de Cacho, y son ovacionados de forma estruendosa.

Abelardo, de cabeza, y Quico, dan la vuelta al partido. Pero Staniek, que meses después ficharia por Osasuna, pone de nuevo la igualada. «La prórroga hubiese sido terrible porque estábamos muertos», recuerda Quico, autor del gol del éxtasis tras el primer y único córner lanzado por el Chapi Ferrer en su vida. Recompensa dorada y cimientos para la obra posterior. Siete años después, el Mundial sub-20 de Nigeria para la generación de Xavi Hernández e Iker Casillas. Y luego, la gloria absoluta con las Eurocopas de 2008 y 2012 y el Mundial de Sudáfrica.

El 'tractor amarillo'

Hoy, casi todos siguen ligados de una u otra manera al fútbol aunque hay un caso sonado, el de David Billabona, que reside con su mujer, hijos y mascotas en Haz de Jaca, una aldea del pirineo oscense donde no hay ni colegio. «Me gustaba jugar al fútbol, pero no me va la vida social», bromeó el ex de la Real Sociedad en Movistar+. Y dio quizá una de las claves del éxito: López, hoy representante de jugadores como Álvaro Morata, limpió sus botas de fútbol con unas gotas de pis porque le daba suerte.

Faltaba la fiesta, donde Quico se llevó un susto de muerte cuando se le cayó encima «un armario de halterofilia». «Vivimos un ambiente brasileño con un entrenador ruso», resume Billabona. Todos se acuerdan cómo se movía el autobús oficial cuando en los desplazamientos cantaban, bailaban y golpeaban en los cristales al ritmo del 'Tractor amarillo', el 'hit' de Zapato Veloz convertido en himno oficioso de la selección.

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