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Vitaly Scherbo, el artista del tapiz

Vitaly Scherbo, en una prueba. /Reuters
Vitaly Scherbo, en una prueba. / Reuters

El gimnasta bielorruso conquistó seis oros en Barcelona'92, cinco de ellos individuales, al igual que Michael Phelps en Pekín 2008

CARMEN DÍEZValladolid

Fue, sin duda, el gran triunfador de Barcelona'92. Sus seis medallas de oro quedaron fuera del alcance de cualquier otro deportista en la cita olímpica. Michael Phelps (ocho en Pekín) es la excepción, pero en la comparación ambos están igualados en preseas individuales: cinco. La sexta de Scherbo fue por equipos y las otras tres que sumó el nadador estadounidense en 2008 fueron en relevos.

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Sin embargo, el gimnasta bielorruso no pasó al firmamento de estrellas olímpicas con un diez en popularidad, algo que sí consiguió en su carrera deportiva. Bravucón, soberbio y distante, Vitaly Scherbo (Minsk, 13 de enero de 1972) sabía que era el mejor y así se comportó tras arrasar sobre el tapiz de Sant Jordi. Él, que había llegado como el segundón del Equipo Unificado (antigua Unión Soviética), tras la estela de Grigori Misutin, campeón del mundo en Indianápolis 1991, desarrolló un trabajo perfecto, preciso, sin errores. Pleno de madurez, con 20 años, brilló en la competición individual, en la que desbancó a sus dos compañeros, Misutin y Valeri Belenki y junto a los cuales conseguiría el oro por equipos. Después sólo tuvo que recoger, por aparatos, el fruto de su buen hacer para llevarse el primer puesto en anillas, salto, caballo con arcos y paralelas.

Un año después de Barcelona'92 consiguió su único título individual como campeón del mundo. Fue oro en Birminghan, un título que celebró con el nacimiento de su hija. A su regreso a casa tuvo que tomar la decisión de abandonar Bielorrusía. Tras sufrir un robo en su domicilio y una amenaza de secuestro sobre la pequeña, los Scherbo hicieron las maletas para emigrar a Pensilvania. En enero de 1996 un accidente de coche dejó a Irina, su mujer, al borde de la muerte. El mes que pasó en coma, Vitaly Scherbo abandonó los entrenamientos, un tiempo que, aunque intentó recuperar, le pasó factura. En 1997 se despidió de la competición. Una fractura de mano en un accidente de moto precipitó su adiós.

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