Una despedida para sellar la leyenda

Beitia entró ayer en una vitrina del Museo del Deporte de Santander para depositar su medalla de oro de Río y allí dispuesta, inmóvil, parecía una figura de cera puesta como recuerdo inmortal

JOSÉ CARLOS ROJO SANTANDER.

En la emoción, Ruth Beitia procedió ayer en su despedida deportiva como si fuera a ejecutar un salto. Primero la sonrisa nerviosa, como la preparación y el sprint; después la seriedad de la nostalgia, que vendría a ser el vuelo ascendente; y finalmente el sollozo inevitable, más próximo al descanso sobre la colchoneta. La mejor atleta española de todos los tiempos puso ayer fin a 20 años de carrera deportiva en el Palacio de Deportes de Santander con un regalo. «Incluso en un día como éste, ella vuelve a demostrar su generosidad», elogió la alcaldesa de Santander, Gema Igual, que le acompañó en el anuncio frente a más de una docena de medios regionales y nacionales.

Desde el interior de una gran 'pecera', la vitrina dedicada al atletismo en el Museo del Deporte de Santander, regidora y deportista simbolizaron la entrega del oro olímpico de Río de Janeiro a la capital cántabra. Así dispuesta tras la cristalera, inmóvil para las fotos en medio de ese escaparate donde depositó la medalla, parecía una figura de cera que la representara para la eternidad.

«He querido hacer esta despedida en casa, porque es aquí donde empecé y porque es aquí donde he querido poner el punto final», sentenció la campeona olímpica, que tras aguantar con entereza la emotividad de sus palabras, se derrumbó al escuchar los elogios de quien ha sido su amigo y entrenador durante todo este tiempo, Ramón Torralbo. «Con ella he logrado todo lo que podía soñar», sentenció antes de fundirse en un cálido abrazo con su discípula.

En el abrazo tomaron el relevo después otros muchos como su propia hermana Inma; su amiga y también deportista Saleta Fernández, considerada por algunos como la nueva promesa, quizá heredera de Beitia; su madre, su padre; el concejal de Deportes de Santander, Juan Domínguez, y varios periodistas que la han acompañado durante todo este tiempo.

«Os doy las gracias de veras porque el trato con todos vosotros ha sido exquisito. Habéis sabido siempre respetar la intimidad y me habéis ayudado siempre que lo he necesitado». La alcaldesa había previsto la escena, y sacó del bolso un paquete de pañuelos. Beitia cogió uno y se ventiló la cara con gesto de sofoco. Estaba muy emocionada; incluso pese a que hizo todo lo posible por contenerse. «Pero aquí, con todo vuestro apoyo, porque de verdad que no esperaba esta asistencia, me ha resultado muy emocionante». «Sé que queríais esto (por la emoción) y aquí lo tenéis», ironizó.

Fue el momento de hacer balance, de hablar de los logros y los fracasos, y de las lecciones aprendidas. «Ahora todo eso que me ha hecho crecer lo aplicaré sobre otros ámbitos de la vida», avanzó. Quizá en la política como diputada del Partido Popular en Cantabria. Y con el mensaje a los que vienen detrás fue clara: «Todo lo que he conseguido ha sido fruto de la constancia y la perseverancia. Absolutamente todo».

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