El maestro de los sueños de atleta

El grupo de Ramón Torralbo ya prepara la nueva temporada, la primera sin Ruth Beitia

Foto. Roberto Ruiz/Viódeo: Pablo Bermúdez
Marco García Vidart
MARCO GARCÍA VIDARTSantander

El sol de la tarde se cuela entre los ventanales de ese coqueto módulo cubierto de La Albericia. Como si quisiese prestar su última ayuda antes de que la iluminación artificial tome el relevo. El silencio sólo se interrumpe por el sonido violento de un cuerpo cayendo sobre una colchoneta o por el de zancadas a toda prisa que entrenan en una recta en la que incluso se podría competir en 110 metros vallas. Los atletas que integran el grupo de Ramón Torralbo están ya inmersos de lleno en su trabajo de invierno de esta temporada 2017-2018. Ese que dará sus frutos en los campeonatos de pista cubierta de principios del próximo año y, meses más tarde, en las citas al aire libre. Ese sol postrero de la tarde ilumina a buena parte del talento del atletismo cántabro y también a alguno que ha venido de fuera para ser uno más en el grupo de Ramón.

Los primeros en entrenar son, en su mayoría, los de la disciplina que ha dado mayor gloria al técnico de Herrera de Camargo. Salto de altura. Zulema Ortiz, David Bolado, Saleta Fernández, Álvaro Lastra... Todo se revuelve un poco por la presencia de los periodistas de El Diario que alteran la rutina del entrenamiento. En esto, aparece una mujer altísima. La ya exatleta Ruth Beitia. Se parte de risa al decirle que esto no va con ella, que sólo es para atletas en activo. «Vengo un par de veces por semana a hacer algo de deporte ¡Pero nada de saltos! Y otras, de ‘civil’», dice entre más risas. Le cuesta dejar a la que ha sido su familia durante tantos años y un lugar en el que no es una estrella mundial del atletismo. En ese módulo es, simplemente, Ruth.

La temporada 2017-2018 será especial para este grupo compuesto «esta vez por 37 atletas. Unos años son más y otros, menos», señala Torralbo, de especialidades tan variadas como la velocidad, los saltos, las pruebas combinadas... La mayoría entre los 14 y los 22 años. Será especial porque por primera vez desde hace muchísimos años, no está ella. Aunque Ruth no era la única que conseguía éxitos para el grupo. En la pasada temporada hubo seis medallistas en Campeonatos de España. «Y en 2018 espero que haya alguno más».

Beitia y Torralbo pasaron casi tres décadas juntos. Por poco la santanderina no inaugura ese grupo creado por Ramón Torralbo. «Desde hace 30 años lo tengo». En la actualidad, en él hay atletas de al menos una docena de clubes. Entrenar con uno de los mejores técnicos de atletismo del mundo no tiene precio. Literal. «Lo hago de forma altruista. Yo no cobro nada por esto». Torralbo asiente cuando el cántabro Pablo Velasco, un chaval de 17 años que hace pruebas combinadas, le pregunta si puede «hacer un intento sobre 1,90». Torralbo no puede reprimir una sonrisa que refleja el paso del tiempo. «También entrené a su padre».

Casi 40 deportistas, de varias disciplinas y categorías, conforman un colectivo en el que además de sus resultados destaca el compañerismo y el buen ambiente

La conversación fluye con el entrenador mientras que a esos ojos claros no se les escapa una. «Saleta, no ha habido batida», dice con una amable voz enérgica. La gallega Saleta Fernández es la gran candidata a ocupar el trono de Beitia en la altura española. Subcampeona de España tanto el aire libre como en pista cubierta. También anda pegando brincos en el entrenamiento David Bolado, un cántabro campeón de España en pista cubierta en 2014 con 2,21 y que ahora anda peleándose con un tobillo para volver a su mejor nivel. Y la también cántabra Zulema Ortiz y el palentino Álvaro Lastra, que a sus 19 años tiene una planta imponente para esto de la altura y que es bronce en el último Campeonato de España júnior. Las tentativas de todos se apoyan en unos cajones que ayudan a subir al listón.

Roberto Ruiz

Los saltos buenos se jalean por los compañeros y en los que no han ido bien, tras la explicación de Ramón se escuchan también las opiniones de los demás. Tras un nulo, Bolado busca explicación. «Quieres llegar muy rápido a la colchoneta. Los saltos necesitan su tiempo». Sentada en el suelo, quien habla es una mujer que aún es una más del grupo, pero también la vigente campeona olímpica y tres veces reina de Europa. David esboza una media sonrisa y asiente. Consejo bien recibido.

Algo diferente

Esa mirada escrutadora de Torralbo se afana sobre todo si un adolescente recala por primera vez en el grupo. «Sí se puede detectar algo especial en esa primera impresión. Ves algo diferente». Aunque el atletismo es lo más parecido a cocinar un guiso a fuego lento. El primer acierto del entrenador será encauzar al deportista a la especialidad en la que pueda rendir más. «Por ejemplo, hay gente muy rápida pero que no es capaz de saltar bien longitud. Y otros que no son tan rápidos, pero pueden enganchar una buena batida». Rapidez, potencia... Son las cualidades más apreciadas en estas primeras fases. «Pero en esos principios lo que quiero es que no se especialicen». Más importante que las cualidades físicas es la cabeza. «Deben tener ilusión y ganas de entrenar. Sin eso, es muy difícil progresar. Y también me fijo mucho en que compaginen perfectamente estudios y deporte».

Los protagonistas

Saleta Fernández
«Soy gallega y me he venido para entrenar con Ramón, y antes con Ruth. Es de las mejores decisiones que he tomado. Ramón me conoce muy bien y de momento están saliendo las cosas. Estoy muy contenta. Espero estar aquí durante toda mi carrera deportiva. Para esta próxima temporada el primer objetivo son los Campeonato de España sub-23, en pista cubierta y al aire libre. Y luego, los Juegos del Mediterráneo. También, por qué no, luchar por el oro nacional absoluto».
David Bolado
«Además del buen ambiente del grupo, destacan los resultados. Eso ayuda. Ramón es especial porque como persona es un diez. Entrenar con él es un placer. A nivel de España, es de los que más conocimientos tiene. Sobre todo, aplicados. Para mi gusto, es el mejor a la hora de plasmar sobre la pista lo que quiere. Diseña entrenamientos casi personalizados en función de cómo nos encontremos. Eso hace que estés muy a gusto».

A este grupo llegan atletas que se cuentan entre lo poco que continúa en el atletismo a ciertas edades. La dureza de este deporte a partir de categorías en las que hay que tomárselo ya en serio hace que cueste mucho encontrar jóvenes talentos. La competencia de deportes más mediáticos es brutal. «Claro que hay menos deportistas en el atletismo que en otros deportes. Los mejores están haciendo otra cosa y no esto», añade el técnico camargués. A la vez, está la impaciencia de algunos chavales en categorías menores. «Ven que no ganan y abandonan, porque quizá están compitiendo en su categoría con otros niños mayores que ellos. Esa diferencia de edad se nota mucho. Y hay que hacerles ver que pueden conseguir cosas en pocos años, que deben ser pacientes».

El módulo cubierto de La Albericia comienza a llenarse de algarabía de chavales. Entre ellos aparecen Jorge García, todo un campeón de España de 300 vallas y subcampeón en 100 vallas en categoría cadete, Wondiye López, «una gran promesa de la velocidad y la longitud» y Mónica Gómez, que destaca en longitud y en las vallas. Los tres, también cántabros, forman parte del grupo. Los saltadores de altura apuran su último rato de entrenamiento. Saleta Fernández se enfrena al listón sin los cajones. Nulo. «Me he ido allí», señala muy lejos del lugar correcto de batida antes de que Torralbo diga nada. Con un gesto, Ramón ya lo ha dicho todo.

Como si estuviera en una gran competición analizando a sus rivales, Ruth ve entrenar a sus compañeros y amigos. Ramón la echa de menos. «Aportaba a este grupo que era un modelo a seguir. Unía a los demás y mostraba capacidad de sacrificio, de esfuerzo. Era un modelo en el entrenamiento. La gran líder». Juntos lograron hacer historia en el atletismo español. Por títulos y por marcas. Esos 2,02 al aire libre de Ruth como récord de España ahora mismo parecen una quimera para el resto. «Aunque los récords están para ser batidos, va a ser difícil que alguien pueda superarla». Quizá lo consiga alguien salido de un grupo de atletas que se convierten en compañeros y luego en amigos gracias a la labor callada y altruista de uno de los mejores entrenadores del mundo. Y también, de paso, en grandes deportistas en sus especialidades.

Sentada en el suelo, Ruth resume esa vida como atleta en el grupo de Ramón Torralbo. «Qué voy a decir yo». Y su mirada perdida en los saltos se llena de agradecimiento.

Un apasionado del deporte y la naturaleza que aún no se ha planteado la retirada

El viernes, a Ramón Torralbo (Herrera de Camargo, 1954), le cayeron 63 ‘tacos’. Su vida ha estado ligada al deporte desde casi siempre. Primero, como jugador y entrenador de voleibol. Y también hacía atletismo. «Fui el primer cántabro en pasar de los dos metros en salto de altura. Fueron 2,01», dice con orgullo. Atletismo que casi suena a prehistoria, «porque salté mucho a rodillo ventral y poco a fosbury, el estilo actual». Junto al deporte, su oficio de maestro. Profesor en el Instituto de La Albericia y en la Escuela de Magisterio. Cómo no, de Educación Física.

Al Torralbo fuera de las pistas le entusiasma la naturaleza. «Me gusta ir al campo a coger setas ¡Vaya año más malo que es este!». Eso y los animales. «Crío canarios y ninfas». Como si el vuelo de algo o alguien en el aire fuese una necesidad en su vida. Junto a otro ser volador, Ruth Beitia, ha estado en ese módulo hecho de amigos y buenos ratos de entrenamiento y en los mejores estadios de atletismo del mundo. «Disfruto de las dos cosas. Tanto de los críos más pequeños corriendo por aquí como viendo batir récords del mudo. Y he presenciado quizá 30. Eso satisface enormemente».

Uno de los mejores entrenadores del atletismo está ahora ‘libre’ en cuanto a gran estrella se refiere. Pero aún nadie se ha dirigido a él. Moverle de Santander sería «difícil. Tendría que ser algo muy interesante. Llevo aquí toda la vida. Aunque si es el atleta quien viene aquí...». La retirada de Ruth ya es un hecho, pero la suya va para largo. «Esto me sigue gustando. Es una vocación y una pasión. Y en el atletismo de élite, soy de los entrenadores más jóvenes».

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