Atletismo

«Mi objetivo es prepararme para las paraolimpiadas de Tokio 2020»

Jairo Salam, entrenando en la pista de Sniace en Torrelavega./Héctor Ruiz
Jairo Salam, entrenando en la pista de Sniace en Torrelavega. / Héctor Ruiz

El atleta torrelaveguense, que se ha proclamado recientemente campeón de España de 100 y 200 metros, compite «con una pierna Nike que vale 20.000 euros y para la que tuve que pedir un crédito»

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZTorrelavega

La pierna ortopédica de Jairo Salam Revilla (Santander, 27-5-1991) es tan rápida que a su cabeza le costó seguirle el ritmo la primera vez que la probó. «Sentí un sudor frío cuando salté por primera vez», explica el deportista de Torrelavega. Fue el resultado de percibir saltar una parte de su cuerpo que nunca antes lo había hecho. A Salam le amputaron la extremidad al nacer, porque tenía el tobillo mal formado. Aunque de pequeño ya le gustaba el fútbol, no fue hasta hace tres años, concretamente en 2015, cuando empezó a entrenar y competir como atleta. Lo hizo dentro de la Federación Cántabra de Deportes para Personas con Discapacidad Física. Sin embargo, debido a que estaba algo descontento, desde hace seis meses entrena con el Club de Atletismo Trasmiera, con sede en el Complejo Deportivo de Hoz de Anero. Entre sus logros más recientes se encuentra su séptimo puesto en el Campeonato del mundo celebrado en las calles de Valencia el 24 de marzo de este año. Además, el pasado fin de semana, en Valladolid, compitió en el Nacional de atletismo por comunidades y en las pruebas de 100 y 200 consiguió la medalla de oro en su categoría.

-¿Cómo entró en el mundo del atletismo de pista?

-La Federación me dijo que me echaba una mano para comprar una pierna especial, porque me vieron corriendo con una pierna ortopédica normal para caminar. Ya en el primer campeonato en el que participé quedé tercero de España y en 2017 conseguí en 100, 200 y 400 metros ser subcampeón de España.

«La pierna con la que compito, la mejor del mundo, cuesta 20.000 euros»

-¿Por qué no comenzó a entrenar antes?

-Me hubiera gustado empezar desde más chaval, pero no me enteré hasta los 23 años de que existía una Federación Cántabra de Personas con Discapacidad. A la entidad le falta visibilidad, este año solo hay dos atletas federados, algo curioso teniendo en cuenta todas las personas que hay con distintas diversidades funcionales.

-¿Por qué el atletismo y no otro deporte?

-Siempre me ha gustado. De pequeño jugaba muy bien a fútbol. Tengo mucha explosión y fuerza en la pierna derecha.

-¿Le cambió la vida el deporte?

-De arriba a abajo. Yo antes estaba gordito, he llegado a pasear 140 kilos, e incluso estaba un poco depresivo. Entras en una rueda viciosa en la que te encuentras mal, no quieres salir de casa, te agobia todo... pero empecé a correr distancias largas y cambié el chip. Gracias a entrar en este mundo he conocido a mucha gente.

-¿La relación entre los competidores paralímpicos es de algún modo distinta a la que hay entre el resto de deportistas?

-Yo diría que existe la misma rivalidad, lo único que hay menos gente compitiendo.

-¿Con su palmarés, no puede vivir de esto?

-No. Ahora he conseguido un patrocinador de Torrelavega, Almacenes Lavín, que me echa una mano para cubrir gastos e ir a las competiciones. Pero no, no se vive de esto. Lo hago por hobby y para ver si me ayuda a conseguir un trabajo.

«A pesar de mi palmarés, no vivo del atletismo. Aunque espero que me ayude a conseguir trabajo»

-¿Un empleo relacionado con el mundo del deporte?

-La verdad, me sería indiferente. Yo lo tengo difícil porque no puedo trabajar ocho horas de pie. Estuve en una fábrica, pero al final lo tuve que dejar. Así que creo que, de algún modo, llamar a las puertas con una carta de presentación en la que consta que soy campeón o subcampeón de España puede ayudarme a conseguir un contrato.

-¿Es muy caro competir?

-Solo la pierna Nike con la que corro, que adquirí gracias a un crédito, cuesta 20.000 euros. Ahora, eso sí, merecer la pena, porque es la mejor a nivel mundial.

-¿Qué se siente al probar por primera vez la mejor pierna del mundo?

-Flipé, la verdad. Es prácticamente como mi pierna buena. Cuando la estrené en la ortopedia de Bilbao mi cabeza no asimilaba que el cuerpo estuviera saltando con esa parte del cuerpo. Me mareé y sentí un sudor frío. Era muy extraño percibir una parte del cuerpo que nunca había notado saltar.

-¿Pero lo recuerda como una sensación buena o mala?

-Para mí buena, pero mi cabeza en ese momento no lo asimilaba. Yo ya me había hecho a la idea de que me iban a poner una pierna con la que correría, pero hubo unos segundos para asentar la sensación.

-Antes unas niñas han mirado asombradas cómo se cambiaba la pierna de caminar por la de correr, ¿cómo gestiona esa situación?

-Bien, las saludo porque deben de pensar: 'Jo, qué raro'. A base de madurar he conseguido que no me influya, antes sí que el verme distinto a los demás me repercutía de otra manera.

-¿Está en su horizonte el prepararse para las paraolimpiadas?

-Mi objetivo es intentar ir a Tokio 2020. Para ello tengo que conseguir una mínima, que ahora está en 11,78 y yo estoy haciendo 12,40. Para mejorar voy a ir a una nutricionista de Santander, que se llama Clara Sánchez, para que me ayude a a bajar algo de peso. Ahora estoy en 97 kilos y haga lo haga no tengo manera de bajar más, y lo necesito para ser más rápido.

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