«Una medalla olímpica simboliza los años que se necesitan para conseguirla»

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Laura Nicholls posa con su medalla de plata ganada en los Juegos de Río de Janeiro, la primera presea olímpica del baloncesto femenino español. / Andrés Fernández

  • La pívot santanderina Laura Nicholls no quiere «apresurarse» en asimilar su logro en Río de Janeiro, del que le sorprende la repercusión que ha tenido en España

Dos semanas y poco después de aquel 20 de agosto en el que se iluminara con una luz de color de plata, la cara de Laura Nicholls (Santander, 1989) sigue siendo un compendio de emociones. De orgullo por haber conseguido la mayor gesta en la historia del baloncesto femenino español. De incredulidad, por ver cómo mucha gente le para por la calle para hablar del torneo olímpico y de una jugada de un partido concreto, porque los vieron todos. También de agradecimiento, porque le gusta que tantos paisanos le paren por la calle para pedirle una foto. Además, en sus ojos oscuros hay cansancio. Porque la paliza que se dio España en el torneo olímpico no fue sino la culminación de una 'trisca' que arrancó años antes.

Para la santanderina, ese es el verdadero valor que hay encerrado en ese trozo de plata. «Lo que realmente vale de una medalla olímpica es recordar todo el camino, los años que se necesitan para conseguirla». La cántabra, una pieza fundamental en la selección, ha recorrido ese camino con un grupo de jugadoras con el que lleva tantos años que entre ellas ya se consideran «una familia» que ha puesto al basket femenino español en la élite mundial.

¿Ya ha asimilado que es subcampeona olímpica de baloncesto?

Se tarda, se tarda en asimilar. Y además, no quiero apresurarme. Porque es un recorrido muy bonito. Es como cuando te despiertas poco a poco. Pero cuando nos dieron la medalla, de lo que más ganas tenía es de venir a casa y compartirla con mi gente. De abrazar a los míos. Eso simboliza la medalla para mí.

Entonces, es más que un logro personal en una competición...

Bueno, por un lado es lo que quieres conseguir como jugadora. Pero creo que lo que realmente vale es recordar todo el camino recorrido. No sólo los partidos del torneo olímpico o la final. Una medalla olímpica simboliza los años que se necesitan para conseguirla.

¿Se esperaban la repercusión que ha tenido su gesta en los Juegos Olímpicos de Río?

No. No nos lo esperábamos. Y no porque a la gente no le fuese a gustar. Pero al fin y al cabo, es deporte femenino... Pero es que todo el mundo ha visto los partidos. Gente de la calle me dice tal o cual cosa de un partido en concreto. Yo les pregunto si los vieron, y me contestan que 'todos'. La gente se ha sentido identificada con nosotras. Y nos felicitan por las ganas que le hemos puesto, por nuestro juego... Yo les digo que en el equipo somos una familia. Por ejemplo, con Alba Torrens llevo jugando 14 años. Y también muchos con Anna Cruz. Es que ya llevo nueve años en el equipo sénior (risas).

¿Le paran más por la calle desde que ha venido a Santander después de ese 20 de agosto?

Sí, es cierto que mucha más gente te pide una foto. Pero es algo que ya noto desde el Europeo que ganamos en Francia en el año 2013. En cuanto salgo de casa, me saludan. Además, como soy muy alta, se me reconoce enseguida (risas). Por otro lado, como estoy poco en Santander, la gente aprovecha para saludarme. Es algo que agradezco mucho. Sobre todo lo que me piden ahora es hacerse fotos conmigo con el móvil. Pero todo el mundo es muy respetuoso y agradable. Estoy encantada.

¿Y se esperaban el torneo que han hecho? Ustedes mismas decían que la baja de Sancho Lyttle era como si a la selección masculina le faltasen los dos hermanos Gasol...

Una semana antes de iniciar la concentración de cara a los Juegos, nos dicen que Sancho se ha lesionado y que no estará con nosotras. Eso nos cambió las expectativas. Sin ella, el equipo tenía que cambiar mucho. A mí me iban a tocar más minutos, más aportación ofensiva... El equipo no se vino abajo, porque nunca lo hace, pero hubiese sido más aceptable no lograr medalla sin Sancho. Pero todas dimos un paso adelante. Y cuando empezamos a competir y vimos cómo estábamos jugando, nos dijimos '¿por qué no?'.

Para algunos deportistas, la medalla de plata en principio es amarga porque se pierde un oro. Ustedes jugaban la final contra Estados Unidos, el único favorito en el torneo. ¿Eso hace plantearse de otra forma la final? ¿Permite disfrutar más ese último partido?

Éramos realistas. A Estados Unidos no se le puede ganar. Aunque eso no significa que no compitiésemos. Salimos a bloque. Pero están a otro nivel. Es el único partido, desde que estoy en la selección, que el entrenador me dice que no se gana en defensa, sino en ataque (risas). Son muy buenas y muy fuertes. Yo no he defendido nunca a nadie tan fuerte como Sylvia Fowles, una de sus pívots. Las puedes mantener a raya quizá un cuarto. Pero ya en el segundo vimos que no se podía. Entonces, sí disfrutas del partido. Por ejemplo, con otra de sus pívots, Brittney Griner, tengo un pique sano. Lo que nos alegró mucho es que nos felicitaron todas de forma muy sincera tras la final, y nos dijeron que habíamos hecho un gran torneo.

En lo personal se puede decir que España ha jugado con Nicholls y cuatro más. Ha empezado en el quinteto titular en casi todos los partidos, siempre ha sido de las que más minutos ha jugado...

Y bien que lo he notado, porque he estado cansada desde el principio hasta el final. En otras posiciones no se nota tanto, pero en el caso de las pívots, defendemos a las rivales más fuertes. Y he jugado muchos minutos. En la semifinal contra Serbia tiré de casta, de garra. Pero ya en la final contra Estados Unidos no podía más. La prueba es que más de dos semanas después, estoy aún muy cansada.

Una medalla de plata en los Juegos de Los Ángeles 84 supuso el inicio del despegue del baloncesto masculino español. ¿Para qué servirá su medalla?

Esperemos que la gente se siga identificando con nosotras. Y que vengan a vernos, a disfrutar. Que la gente entienda que el baloncesto femenino es distinto al masculino, pero que también sabemos jugar y hacerlo bien. Si no es así, nosotras ya no podemos hacer más.

Gran parte de las medallas conseguidas por España en los Juegos de Río ha venido gracias a las mujeres. Entonces, ¿por qué el deporte femenino es el gran olvidado en los siguientes cuatro años a unos Juegos Olímpicos?

Quizá la diferencia no estriba en diferenciar deporte masculino o femenino, sino en cuanto al seguimiento de un deporte en sí. El problema que veo es que hay disciplinas que se siguen durante unos Juegos Olímpicos y en los siguientes cuatro años, no se les hace ni caso. ¿Cuántos van a ver bádminton? Y Carolina Marín ha ganado el oro olímpico. Claro que a todo el mundo le gustaría ver un pabellón lleno en lo suyo, pero a mí sobre todo lo que me gusta es competir. Con mil personas más o menos en el pabellón, yo voy a seguir jugando igual.

¿Hay alguna forma de evitar esos pabellones vacíos a la hora de ver, en su caso, baloncesto femenino?

A mí se me ocurre algo, a modo de prueba, en una competición. El Europeo de baloncesto. ¿Por qué no los unificamos, el masculino y el femenino? Sé que es casi imposible porque tenemos patrocinadores distintos, pero creo que sería algo bonito para los espectadores. ¿Se quiere promover el deporte femenino? Pues juntémoslo con el masculino.

En las últimas dos temporadas ha jugado en el extranjero, primero en Turquía y luego en Polonia. ¿Qué diferencias hay con el baloncesto femenino español?

Todas. El baloncesto en España es más eso, baloncesto. Un deporte de equipo. En Turquía, la liga está poco profesionalizada. Se contrata a una jugadora muy buena y ella es la que se juega todos los balones. No hay concepto de basket puro. Y en Polonia ocurre tres cuartos de lo mismo. Además, por obligación tiene que haber dos jugadoras polacas en el quinteto que haya en la pista, con el fin de subir el nivel del baloncesto en el país. Es un juego muy anárquico, sucio.

Ahora, vuelve a hacer las maletas. Se va a Italia...

Sí. Me voy a la isla de Sicilia, a jugar con el Passalacqua Ragusa. Italia es un país con más cultura de baloncesto. Aunque me han dicho que es una liga muy física y que lo voy a pasar mal (risas). Pero es una competición fuerte. El mejor equipo es el Famila Wuber Schio, que juega en Vicenza, al norte del país.

¿Y del otro lado del Atlántico? ¿Se ha planteado alguna vez jugar en la WNBA?

En algún momento de mi carrera tendré que planteármelo. Interés tengo en jugar en Estados Unidos, y espero que alguien tenga interés por mí.

¿Dónde guardará esa medalla de plata olímpica?

Se quedará en casa de una abuela ya fallecida y que fue alguien muy importante para mí.