El doblete estelar de San Emeterio

San Emeterio, segundo por la izquierda, celebra con sus compañeros el título de Liga. :: manuel bruque
San Emeterio, segundo por la izquierda, celebra con sus compañeros el título de Liga. :: manuel bruque
  • El cántabro es el tercer jugador en conquistar dos Ligas ACB sin pertenecer al Barcelona o al Madrid

«Abuelo, estés donde estés, lo he vuelto a hacer». Así celebró Fernando San Emeterio su segunda Liga ACB. La primera del Valencia Basket. La primera que alguien 'roba' al Real Madrid o al Barcelona desde que él mismo pusiera el lazo a la tercera y última del Baskonia, en 2010, con aquel '2+1' que ningún aficionado al baloncesto podrá olvidar jamás en Vitoria. Protagonista entonces, protagonista ahora: tercer máximo anotador de los play off (12,2 puntos) por detrás del madridista Llull (17,4) y el baskonista Shane Larkin (13,6), jugador más valorado del campeón (14,7)... Más que destacado.

Referente 'taronja' después de una temporada en la que llegó a sufrir las críticas de la afición de la 'Fonteta'. De menos a más, de jugador de equipo a líder decisivo. «Tengo dos Ligas y las dos, por ser sorpresivas, valen como diez. Ha sido impresionante cómo hemos luchado. Hemos recibido muchos palos que nos han hecho madurar todo el año», reflexionó tras la victoria el alero cántabro, que ya forma parte de un selecto grupo de trece jugadores que han conquistado la corona doméstica con dos camisetas diferentes.

Con el valor añadido de haberlo hecho sin haber vestido los colores del Real Madrid o el Barcelona, que acaparan el 76% de los títulos ligueros de la era ACB. El Robin Hood de la Liga, rezan las crónicas valencianas. Campeón inesperado, desde la modestia y el trabajo. Solo el propio Walter Herrmann (Unicaja en 2006 y Caja Laboral en 2010) y Jesús Lázaro (TDK Manresa en 1998 y Unicaja en 2006) pueden presumir de ello. Un hueco en la historia para el excapitán azulgrana y el silencioso líder naranja. Un cántabro en la élite del baloncesto español.

Si la instantánea de su canasta imposible ante el blaugrana Terence Morris y el posterior tiro libre que dio el tercer título de Liga al conjunto vitoriano aquel 15 de junio de 2010 ocupa un lugar de honor en la enciclopedia del Baskonia, la fotografía de su sentido abrazo con Rafa Martínez siete años y un día después ya está subida para siempre a la memoria 'taronja'. Si aquella define su valor en la cancha, esta refleja su virtud en el vestuario. Jugador estrella y compañero. «Felicitaciones al Valencia, disfruten este momento. Especialmente Fernando y Rafa, que fueron, son y serán amigos que me dio este deporte», escribió el rival 'Chapu' Nocioni en su despedida como profesional.

El don de la oportunidad

Pero San Emeterio ha sido siempre, por encima de todo, un jugador pragmático. Es su forma de entender el baloncesto, cuando el Baskonia no contaba con él o cuando ganó la Liga en Vitoria; cuando recibía dudas de la 'Fonteta' o cuando le llueven los halagos. «Para mí, lo especial es que en el deporte se vive del presente. No se puede vivir del pasado ni del futuro. En abril te pueden cantar 'MVP' y en mayo te pueden pitar. Es así y es lo bonito que tiene, cada día te tienes que intentar superar a ti mismo», explicó durante el play off ante el Real Madrid, antes de repetir hazaña. Un jugador práctico, más efectivo que brillante, que sin destacar en nada hace de todo. Y de momentos.

El suyo es el instante oportuno en el lugar adecuado. Otra vez. En aquel mágico '2+1' que archivó sus duros inicios en Vitoria y en las recientes series por el título. El cántabro ha pasado de anotar 9,7 puntos en la liga regular a 12,2 en los play off; de capturar 2,3 rebotes a coger 3,4; de acreditar 10,6 de valoración a 14,7, su mejor promedio en las once eliminatorias que ha disputado. Ha hecho todo mejor de lo que venía haciéndolo.

En el primer partido de semifinales contra el Baskonia firmó su partido más destacado en dos temporadas como 'taronja'. «Son unas semifinales de ACB, aquí no hay factor sentimental», afirmó después con la naturalidad de quien sólo quiere hacer su trabajo lo mejor que pueda cada día. La virtud de la sencillez. El buen profesional que, con la cultura del esfuerzo que vende su camiseta naranja, se subió a los cielos de Vitoria y de Valencia con siete años de diferencia.

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