Balonmano

«En el extranjero se valora más el balonmano femenino»

Leticia Cobo lanza a portería en la final de la Copa de la Reina ante el Super Amara Bera Bera. /DM .
Leticia Cobo lanza a portería en la final de la Copa de la Reina ante el Super Amara Bera Bera. / DM .

La cántabra Leticia Cobo se ha proclamado campeona de la Copa de la Reina con el Mavi Gijón

RAFA GONZÁLEZ Santander

Ya es una guerrera de por sí; un ejemplo de esa generación que ha tenido que buscarse la vida lejos de Cantabria y de España por seguir su vocación. Y ahora aspira a serlo de otro modo, a lucir el apelativo que se ha ganado por derecho propio y que define a las jugadoras de la selección española de balonmano. En su DNI figura Santander como lugar de nacimiento, aunque se haya criado en Camargo, pero ahora le toca vivir en Gijón tras una larga trayectoria, más de lo que se podría imaginar por su edad. Es Leticia Cobo (Santander, 1992), reciente campeona de la Copa de la Reina con el Mavi Gijón (20-17 ante las guipuzcoanas del Super Amara Bera Bera), el equipo revelación de la temporada. Leticia Cobo es el ejemplo de una cantera, la del balonmano cántabro, que sigue viva pese a haber perdido el impulso del histórico Teka, como corresponde a una plaza en la que siempre ha sido uno de los deportes predilectos. Sobre todo gracias a proyectos como el Sinfín, Balonmano Torrelavega, Camargo -donde se formó la nueva campeona- o Pereda, que entre otros mantienen viva la cantera local.

Tras ganarlo todo con el Camargo, la entonces jovencísima jugadora decidió hacer las maletas y comenzar un largo peregrinaje para «crecer como jugadora a nivel personal» y, sobre todo, formarse «en el terreno deportivo, en busca de nuevas experiencias y oportunidades». Una apuesta que después de pasar por muchos equipos y canchas modestas y consolidadas, españolas y extranjeras, le ha llevado a uno de los equipos de referencia. Porque Cobo, asentada ya en la élite del balonmano español, vive un momento dulce en el Mavi.

Lo suyo es vocacional. Su familia no procede del balonmano. Pero ella misma recuerda un peregrinaje cuyo camino no ha sido en absoluto corto: «Comencé a jugar a balonmano en el Balonmano Camargo a los diez años, y ganamos la Liga siete años consecutivos. Con 18 años di el salto a División de Honor con el Vícar Goya. Después pasé por los equipos de Elda Prestigio, Castro y Zuazo hasta que en 2015 pensé en buscar nuevos objetivos y continuar la aventura en Portugal, donde jugué dos temporadas en el Colegio Joäo de Barros».

«Comencé a jugar a los diez años en el Balonmano Camargo», afirma Leticia Cobo

Por el camino pudo además disputar dos Mundiales y dos Campeonatos de Europa con las selecciones juvenil y júnior. Sólo le falta la absoluta. Y lo tiene entre ceja y ceja: «Es el sueño de toda jugadora: representar a tu país. Me esfuerzo cada día en mejorar y me encantaría poder hacer realidad ese sueño».

Claro que para ello puede verse obligada a emigrar de nuevo: «Me gusta mucho vivir la experiencia como jugadora en mi país, pero no descarto otra experiencia en el extranjero algún día. Allí se valora más el balonmano femenino, aunque ahora en España parece que en algunos aspectos va mejorando la situación».

Vivir del balonmano

Pero solo en algunos aspectos, porque vivir del balonmano femenino en España no es una tarea sencilla, por mucho que la camarguesa lo haya conseguido. Ni siquiera en el masculino -más allá del caso del Barça-, donde salvo en un puñado de equipos de Asobal los sueldos son muy modestos... Cuando los hay. Y menos aún en el femenino. Es, en el sentido estricto de la palabra, una obrera del deporte; una guerrera del balonmano. Convive con varias compañeras en un piso del club, que también le paga la manutención en un local de la ciudad asturiana para completar un salario, como ocurre más allá del deporte de élite, modesto. Casi como un estudiante; como lo que es, en realidad, porque en Gijón ha retomado sus estudios de inglés.

Deportivamente lo de la selección no es en absoluto una quimera. Leticia Cobo es la firme candidata a suceder a Beatriz Fernández y Verónica Cuadrado como representante cántabra de las guerreras. Sus 184 centímetros imponen en la posición de central y ya ha consolidado su juego: «Mi punto fuerte es la defensa. Mis características físicas ayudan a que me sitúe en el bloque central, pero para mí el lado ofensivo es igual de importante. Intento ser lo más efectiva posible y sin ir más lejos en la final de Copa pude ayudar también con goles a mi equipo». En esa final, Cobo fue la máxima realizadora de las asturianas, con seis goles.

Y el balonmano le ha entregado al fin su primer y merecido gran premio: el título de Copa, una competición que su equipo afrontó «con muchas ganas e ilusión, ya que era uno de los objetivos a alcanzar desde el principio de temporada», pero también «un auténtico reto». Con su filosofía de «disfrutar y dar el máximo», la misma que la he llevado de cancha en cancha desde sus inicios en el pabellón Pedro Velarde. Presume ahora de un campeonato que «ha sido toda una sorpresa, pero los principales protagonistas de esto han sido el esfuerzo el trabajo y, sobre todo, el creer como equipo». Resumido con sus propias palabras, una Copa forjada en «la unión, el compañerismo y sobre todo la actitud, con todas unidas por un mismo objetivo».

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