«Era matar o morir y matamos»

El Auto Gomas vuelve a Asobal con once canteranos y seis mileuristas

«Era matar o morir y matamos»
R. Ruiz
RAFA GONZÁLEZ

José Ramón Herrero Lon tiene 41 años. No es edad para andar dando brincos por la cancha. Pero ahí estaba; gritando y levantando los brazos. El domingo su gesto reflejaba la ilusión intacta del niño que marca un gol en el recreo. Con cuatro ascensos a sus espaldas y tras haber vestido las camisetas del Barakaldo, Torrevieja, Zaragoza y en dos ocasiones la del gran Teka de los noventa y principios de siglo, el domingo celebraba el ascenso del Sinfín a Asobal como si fuera el primero. Consciente de lo que tiene de gesta. Es el más veterano y el año que viene volverá a disfrutar de la Asobal con algún compañero al que doblará la edad. No tiene quien le supla. Y es de casa. «Once chavales de Cantabria en la plantilla y con muchos problemas de lesiones, pero ahí estamos, en Asobal. Y es precisamente porque hay tanta gente de casa; gente que siente el club como propio. Así es todo más fácil; eso de que somos como una familia es verdad los nuevos se integran rápido», reflexiona.

Como todos, sabía que ni eran favoritos ni iban a tener un ambiente agradable. Incluso los medios se habían puesto del lado del Nava, un equipo de un pueblo de poco más de 3.000 habitantes que había conseguido el «milagro», decían. Un milagro basado en un presupuesto muy superior al de los cántabros. El Sinfín era consciente y se conjuró una vez más.

«Era matar o morir y logramos matar; costo mucho». Con esta filosofía encarnada en las palabras de una de las estrellas del ascenso,Cristian Postigo, ha regresado el Auto Gomas a la élite. Un equipo casi familiar, con un puñado de cántabros –veteranos y canteranos– y media docena de mileuristas, que ha cogido el relevo del emblemático Teka en La Albericia. Un proyecto nacido del entusiasmo de su presidente, Servando Revuelta, que creó el club de la nada y le bautizó en un homenaje a una de las primeras formaciones que salieron de la Plaza Pombo. Y con la complicidad de Rodrigo Reñones, uno de los últimos supervivientes de aquel Teka que ya es también un histórico del Sinfín. El caso es que solo un año después de su descenso el DS Auto Gomas, que así se denomina por un patrocinador que equilibra su economía de guerra, vuelve a Asobal. Será su tercera temporada en la élite y la 15ª de su historia.

Regresa pese a ser el equipo con menor presupuesto de los cuatro que se midieron en la fase de ascenso: unos 250.000 euros que se esfuman de la sede social de La Albericia casi antes de entrar en caja. Más de una cuarta parte se marcha en desplazamientos y arbitrajes y unos 110.000, en pagar a una plantilla de obreros del deporte: las estrellas rondan los mil euros y los demás reciben una compensación por una actividad que compaginan con el trabajo o los estudios. Los de fuera también tienen piso –a veces compartido– gracias al apoyo del Grupo Abascal, uno de los patrocinadores del club que cede viviendas en excelentes condiciones a un precio de alquiler irrisorio, prácticamente por los gastos. Se aligera así gastos a los de fuera en una ciudad ya no tan extraña. «Es como mi segunda casa, la verdad es que no tendría ningún problema en volver a vestir otro año más la camiseta de este club que es como una familia», añade Postigo.

En estas condiciones, hablar de un ascenso es casi apelar a la épica. «Al final es otra hazaña mas, por segunda vez. Somos un grupo que esta muy unido desde el principio, hemos tenido muy buena conexión y eso se nota en el campo. Hemos pasado muchos baches y problemas, pero cuando es tan difícil conseguir algo se valora más, la celebración ha sido brutal esperemos que se prolongue porque este club la verdad es que merece la pena», explica Alberto Pla. Lo hace pocas horas después de haber vivido un ascenso de lo más espartano.

Tras festejarlo en la cancha los jugadores compraron unas pizzas, las comieron con los familiares y amigos que se habían desplazado y se metieron en un autobús para regresar a Santander. Ayer algunos tenían trabajo. Otros exámenes. Todos, encontrar algún momento para dormir. El partido terminó cerca de las diez, pero no hicieron noche en Segovia. Es lo habitual. Viaje de vuelta en autobús la misma noche se juegue a la hora que se juegue y se vaya a donde se vaya. Y bocadillos para el camino. O comida rápida en el mejor de los casos si hay tiempo y algún sitio cerca mientras el entrenador hace a veces la vista gorda.

Una vez superado el reto deportivo llegará el económico, porque ese modesto presupuesto tendrá que crecer hasta aproximadamente los 425.000 euros para afrontar los gastos que suponen regresar a la élite. No solo para formar un grupo más competitivo (la cantera y la búsqueda de oportunidades seguirá siendo el criterio), sino por los derechos de inscripción (35.000 euros), la Seguridad Social en una competición que exige tener a todos los jugadores de alta (al menos 55.000) y una cuota de 7.500 a la Federación Española de Balonmano. Es decir, que el presupuesto se tendrá que duplicar. Y llamarán a muchas puertas. Entre otras a la de las instituciones que les recibirán hoy. Y todo muy pronto. La asamblea en la que reingresarán en la Asobal se celebra en poco más de una semana, el 12 de junio en Barcelona, y pondrá en marcha el calendario.

Tocará entonces intentar retener a los mejores, como un Samuel Ibáñez que se convirtió con una docena de paradas en uno de los héroes de la final. No será fácil, pero al margen del esfuerzo económico que se pueda hacer el club recurrirá a la afectividad: «El futuro no me preocupa mucho estoy muy contento y feliz aquí y Dios dirá», explica el castellonense.

Es uno de los foráneos de una plantilla formada por doce cántabros –algunos de ellos jovencísimos canteranos– y siete fichajes (con Tarik Kasumovic como único extranjero). Un grupo con una gran cohesión interna pero necesariamente descompensado por la autarquía con la que se debe diseñar. Para remediarlo, Reñones ha apostado valientemente por dar minutos a jugadores que van a tener que batirse con los gallos de la Asobal y su apuesta ha tenido premio.

El equipo se siente así una familia, por mucho que suene a tópico: «Estoy muy contento por poder ver la alegría de mis jugadores y de toda la gente que nos acompañó a Segovia, incluso los que nos han seguido desde sus casas», explica el entrenador; un Reñones que ha vivido el purgatorio de la División de Honor B y la satisfacción de ganar títulos –como jugador– con el Teka. Es otro ejemplo de cómo en cierto modo este modesto equipo que hace unos años jugaba en el pabellón de Numancia se ha convertido en relevo tekista ya en la histórica pista de La Albericia. La misma en la que ayer Marta Reñones, responsable de prensa, les reunió ayer. También ella compatibiliza su labor en el club con otros trabajos y debe adaptarse a las circunstancias laborales –de los otros trabajos– o de estudios de los jugadores para organizar cualquier actividad.

Las claves del ascenso

Una de las piezas fundamentales para llegar a jugar el play off ha sido la portería. Tanto el veterano Jorge Villamarín como Samuel Ibáñez. El castellonense, de 24 años, se ha convertido tras su gran temporada y play off en objetivo de otros equipos, mientras que el coruñés es un clásico de la portería cántabra que le ha dado muchos puntos. Los cántabros han fichado poco, pero bien. Y han conseguido retener a algún foráneo que ha aportado mucho. Amarelle se lesionó gravemente en su primera temporada en el equipo y una vez recuperado ha sumado para el grupo en el lateral derecho. Ignacio Vallés en un jugador que a sus 20 años tiene una gran visión de juego, tácticamente muy disciplinado y con una visión de juego que le convierte en un extraordinario asistente. El único extranjero de la plantilla, el bosnio Kasumovic, ha esta más irregular de lo esperado, pero ha rendido en la fase más importante de la temporada; cuando más falta hacía.Su virtud son los lanzamientos desde los nueve metros, aunque al club le preocupe su anarquía en la táctica colectiva.

Cristian Postigo y José Antonio Calderón han resultado también determinantes. El aragonés, con raíces deportivas en La Albericia por su padre, Carmelo Postigo, ha demostrado un buen trabajo defensivo y finalización en el extremo izquierdo. Llegado como refuerzo de última hora del Benidorm de Asobal, sería un jugador importante para el año que viene, pero tiene contrato con los alicantinos.

Otro de los grandes valores del Sinfín es un bloque de canteranos que conocen de memoria el sistema, a su entrenador y que están ya curtidos, algunos de ellos con experiencia en la Asobal. Un modesto pero sólido grupo que permite contar con una base de bajo coste sobre la que cimentar un proyecto con el aporte de jugadores más contrastados y, por lo tanto, más caros, como sucederá necesariamente –pero sin caer en excesos– enAsobal. Exceptuando a los dos veteranos, el mayor es Alejandro Blázquez, un extremo de 26 años con buena finalización. Le siguen Pla (25), experto en le lateral y la primera línea y un puñado de jugadores que rondan la veintena y completan el equipo.

A sus 41 años, la veteranía de Lon es fundamental en un equipo en el que solo juega ya en ataque, pero al que aporta lo que le falta a los jóvenes. Se complementa a la perfección con un especialista defensivo como Muñiz, líder de la zaga cántabra.Dos jugadores que marcan la diferencia en la cancha y han sido muy importantes tanto durante la temporada regular como en la fase de ascenso.

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