Siete años de sueños en rosa

Los integrantes de la plantilla del Gomur-Liébana 2017 -a excepción de Alejandro Iglesias- posan en las instalaciones del Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo. :: dm/
Los integrantes de la plantilla del Gomur-Liébana 2017 -a excepción de Alejandro Iglesias- posan en las instalaciones del Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo. :: dm

El Gomur-Liébana 2017 inicia su séptima campaña en un ciclismo que cada vez ofrece menos oportunidades de ser profesional

MARCO G. VIDART

«¿Siete? ¿Ya? ¿Pero cómo van a ser siete?». Alejandro González resopla de incredulidad cuando escucha cómo la hemeroteca de El Diario, guardiana de la memoria de la región desde 1902, le espeta ese siete. Que sí, que el primer año de vida del Gomur-Liébana 2017 es el de 2012. Por tanto, esta temporada de 2018 será la séptima con un maillot rosa por las carreteras de la región y de media España. «Parece que fue ayer...», rememora cuando a finales de 2011 el grupo Gomur salvó in extremis a la región de quedarse sin equipos élite y sub-23. Seis campañas -siete con la que está a punto de empezar- de muchas carreras y de un buen puñado de victorias con el orgullo siempre de ser el equipo más humilde. En el recuerdo, esas dos 'Ligas' ganadas en forma de triunfos en la general de la Copa de España. Y también de satisfacción porque muchos chavales del Gomur han dado el salto, se han atrevido a ser ciclistas profesionales. Un asunto que, en un futuro a corto plazo, pinta de lo más oscuro. Las esperanzas de color de rosa se adentran en un horizonte de lo más incierto. Porque el tema de ganarse la vida con la 'burra' cada vez pinta más difícil.

«Nosotros vamos a salir». El cántabro Óscar Linares y el abulense Carlos Gutiérrez se fían de una 'clara' sobre el cielo de Puente Viesgo. Y al punto, sus 12 compañeros -faltaba Alejandro Iglesias, que ha vuelto a última hora al que ya fue su equipo en 2017- se visten de color de rosa. 'Jandro' González y el resto del equipo técnico del Gomur -David Gutiérrez, Bruno González, Javier Barros y Roberto Urteaga- pertrechan la furgoneta y los coches para seguir al pelotón de chavales, con la certeza de que se van a empapar hasta el alma. «Pero yo es lo único que les pido, esa ilusión. Al ver ese rayo de sol, se han animado a salir todos a rodar». Por un rato, dejan las instalaciones del Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo -uno de los colaboradores del equipo-. Una concentración de fin de semana en el que el objetivo primordial es «conocernos», apunta el director de un equipo que, como todos los años y como también les pasa a otras formaciones, «se ha renovado mucho. Es muy difícil lograr una continuidad. El que vale, se anima a intentar dar el salto. Y el que no vale...». Si alguno de los chavales nuevos, a los que González llama cariñosamente 'juveniles', destaca en esta temporada, «vendrá otro equipo y me le quitará para la siguiente».

El 'salto', cada vez más difícil

Pero ese salto a un equipo profesional, el verdadero objetivo que siempre ha tenido la escuadra cántabra, está cada vez más difícil. Con los equipos World Tour convertidos en una utopía que no es de este mundo, quien quiera dar el salto debe centrar sus miras en equipos continentales. En lo poco que hay en España, en Portugal -como ocurre con algunos cántabros-, o donde sea. Proyectos en los que se gana -cuando se gana- muy poco dinero y se compite en escenarios las más de las veces alejado del foco mediático. La pregunta para González es obvia. «¿Cuánto aguantan los chavales?... En estas categorías, un año en élite, todo lo más. Los que aguantan hasta los 28 o 29 años, eso es algo muy raro. El que es inteligente, compagina la bici con los estudios. El problema es el que no los tiene».

Bruno González, el hijo en el que 'Jandro' delega poco a poco más responsabilidades en el equipo, es igual de poco optimista que su padre. «A corto plazo, en escuadras como la nuestra vamos a ver más libros que bicis. Entre los chavales para esta temporada de 2018 ya hay bastantes que compaginan los estudios con el ciclismo. Yo les animo a que lo hagan, aunque ellos mismos ven lo complicado que está el panorama y lo difícil que es dar el salto». En un primer momento, los 'gomures' para este 2018 iban a ser 14, pero desde hace pocos días hay uno más. El asturiano Alejandro Iglesias, que formó con el equipo rosa la pasada campaña, iba a fichar por un equipo continental de Alemania. «Pero ha visto que el proyecto era muy poco serio y se ha vuelto», destaca Alejandro González. El ejemplo perfecto de lo difícil que están las cosas.

Entre sesiones de rodillo, comidas, muchas risas... El ingrediente imprescindible en todas las campañas del Gomur-Liébana 2017, el buen rollo, comienza a gestarse en Puente Viesgo. Entre medias, alguna charla de 'Jandro'. Una es especialmente larga y dura. El dopaje, el gran enemigo de este deporte desde hace ya unos cuantos años. Y de un tiempo a esta parte, en los controles se intenta añadir un factor sorpresa. Nada de los primeros clasificados. Al azar, un equipo entero. González no quiere ni oír hablar del tema aunque les suelta a los chavales una charla de más de una hora. «Les digo que ni una aspirina. Cero. Si para 'andar' en estas categorías tienen que tomar historias, más vale que lo dejen».

Pero entre esos nubarrones que acechan a este deporte, más oscuros que los que cubren las cabezas de los corredores, también hay motivos para la esperanza. Hasta nueve chavales estrenan un maillot rosa que el año pasado consiguió «siete victorias». Óscar Linares, el cántabro que animó a sus compañeros a salir a rodar un rato, será el teórico jefe de filas tras su regreso al equipo después de una temporada sin suerte en el Burgos-BH. «Y llegan dos sub-23 cántabros, Fran Pérez y Samuel Sainz. Y a ver si 'Fonso' Gutiérrez levanta los brazos en un sprint», apunta González. Los rivales que se encontrará el Gomur-Liébana 2017 serán los de casi siempre. «El Café Baqué, el Construcciones Paulino, el Supermercados Froiz, que este año ha hecho un equipazo...».

Esas siete victorias -«cuántos las quisieran», apostilla González-, marcan el límite aproximado para la escuadra rosa en este 2018. «Cinco o seis triunfos es una cifra ya buena», añade un 'Jandro' cuya mayor alegría sería ver a los cinco 'juveniles' adaptarse rápido al ritmo al que se va en estas categorías. La primera oportunidad para ganarse un hueco en el equipo que pise la carretera no está lejos. El 25 de febrero comienza la Copa de España con el Circuito del Guadiana, en la localidad pacense de Don Benito.

Los 'gomures' regresan calados hasta los huesos al Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo. Un rodaje para que los compañeros se empiecen a convertir en amigos y para iniciar, de forma oficial, la séptima temporada con un maillot de color de rosa en la carretera. Chavales que sueñan con ganarse la vida con este deporte, pero a los que poco a poco la realidad del ciclismo lleva a no perder de vista otras alternativas. La de compaginar libros con deporte aparece como la más razonable para los que empiezan en estas categorías. Algunos de sus compañeros en el Gomur ya les pueden confirmar que vivir del ciclismo cada vez está más difícil.

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