Análisis

El declive de Mourinho

José Mourinho, con gesto pensativo en Old Trafford. /Oli Scarff (Afp)
José Mourinho, con gesto pensativo en Old Trafford. / Oli Scarff (Afp)

El luso se estrella en su segunda campaña al frente del Manchester United, con una rácana propuesta futbolística pese a sus millonarios fichajes

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Hubo un tiempo en que los dioses del fútbol sonreían a José Mourinho. Triunfador en Portugal, Italia, España e Inglaterra, el luso acumuló 25 títulos en quince campañas, incluyendo ocho entorchados ligueros (dos con el Oporto, tres con el Chelsea, dos con el Inter y uno con el Real Madrid), dos Champions (Oporto e Inter), cuatro de Copa (una con el Oporto, una con el Chelsea, una con el Inter y otra con el Real Madrid), una Copa de la UEFA (Oporto) y una Europa League (Manchester United), además de nueve trofeos menores. Su nombre era sinónimo de éxito y él no dudaba en colgarse medallas, autoproclamándose como ‘The Special One’. Su estrella, sin embargo, parece haber declinado y hoy es blanco de la prensa inglesa, que le sitúa como principal responsable de la eliminación del Manchester United a manos del Sevilla en octavos de final de la Liga de Campeones.

Mourinho, que logró disputar cinco semifinales seguidas de la máxima competición continental, lleva desde la campaña 2013-2014 sin pisar siquiera los cuartos de final. Cayó entonces con el Chelsea ante el Atlético de Simeone que perdería luego la final de Lisboa ante el Real Madrid. El curso siguiente fue el París Saint-Germain el encargado de apear a los ‘blues’ en octavos. Desde entonces, el preparador de Setúbal no logra remontar el vuelo en el torneo que dio mayor lustre a su currículum. Con un equipo en caída libre, decimosexto en la Premier que había conquistado la temporada anterior, Roman Abrámovich le despidió en diciembre de 2015 y le sustituyó por el holandés Guus Hiddink, que no podría evitar otro fracaso del Chelsea frente al PSG pero que enderezaría al menos la marcha de la escuadra en la competición doméstica.

Tras más de cinco meses en el paro, el Manchester United le reclutó para reflotar a un equipo cuyo poderío económico contrastaba con el pobre discurrir deportivo desde la jubilación de Sir Alex Ferguson. Firmó hasta 2019 pero los buenos resultados que logró en su primera campaña llevaron a la directiva de los ‘red devils’ a prolongar su vinculación con el portugués al menos por otra temporada. Era un modo de recompensar su labor en un curso en el que amasó la Community Shield, la Copa de la Liga y la Europa League. Esta última, levantada tras vencer en la final al Ajax de Ámsterdam, le permitió a los ‘diablos rojos’ subirse al tren de la Champions que se les había escapado al finalizar sextos de la Premier.

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Mourinho volvía a medirse con los mejores de Europa. Demandó fichajes para pelear en condiciones y el club no reparó en gastos para satisfacer sus deseos. En verano llegaron Lukaku (a cambio de 85 millones de euros), Matic (45) y Lindelof (35). 165 millones desembolsados en el mercado estival que se sumaron a los 185 invertidos en la primera campaña de Mourinho (105 por Pogba, 42 por Mkhitaryan y 38 por Bailly) y a los que aún se agregarían los 40 millones que pagó en enero por el chileno Alexis Sánchez. Un total de 390 millones que no han servido para devolver al Manchester United el esplendor europeo.

Racanería

Superado claramente por el Sevilla en el Ramón Sánchez Pizjuán, donde sólo un formidable David De Gea mantuvo con vida al Manchester United, Mourinho dilapidó parte del crédito derivado de sus glorias pasadas con una rácana propuesta en Old Trafford que condenó a sus futbolistas a un mísero tramo final de curso, donde sólo pueden pelear ya por la FA Cup. Apenas tres tiros de los ‘diablos rojos’ contra la portería que custodiaba Sergio Rico, exactamente la mitad de los lanzamientos que ejecutó el cuadro de Vincenzo Montella sobre el arco de De Gea evidenciaron la falta de mordiente ofensiva del equipo de Mourinho, que apostó por Fellaini en lugar de Pogba en una medular en la que se echó en falta un auténtico creador de juego y con Rashford desplazado a la izquierda en el ataque para dejar la derecha a un Alexis Sánchez que es una sombra del que fue en el Arsenal.

Un planteamiento que provocó el desconcierto de sus propios futbolistas. «Tenemos que recuperarnos para el sábado para seguir ganando. Es un partido importante para recuperarse y ofrecer a los aficionados lo que quieren ver... y eso es ganar partidos, hacer un futbol atractivo», dijo Romelu Lukaku, autor del único tanto del Manchester United en toda la eliminatoria. Recado del delantero belga a un técnico que, lejos de hacer autocrítica, se limitó a señalar que un fiasco así «no es nada nuevo para el club», recordando que él mismo eliminó al United «con el Oporto y más tarde con el Real Madrid». Palabras que no deben haber sentado demasiado bien en una directiva que puso casi 400 millones en fichajes a su servicio y que ve cómo el de Setúbal ha sido incapaz de alcanzar unos cuartos que sí pisó el denostado David Moyes en la campaña 2013-2014.

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