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Jornada 5

El Sevilla lo deja todo para Eslovenia

El Sevilla lo deja todo para Eslovenia

Berizzo realizó un mal planteamiento en el duelo ante el Liverpool que casi le cuesta una nueva goleada en la Champions, aunque los hispalenses lograron empatar en el descuento

LUIS F. GAGOSevilla

Gran ambiente en el Sánchez-Pizjuán en la previa de un duelo que apetecía al aficionado. El anfitrión preparó una fiesta para vivir un apasionante choque no solo sobre el césped, también en la grada. Era el partido en el que sevillistas y ‘reds’ se jugaban la clasificación para los octavos de final, prestigio y dinero mediante. El propio Klopp lo aseveró en la previa: «Éste es un partido muy difícil entre dos buenos equipos. Nos toca dar un último esfuerzo». Lo resumió a la perfección el alemán porque del mismo modo lo veía Berizzo, que colocó a sus mejores hombres.

No defraudó ni tan siquiera el inicio a las expectativas creadas. Tardó tan solo dos minutos el Liverpool en adelantarse en el Pizjuán. En un despiste de la defensa, de los que cuestan muy caro en Europa, Firmino adelantó a sus compañeros rematando solo en el segundo palo un saque de esquina botado desde la parte izquierda. Error garrafal tanto de la marca al hombre como del portero, un Sergio Rico que volvía a ser titular.

3 Sevilla

Sergio Rico, Mercado, Geis, Lenglet, Escudero, Pizarro, N’Zonzi (‘Mudo’ Vázquez, min. 45), Banega, Sarabia, Ben Yedder (Correa, min. 81) y Nolito (Muriel, min. 74).

3 Liverpool

Liverpool: Karius, Joe Gomez, Klavan, Lovren, Alberto Moreno (Milner, min. 63), Henderson, Coutinho (Can, min. 63), Wijnaldum, Salah (Chamberlain, min. 88), Firmino y Mané

Goles:
0-1: min. 2, Firmino. 0-2: min. 22, Mané. 0-3: min. 30, Firmino. 1-3: min. 51, Ben Yedder. 2-3: min. 60, Ben Yedder. 3-3: min. 93, Pizarro.
Árbitro:
Felix Brych (Alemán). Amonestó con tarjeta amarilla a Alberto Moreno, Banega, Mercado, Henderson y Can.
Incidencias:
Partido de la quinta jornada en el grupo E de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, que se llenó con unos 43.000 espectadores, de ellos unos 2.500 seguidores del Liverpool.

No ayudó a la moral rojiblanca que en media hora el Liverpool se pusiera con un 0-3 aplastante, gracias a contras vertiginosas que dejaron en evidencia la pésima planificación de la dirección deportiva al no contar con centrales de garantías ni rápidos. Además, de un mal trabajo táctico desde el banquillo, una vez más.

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Bien es cierto que toda esa tensión que provocaba la sonrojante goleada estaba bajo mínimos, toda vez que el Spartak de Moscú, en las horas previas, había empatado en casa ante los eslovenos lo que ponía una alfombra roja en favor de los intereses hispalenses en esta Liga de Campeones. Si vencían a los ingleses, un simple empate en la última jornada los colocaba líderes de grupo de cara al sorteo de octavos; si perdían o empataban, al menos sabían que dependían de ellos mismos para estar en ese bombo con los 16 mejores de Europa. Para lograr tales sueños, antes había que superar el hueso británico duro de roer.

Un Sevilla totalmente desbordado llegó al descanso cabizbajo mientras su público pedía que rodaran cabezas en ese mismo instante. Miradas hacia el palco pidiendo explicaciones por la humillación que se estaba sufriendo en casa y recordando que era la segunda en esta fase de grupos, tras la vivida en tierras moscovitas hace poco más de un mes.

Casta y coraje

A la vuelta, el cuadro hispalense trató de recomponerse. Juntaron líneas el centro y la defensa, mientras que los carrileros se preocuparon más de estar abajo que arriba. Se marchó N’Zonzi, tras uno de sus peores partidos como sevillista y entró un Mudo Vázquez con ganas de ganarse un puesto. Ese cambio de táctica fue mínimo pero efectivo. En 15 minutos los sevillistas lograron ponerse a tan solo un gol de los británicos. Ben Yedder por partida doble obró lo que parecía imposible al finalizar la primera mitad. El primero, tras imponerse a Alberto Moreno. El segundo, tras un penalti del propio exsevillista al delantero del conjunto del Nervión que tuvo que repetir la pena máxima, aunque anotó sin dificultad. El 2-3 dio alas a un Sevilla renovado, distinto. Sacó esa intensidad perdida en el inicio e hizo gala de su lema del viejo himno, «casta y coraje», hasta el final.

Los andaluces generaron múltiples ocasiones de gol, sobre todo a raíz de la entrada de Muriel, pero la fortaleza defensiva británica impedía la proeza de la remontada. Tampoco ayudó el extraño cambio de Berizzo a falta de nueve minutos, quitando a su delantero de referencia para dar entrada a un extremo. El descontento de la grada se materializó con una nueva pitada hacia el técnico. El puesto de trabajo se lo salvó al argentino un compatriota, Pizarro, que en el descuento, en el minuto 93, marcó el tanto del empate tras un córner sacado por Escudero que casi derrumba el Pizjuán. Un punto agónico que obliga al Sevilla a ir con todo a tierras eslovenas.

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