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Weah, el Balón de Oro que amargó al madridismo y ahora es presidente de su país

George Weah./EFE
George Weah. / EFE

El delantero liberiano fue la estrella de un PSG que apeó al Real Madrid en dos recordadas eliminatorias europeas de los 90

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

Es curioso que horas antes de un Real Madrid-PSG en el Bernabéu el favoritismo parezca caer del lado de los visitantes, pese a que se miden un club 'nuevo' contra el vigente campeón europeo desde 2016 y que tiene 12 'orejonas' más que su rival en la sala de trofeos. La mala racha blanca (pese a la ilusionante goleada ante la Real Sociedad), la presencia de un tridente amenazador en los franceses y los precedentes en competiciones europeas modifican la foto previa al duelo de Chamartín.

En cuatro duelos casi consecutivos entre madridistas y parisinos, brilló el único Balón de Oro africano (en 1995), que se convirtió en pesadilla blanca. Un gol en el Parque de los Príncipes en 1993 y otro en el Bernabéu en la Recopa del año siguiente. Fue uno de los momentos más importantes de la vida de George Tawlen Manneh Oppong Ousman Weah (Monrovia, 1966), que ha tenido una vida de lo más peculiar. Ahora es el presidente de Liberia, 51 años después de nacer en Clara Town, la favela de la capital liberiana donde creció a cargo de su abuela.

Antes de todo eso se convirtió en leyenda de su país tras brillar en la Ligue 1, donde empezó en el Mónaco porque a Arsené Wenger le recomendó el entonces seleccionador camerunés, el francés Claude Le Roy. De allí, tras cuatro años, saltó al PSG, donde dejó la boca abierta a media Europa en una eliminatoria de leyenda ante el Real Madrid. Le sirvió para ganar el Balón de Oro. Fabio Capello lo reclutó para su poderoso Milán. Tras pasar por los ahora poderosos Chelsea y Manchester City, intentó prolongar su carrera en Marsella hasta terminar en el Al Jazira de los Emiratos Árabes Unidos a los 37 años.

Situó en el mapa a Liberia

"Cuando empecé, mi sueño era ser profesional. Ese era mi sueño. No soñaba con ganar el Balón de Oro o premio al Jugador del Año de la FIFA. Quería ser profesional y llegar lo más lejos posible. Me movía simplemente el amor por este deporte. Luego, claro, ganar los premios fue muy especial. Creo que fue en reconocimiento a todo el trabajo que realicé durante mi carrera. Y lo que me hizo sentirme particularmente orgulloso es que creo que fue importante para mi país. Lo celebraron conmigo y puso a Liberia en el mapa", recordaba a la FIFA.

Es cierto que nunca se olvidó de Liberia, pese a que su familia se afincó en Estados Unidos disfrutando de todo tipo de lujos. Siempre siguió vinculado a su país, el primero del África subsahariana en obtener su independencia (1847) y finalmente creó el Congreso para el Cambio Democrático (CDC) para presentarse a las elecciones presidenciales de 2005, dos años después de la última de sus guerras civiles. "Durante la guerra la gente se mataba entre ella y no lo podía soportar. Cuando las mujeres en el mercado y los niños en las calles venían a mí y me decían que no confiaban en los políticos y me pedían que fundara un partido para ellos, lo hice", dijo a 'La Gazzeta del Sport' hace unas semanas.

"Durante la guerra la gente se mataba entre ella y no lo podía soportar. Cuando las mujeres en el mercado y los niños en las calles venían a mí y me decían que no confiaban en los políticos y me pedían que fundara un partido para ellos, lo hice"

No ganó en su primer intento, ni tampoco en el segundo pero finalmente lo logró en la segunda vuelta, en la que se impuso con el 61,5% de los votos ante el candidato oficialista, Joseph Boakai, vicepresidente de Ellen Johnson Sirleaf desde 2006 a 2018. “Mi tarea será liderar esta nación de la división a la unidad. No os decepcionaré”, dijo al ser elegido. Suceder a Johnson Sirleaf -contra la que perdió doce años antes- asusta, ya que fue la primera jefa de estado electa de África tras ocupar cargos en el Banco Mundial o Naciones Unidas y recibió el premio Nobel de la Paz en 2011.

Luchador contra el racismo

George Weah, durante un acto.
George Weah, durante un acto. / AFP

Weah, consciente de que la esperanza de vida que ha aumentado de los 56 a los 62 años gracias a que el PIB ha avanzado un 248 % durante los 12 años de presidencia de Johnson-Sirleaf, llega decidido a luchar contra la corrupción y la pobreza. "Para reducir la brecha entre los ricos y los pobres hay asegurarse de que el dinero público no acaba en los bolsillos de los funcionarios". A los que dicen que le será complicado, Weah les recuerda que en 1996 ganó el premio al Fair Play... pese a que le partió la nariz al portugués Jorge Costa, indignado por sus insultos racistas.

"Para reducir la brecha entre los ricos y los pobres hay asegurarse de que el dinero público no acaba en los bolsillos de los funcionarios"

El enfrentamiento Costa-Weah ya venía precedido del partido disputado en septiembre en San Siro, cuando Costa pisó la mano del liberiano y le provocó la rotura de un dedo tras un gol del delantero. Ese mismo año también Weah dejó un gol para el recuerdo ante el Verona, cuando recorrió todo el campo en 13 segundos, regateó a todos sus rivales y marcó a puerta vacía.

Una de sus primeras medidas es modificar la Constitución para abolir el artículo en el que se especifica que solamente las personas negras pueden obtener la ciudadanía liberiana. “Creo que no tenemos nada que temer si personas de otras razas se convierten en ciudadanos”, dijo en su primer discurso el ex delantero, que cree que esta ley “racista y discriminatoria” ha obstaculizado el desarrollo de Liberia a lo largo de los años y planteó la posibilidad de celebrar un referéndum para aprobarla.

Weah, a la vez que anunciaba que recortará su salario en un 25 %, apostará por hacer de la educación una "prioridad constante y crucial" y mejorar las carreteras del país, construyendo vías "de acuerdo a los máximos estándares internacionales" que permitan "impulsar la agricultura, el comercio y el turismo en Liberia", el país con más víctimas durante el grave brote de ébola de 2014, que acabó con más de 5.000 personas y contagió a otras 10.300. Nada asustará a Weah, que siempre rompió barreras. La primera, con aquel joven Paris Saint Germain (club fundado en 1970) que tumbó dos veces al Real Madrid y le catapultó hasta ser el primer africano en ganar el balón de Oro. El único en la historia de este ahora poderoso PSG.

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