fútbol | 3ª división

Una Gimnástica de diez

El gimnástico Siro trata de irse con el balón y evitar la entrada del rival del Vimenor.
El gimnástico Siro trata de irse con el balón y evitar la entrada del rival del Vimenor. / Luis Palomeque
  • El solitario gol de Maxi fue suficiente para que el cuadro de Chiri sumara su décima victoria consecutiva

  • Los torrelaveguenses aumentan su ventaja respecto a sus perseguidores

Una de las claves del éxito consiste en conocer el valor de las cosas y en saber el lugar que uno ocupa. La gloria, en ocasiones, no depende tanto de las propias fuerzas como de los errores ajenos y de la intervención favorable del azar. Unas veces la victoria es el resultado del talento propio; o la consecuencia del esfuerzo. Sin embargo, otras llega producto de la dinámica del triunfo, como si se tratara de una cadena de causas y efectos que no admite otro desenlace.

Los campeonatos se conquistan ganando unos pocos partidos en los que se juega extraordinariamente bien, siendo simplemente mejor que el rival otros muchos y también sacando adelante aquellos en los que no se ha tenido la mejor tarde y cuyo resultado, en circunstancias distintas, podría haber sido otro bien diferente. Cualquier torneo está cuajada de ejemplos que lo ilustran. La suerte del campeón, la llaman algunos. Sea como fuere, esos puntos arrancados con más dificultad de lo esperado e incluso de manera inmerecida son los que a la postre marcan la diferencia entre los que son simplemente buenos y los mejores.

La Gimnástica, de momento, se encuentra entre estos últimos y hace gala de ello. Diez victorias consecutivas en idéntico número de jornadas es un argumento irresistible a su favor y, pese a que todavía es pronto para augurarle un futuro brillante, no resulta ningún atrevimiento considerar al equipo de Torrelavega como favorito al título. Algunos de estos triunfos han llegado gracias a grandes partidos, en los que se ha mostrado muy superior a su oponente -basta recordar los dos partidos anteriores a este jugados en su campo-, en otros no ha brillado tanto y algunos de ellos los ha conseguido sacar adelante por la mínima y jugando relativamente mal.

El partido que el conjunto que dirige Chiri le ganó ayer al Vimenor seguro que no aparecerá entre los mejores de la temporada. Ninguno de los aficionados blanquiazules, cuando termine la temporada, lo recordará. Tal vez guarde en su memoria el 4 a 1 al Cayón o la victoria en el campo del Racing B, pero probablemente habrá olvidado que un domingo a mediados de octubre su equipo ganó en El Malecón uno a cero. Este tipo de choques no suelen pasar a los anales de la propia historia como club. A lo más que pueden aspirar es a que de ellos se extraiga en su momento algún aprendizaje o enseñanza de valor.

Un gran rival

En otro tiempo, con unas circunstancias diferentes y sin un rival iluminado enfrente, es posible que el Vimenor hubiera abandonado el estadio de Mies de Vega en otras condiciones. Posiblemente se hubiera vuelto a casa con un punto; incluso, afinando un poco más, podría haberse llevado la victoria. Pero la situación es la que es, y mientras todos los demás van superando las jornadas como pueden, el líder se asemeja a una máquina perfectamente engrasada y a punto, y que hoy por hoy resulta muy complicado detener.

Por supuesto que el equipo visitante ha dispuesto de oportunidades para marcar más de un gol, incluso de dos. Puede que haya sido el mejor rival que ha pisado el césped del Malecón en lo que va de Liga, pero no ha sido suficiente. Para superar a la Gimnástica en estos momentos hace falta algo más que todo eso. Se requiere una inversión en la corriente de unos vientos que soplan a su favor y eso es algo que por ahora no ha variado. El Vimenor hizo lo que debía, trató de jugarle de tú a tú al líder en su casa, le disputó la posesión, le incomodó con su presión, le puso en dificultades atrás, descubriendo algunas de sus carencias y chutó varias veces entre los tres palos, poniendo a prueba los reflejos de Puras. Seguramente, jugando así, ganará la mayor parte de los partidos que le restan. No obstante, aquí no le bastó.

La Gimnástica planteó un encuentro como viene haciéndolo desde que empezó el campeonato, con un dibujo que ya empieza a resultar reconocible y una alineación que, con pequeñas variaciones, los seguidores ya pueden recitar de memoria. Se trata de un equipo que ha adquirido un estilo y una identidad, pero que en ocasiones sale al campo adormecido, lento, como si le costase ponerse en funcionamiento. Eso lo sabía el Vimenor, que arrancó el partido a toda mecha y aturrulló a los locales en la primera fase del encuentro, con un disparo al larguero de Miguelín como declaración de intenciones.

Expulsión visitante

El equipo de Chiri parecía un globo a medio hinchar y durante los primeros veinte minutos llegó a incomodar a algunos aficionados, que se removían inquietos en sus localidades. Aquellas primeras nubes amenazaban tormenta. Sólo Primo, tras un centro de Fer, había tenido opción de marcar. Y entonces apareció Maxi. El argentino, a quien le estaba costando moverse con su facilidad cotidiana, agarró un balón y lo envió al interior de la portería. Un hecho aislado, una mera chispa, pero suficiente para encarrilar el encuentro. Después hubo más ocasiones porque el partido se abrió y con más espacios, resultaba más sencillo llegar al área. Volvió a tenerla Primo, que casi marca de rebote tras un mal despeje de Iván Cabrero, pero no era su día.

El conjunto visitante no cejó de intentarlo en todo el partido y, tras el descanso, Gallo casi lo logra, pero se tropezó con los guantes de Puras, que desviaron su lanzamiento. Ganó ritmo el partido en esta segunda mitad, con el Vimenor más adelantado y dejando huecos libres por los que se colaban, de vez en cuando, los interiores de la Gimnástica. Después se quedó con diez tras la expulsión de Javi Pereda y de que Siro casi dejara resuelto el partido tras un gran remate y ya no quedó apenas tiempo para otra cosa que efectuar cambios y la roja a Vitienes. Sin el brillo de otras veces, la Gimnástica se llevó el premio de siempre.