fútbol | 3ª división

El líder cede un empate

Los blanquiazules Chus del Prado y Hugo Vitienes intentan cortar una jugada del Escobedo.
Los blanquiazules Chus del Prado y Hugo Vitienes intentan cortar una jugada del Escobedo. / Daniel Pedriza
  • El Escobedo priva a la Gimnástica de un nuevo triunfo gracias al gol de Espino en el minuto 91

Se recomienda a quienes desean iniciar su andadura en el camino de la narrativa que terminen sus historias con un giro argumental que sorprenda al lector y eche por tierra la lógica del relato. Así, uno se introduce en el argumento y, de la mano del narrador, confía en llegar a un punto determinado. Sin embargo, cuando baja la guardia, el autor lo lleva hacia donde quiere y lo sacude, avisándole de que no caiga en lo obvio.

Si el duelo entre Gimnástica y Escobedo hubiera formado parte de un guión así, su hipotético autor no podría haberlo hecho mejor. Limitándose a contar una historia que parecía llevar a un término razonable, en este caso la esperada victoria de los locales, al final le dio un giro brusco, un golpe de timón, y sorprendió al amodorrado receptor con una sorpresa con la que no contaba, el gol del empate del Escobedo.

Claro que a los seguidores blanquiazules esta vuelta de tuerca no les habrá hecho ni pizca de gracia. Aún contando con que su equipo no estaba en uno de sus mejores días, confiaba en que el gol que marcó Jony en la primera mitad bastase para sumar los tres puntos. Lo que no se esperaba era ese caos en el que se convirtió el choque en el tramo final, con los futbolistas de ambos conjuntos retornando de algún modo a su infancia, cuando jugaban al balón en el patio del colegio y el fútbol se resumía en algo tan sencillo como galopar arriba y abajo, y del que no se podía esperar nada bueno. Aún así, a pesar de esa licencia a la anarquía, entendida en este caso como desorden, tenía fe en que bastase con dejar correr el reloj para ponerle fin sin mayores sobresaltos. Pero cuando uno juega a la ruleta rusa corre el riesgo de pegarse un tiro, y en esto se resume, en parte, lo que le sucedió a la Gimnástica, que acabó empatando un partido que tenía ganado.

El antagonista de esta historia no es de los que se lo ponen fácil a uno. Llegaba con una carta de presentación pobre, en la que aparecían unas tristes estadísticas en las que se podía leer que había perdido en sus últimas visitas al Malecón. Sin embargo, lejos de ser un conjunto débil, el Escobedo es duro como el pedernal, y testarudo. De los que sustentan mediante sus actos ese viejo tópico de que el partido no termina hasta que lo indica el árbitro.

La tarde invitaba a un razonable optimismo a los seguidores locales, que confiaban en los números y pese a la dureza del rival confiaban en su papel de líderes, en la solidez de su equipo y en el acierto de alguno de sus futbolistas. En el once que había escogido Chiri se observaban cambios. No estaba Primo, jugaban Del Prado, Siro y Víctor a un tiempo, pero no tenían motivos para mostrarse preocupados más allá de lo normal en cualquier partido. El propio Siro, en una de sus primeras llegadas, ya había dejado un recado al guardameta visitante, y parecía una cuestión de tiempo que el gol brillase en el marcador electrónico. De hecho, no hubo que esperar demasiado, ya que en la segunda aproximación con opciones de gol, Jony logró su objetivo.

Cuando ya contaba con los tres puntos, apareció Espino y le arrebató dos, poniendo fin a la historia.