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El Cayón suma y sigue

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/ Roberto Ruiz

  • El conjunto de Sarón saca un empate en su visita al Eusebio Arcey encadena once jornadas consecutivas sin conocer la derrota

Racha: en cualquier actividad, periodo breve de fortuna o desgracia. Falta por determinar la precisión del concepto de la brevedad, pero dejando a un lado este aspecto, no hay duda de que el Cayón atraviesa por una. Once partidos consecutivos sin perder marcan una tendencia y son un reflejo de lo que el equipo de Sarón representa en el universo de la Tercera División cántabra. Lejos de resultar una situación puntual, fruto de la casualidad o de la coyuntura de una determinada campaña, la presencia de los gualdinegros entre los primeros clasificados a pocos sorprende ya. Temporada tras temporada, en los últimos años el conjunto que dirige Mantecón es un referente en el campeonato.

El duelo frente al Cayón se convierte en una cita que todos sus rivales subrayan en el calendario, porque en cierto modo les sirve para examinar su estado de forma. No es casual que el único equipo que le haya logrado doblegar esta campaña sea la Gimnástica, y eso en la cuarta jornada, cuando los blanquiazules todavía no habían mostrado signo alguno de debilidad. Del resto, ninguno ha podido con ellos hasta ahora.

El Escobedo de José Luis San Miguel ha sido uno de los siete rivales que han logrado empatar a los de Sarón, lo que refleja la capacidad del equipo de Camargo a estas alturas. Suma su segundo empate consecutivo –la anterior jornada lo hizo en el campo del líder– y poco a poco empieza a ganar esa robustez que constituye uno de los aspectos más destacados de su identidad.

Esta vez tenía por delante un difícil reto, pero ha salido airoso. Debía mostrar todo su carácter y dejar a un lado uno de sus defectos más palpables, la irregularidad, para recibir con alguna garantía al Cayón, y supo mantener la entereza para no venirse abajo cuando encajó el tanto de Cagigas cerca del descanso y para lograr marcarle a un rival que defiende como pocos y al que no resulta sencillo igualar cuando consigue ponerse por delante.

El partido se presumía tan duro como en realidad fue. No porque los dos rivales jugasen al límite del reglamento, ya que resultó un partido limpio, sino por la intensidad física con la que ambos lo afrontaron. Así, el centro del campo se convirtió el escenario donde se decidió la suerte del partido, con los jugadores de los dos equipos peleando por cada balón, asfixiándose mutuamente con la presión y acotando el terreno de juego, reducido a una veintena de metros a un lado y a otro del círculo central.

Al Escobedo le gusta jugar adelantado, pero esta vez mostró ciertas reservas, ya que su rival cuenta con futbolistas rápidos y especialistas a la contra. No era cuestión de habilitar pistas de despegue y forzar a Manu a jugársela en el uno contra uno. Con pocos errores, era cuestión de cometer uno solo para que llegase el gol. Cagigas, uno de los futbolistas más activos del Cayón, se aprovechó de uno de ellos para marcar, decantando la balanza a favor de los suyos a diez minutos del descanso.

Empuje y entereza

Los locales no variaron su forma de jugar en la segunda parte. En vez de sucumbir a las prisas por el deseo de lograr pronto el empate, prefirieron seguir una estrategia similar a la de antes de encaje el tanto. Supieron leer bien el transcurso del partido, eso sí, sacaron ventaja de la actitud más conservadora de su oponente, que había decidido –o tal vez lo había hecho de forma inconsciente– retrasar sus líneas. Fruto de ese empuje y de la entereza de los jugadores locales terminó llegando el gol del empate, que logró Vitali a falta de media hora para terminar el choque. Después, con los dos rivales ya más cansados, la situación volvió a equilibrarse, condicionando el resultado final.