El primer título del fútbol cántabro

El equipo que ganó el campeonato, reunido años después para un partido de veteranos. :: DM

En 1944 el Barreda se proclamó campeón de España de aficionados

RAÚL GÓMEZ SAMERIO

Sigue siendo el más importante triunfo del Barreda Balompié, y el primer título nacional que conseguiría el fútbol montañés: el Campeonato de España de Aficionados, un torneo nacido en la temporada 1929-30 con el que se pretendía impulsar el fútbol amateur ante la irrupción del profesionalismo. Por eso se limitaba la edad de los jugadores a 23 años. Los cántabros consiguieron ganarlo en 1944, días después de que los americanos desembarcaran en Normandía para hacer retroceder a los alemanes de Hitler. Europa estaba en guerra, mientras que en España se estaba saliendo de ella. Y el fútbol contribuía a olvidar las desgracias buscando motivos de orgullo con otro tipo de victorias. Y en Barreda se consiguió.

Fue una temporada para no olvidar. Es cierto que en el campeonato de Liga las cosas no fueron demasiado bien, con un modesto séptimo puesto en el Grupo II de la Tercera División, aunque hay que decir que los campos de Solvay registraron entradas formidables en los partidos donde se recibió al Racing (también en Tercera por aquellos tiempos y al que se ganó en los Campos de Sport por 3-5), y a la Gimnástica, el íntimo rival que también disputaría con el Barreda la eliminatoria de la Copa del Generalísimo. Pero el éxito que hizo gozar a la afición de los campos de Solvay se gestaría en el campeonato de aficionados.

Después de ser campeón de Cantabria, el Barreda comenzaría su camino de eliminatorias enfrentándose al campeón asturiano para decidir quién era el representante de la entonces recién creada federación Astur-Montañesa. El rival sería el Hispania de Gijón, al que derrotó sin demasiados problemas por 3-1. A continuación, y a doble partido, tuvo que medirse con el campeón gallego, el Monforte de Lemos. El partido de ida se disputó en Lugo con un resultado favorable para los de Barreda, ya que se alzaron con la victoria por 1-2. En los campos de Solvay no pudieron ganar a los lucenses, pero el empate a cero con el que finalizó el encuentro sirvió para clasificar a los montañeses para los cuartos de final, donde tuvo que vérselas con el campeón vasco, el Erandio de Vizcaya, club que ya había sido campeón del torneo en 1933. El primer partido se jugó en Barreda, en un día de viento y de terreno resbaladizo que favoreció a los torrelaveguenses, ya que con más entusiasmo y codicia se impusieron por 3-0. En Ategorri, el Barreda volvió a dominar la situación a pesar de las dificultades y del empuje de sus rivales. El primer tiempo acabó con la victoria local por 1-0. En el segundo, la insistencia de los vizcaínos para compensar la renta de los cántabros provocó un juego más abierto que permitió al Barreda aguantar el resultado de 3-2 a falta de cinco minutos para el final, y aunque finalmente los vascos ganaron 4-2, la suma de goles permitió nuevamente a los de Solvay avanzar hacia las semifinales.

Altercados en Madrid

El Mediodía de Madrid -que se había deshecho en las anteriores eliminatorias del Algeciras y del Alicante- era el nuevo rival del Barreda. El primer partido se disputó en Cantabria el 4 de junio bajo un intenso calor que obligó a parar el juego a la media hora para que los futbolistas se refrescaran. El juego de ambos equipos era muy distinto, porque los madrileños jugaban al pase corto, mientras que el Barreda prefería lanzar pases largos y profundos para aprovechar la velocidad de sus hombres. En este primer periodo, los locales tomaron ventaja con dos goles, y en el segundo, el Barreda incrementó su renta de penalti, mientras el Mediodía marcaba el tanto del honor que les proporcionaba ciertas esperanzas para el encuentro de vuelta. Pero en la capital, en el campo de la Ferroviaria, de nuevo el Barreda se mostró fuerte y eficaz. En la primera parte ya tenía ventaja de 1-2 con goles anotados por Ceballos y García. En la segunda empató el Mediodía y hasta se creyó poseedor del triunfo cuando marcó el 3-2, pero los cántabros no se amilanaron, resistieron el juego brusco que se originó por la codicia de los madrileños y empataron el partido cuando faltaban cinco minutos. Fue una lástima que el éxito de llegar a la final se enturbiara con un público apasionado y molesto que no aceptó el resultado y se revolvió contra el árbitro, que tuvo que salir custodiado del campo por la fuerza pública, sin poder impedir que hubiera incidentes entre jugadores de ambos equipos.

La final de Sarriá

La esperada final se disputó en el campo de Sarriá (Barcelona) el 18 de junio de 1944 contra el Barcelona, que a su vez había eliminado al Deportivo Castellón y al Zaragoza, este último equipo con una eliminatoria igualadísima que tuvo que recurrir a un tercer encuentro para decidir al finalista. A las órdenes del colegiado Sanchís Orduña, el Barreda Balompié alineó a Galo; Izquierdo, Cholo; Mora, Huchi, Bilbao; Peñalba, Milucho, Ceballos, García y Ferrero, mientras que el Barcelona presentó a Conca, Torra, Sánchez; Cardona, Giménez, Gracia; Riba, Corcelles, Casamor, Anjaumá y Rueda.

Dicen las crónicas que el Barcelona dominó más y marcó el primer gol muy pronto, por culpa de un fallo defensivo de Izquierdo que despistó el remate de Casamor aprovechado finalmente por el azulgrana Riba. Se cumplía el minuto 6 de partido y los catalanes se mostraron muy superiores, sobre todo técnicamente, con una brava respuesta de la defensa cántabra, en especial del guardameta Galo que llegó a quedar conmocionado al lanzarse a los pies de Casamor. Pero en la segunda parte todo cambió. A medida que trascurrían los minutos, el Barça iba perdiendo fuelle, mientras que los cántabros, mejor dotados físicamente, comenzaron a imponerse. Un córner botado por Peñalba provocó un mal despeje de puños del guardameta barcelonés, estrellando el balón en el larguero. Los defensores del Barcelona parecían nerviosos y cometían fallos ante la presión de los barredenses. Cuando a la media hora de la segunda parte Peñalba estableció el empate con un remate raso que pasó por debajo del cuerpo de Conca, nadie fue capaz de cambiar la dinámica del partido. Hubo una furiosa reacción de los catalanes que Galo respondió soberbio bajo los palos. Luego un centro de Peñalba a Milucho puso por delante al Barreda a cinco minutos de terminar el encuentro (2-1), y dos minutos más tarde, nuevamente Milucho dejaría sentenciado el 3-1 con el que el Barreda se proclamaría campeón de España.

La copa y la fotografía del capitán, Huchi, recogiéndola de manos del teniente general Moscardó, entonces delegado nacional de Deportes, son los más valiosos méritos de los cien años de historia de este club y la primera referencia de un éxito nacional del fútbol cántabro escasamente reconocido.

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