«Soy todo un Willy Fog del fútbol»

Rubén Palazuelos vive una nueva estación de su carrera futbolística en El Malecón. :: luis palomeque

El jugador santanderino ha regresado a la Gimnástica de Torrelavega, para afrontar nuevos retos en los últimos años de su carrera deportivaRubén Palazuelos Futbolista de la Gimnástica

ADELA SANZ TORRELAVEGA.

Rubén Palazuelos (Santander, 1983) es un trotamundos del fútbol. Un centrocampista que ha coleccionado camisetas a lo largo y ancho del continente europeo. Escocia, Inglaterra, Bulgaria, Finlandia, Chipre y Grecia dibujan la trayectoria deportiva del mediocentro que acaba de recalar en la Gimnástica. Tras formarse en las categorías inferiores del Racing y pasar por Lanzarote, Palencia y una primera etapa en el conjunto torrelaveguense, Palazuelos -con sólo 22 años- puso rumbo a Grecia para jugar en el Aris de Salónica. Ahí arrancó una carrera deportiva internacional «en una época en la que no era tan común como ahora salir a jugar por ahí». Con su mujer Lara -en aquel momento todavía eran novios- ha compartido destinos, ha aprendido inglés en Edimburgo, donde nació su primogénita Daniela y ha descubierto los secretos de Bulgaria hasta que nació Aria y la familia se asentó definitivamente en Santander. Su carrera siguió sumando países y Rubén acumulando experiencias, como la oportunidad de vivir bajo el sol de medianoche en Finlandia. Tras Aris, Hearts y Botev Plovdiv se comprometió con el Honka Espoo. Su historia la lleva marcada en su piel llena de tatuajes que van contando quién es Rubén Palazuelos y cómo se vive del fútbol con una maleta a cuestas.

En la temporada 2015-2016 regresó a España para defender los colores del Guijuelo y comprometerse después, en julio de 2016, con el Avilés por dos temporadas con opción a una tercera. Pero al finalizar su primera temporada rescindió el contratocon el club avilesino para recalar en la ribera del Besaya, donde lucirá de nuevo la blanquiazul.

-Grecia, Bulgaria, Escocia, Finlandia...Es todo un trotamundos.

-Todo un Willy Fog del fútbol -bromea-. En aquella época era mucho menos común que ahora eso de irte a jugar a otros países. Llevaba mucho tiempo en España.

-¿Qué le llevó a hacer las maletas y marchar al extranjero?

--Una oferta mejor. Cuando llegan las oportunidades tienes que cogerlas. Si no hubiera dicho que sí en ese momento, no hubiera vivido todo lo que vino después. El fútbol es moverte de un lado a otro y tratar de hacerlo lo mejor posible en donde estés.

-¿Cómo es la vida de un futbolista en el exilio?

-Al final te vas acostumbrado. Te cuesta las primeras dos semanas pero siempre te tratan bien y haces lo que te gusta. Además, en los equipos sueles encontrar jugadores de diferentes países, te ponen traductor...Además, con el inglés te mueves sin problemas.

-Iba solo o lo acompañaba alguien?

-Al principio iba con mi mujer Lara. Estando en Escocia tuvimos a Daniela, pero a raíz de nacer Aria e ir creciendo ya se instalaron definitivamente en Santander. Es duro porque llegas a estar dos o tres meses sin ver a las niñas y se hace un poco cuesta arriba, pero sabes que están bien y arropadas por la familia y los amigos.

-Siempre en Europa ¿No se atrevió a cruzar el charco?

-Al final al moverte en el fútbol europeo es finalmente donde te quedas. Si que he tenido ofertas para jugar en Bolivia o Estados Unidos, pero ya estás lo bastante lejos de la familia como para irte todavía más.

-El lenguaje del balón es universal, pero ¿Y en el día a día?¿Cuántos idiomas habla?

-Inglés y castellano. Al principio mi nivel de inglés era muy básico. Un puñado de palabras y ya. Estando en Edimburgo me pusieron un profesor, pero, sobre todo, lo aprendí saliendo a la calle, relacionándome con la gente. En el resto de países me defendía con el inglés, ya que no llegué a estar más que una temporada y algunos idiomas como el búlgaro o el griego no son precisamente sencillos.

-¿Se vive de forma diferente el fútbol en cada país?

-La primera vez que fui a Grecia es algo que me llamó mucho la atención. Allí la gente siente mucho este deporte, son muy pasionales y están muy implicados con el equipo. Los búlgaros son similares, mientras que en Finlandia, Escocia o Inglaterra viven el fútbol de una forma más tranquila y respetuosa. Cuando jugaba en la Segunda inglesa y tenia partido en casa, aunque perdiera dabas una vuelta al campo mientras aficionados y jugadores se aplauden mutuamente. En Grecia si todo va bien es fantástico, aunque si algo se tuerce, los aficionados llegan hasta a parar el entrenamiento.

-¿De qué país guarda un mejor recuerdo?

-De Escocia. Es en el que más tiempo pasé. Vivíamos en Edimburgo que era una ciudad preciosa. Mi mujer estaba encantada allí y mantenemos mucho amigos. En el ámbito anglosajón, por ejemplo, me costó hacerme a los horarios, a la niebla que casi no te deja ver el sol. En Grecia se vivía muy bien. Y en Finlandia, por ejemplo, llegué a finales de abril y en ese momento siempre brillaba el sol.

-¿Y el que menos le gustó?

-Bulgaria. Allí la vida no es fácil. O tienes mucho dinero o no tienes nada. No hay un término intermedio. El idioma es muy difícil. A mi mujer le costo mucho adaptarse a la ciudad y la calidad de vida no es la misma que en otros países en los que estuve.

-¿Cómo lleva su segunda etapa en el club blanquiazul?

-Han pasado muchos años y he vivido muchas cosas, pero llego con mucha ilusión. Aquí me han tratado bien, está mi familia, mis amigos, es un sitio donde esperan mucho de mí y me gustan los retos.

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