un siglo de un clásico

El ingeniero Eduard Leroy creó hace 100 años el club, que comenzó entrenando en la propia fábrica y jugando en un descampado cercano | El Barreda ha estado siempre vinculado a Solvay desde su fundación en 1917

Componentes del Barreda que ganó la Copa Cantabria en la temporada 1927-1928.
Componentes del Barreda que ganó la Copa Cantabria en la temporada 1927-1928. / DM
ADELA SANZ

Nadie podía adivinar allá por 1863, cuando Ernest Solvay fundó la primera fábrica de sosa en la localidad belga de Couillet (Charleroi), que 54 años más tarde, con la empresa ya bien crecida e implantada en varias ciudades de Europa, iba a tener tanta incidencia no sólo en la economía cántabra, sino también en su deporte. Como nadie podía imaginar que uno de sus empleados, en concreto Eduard Leroy, un ingeniero nacido en Ixelles, en la periferia de Bruselas, iba a convertirse en el fundador de un equipo de fútbol que ahora cumple su centenario convertido en un clásico del fútbol cántabro, como lo es también su emblemático campo de fútbol.

El joven ingeniero llegó a los 24 años a Barreda, donde la empresa se había asentado en 1908, como jefe de los laboratorios químicos. Probablemente ni siquiera él mismo preveía la importancia que iba a tener su incorporación a la planta de Solvay para los aficionados a un deporte que habían traído los ingleses décadas antes y que empezaba a asentarse poco a poco en toda España y, en concreto en Cantabria, que ya había alumbrado a los que serían sus dos grandes símbolos futbolísticos: Racing y Gimnástica.

Y todo porque al margen de la ingeniería la otra gran pasión de Leroy era el fútbol. Fue él, junto a varios trabajadores de la planta de Solvay, el que escribió las primeras palabras de una historia que ya ha alcanzado el rango de leyenda y que recién acaba de estrenar los primeros cien años. Fruto de ese entusiasmo, el 3 de julio de 1917 nacía la Sociedad de Foot-Ball Barreda Sport, germen del club que más tarde pasó a denominarse, ya castellanizado, Barreda Balompié, nombre con el que se conoce desde entonces al cuarto equipo de fútbol más antiguo de Cantabria y por tanto uno de los históricos.

En sus cien años de historia sólo ha tenido nueve presidentes, dos de ellos belgas

Y es que aquella semilla que sembraron el ingeniero belga y sus compañeros ha logrado sobrevivir hasta el presente, unas veces con mayor y otras con menor fortuna, hasta convertirse en uno de los símbolos más queridos no sólo por los habitantes del pueblo que la vio crecer hasta hacerse mayor y centenaria, sino por todos los amantes y seguidores del fútbol a lo largo y ancho de Cantabria.

El Barreda Balompié llegó para quedarse, pero no fue el primero que conocieron los vecinos del lugar. Tres años antes, en 1914, se había fundado el Sporting Saude de Barreda, que disputó su primer partido ante los londinenses del Strong Racing Club. No obstante, la fortuna no acompañó a este equipo, que tiempo después desapareció, no como el fundado después por Leroy y el grupo de trabajadores de Solvay.

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Y si el Barreda es todo un histórico no lo es menos su estadio, uno de los más pintorescos y hermosos de España, que aún conserva ese aroma fundacional de los campos de fútbol británicos, donde todavía se pueden encontrar algunos similares. Fue en 1929, exactamente el 8 de septiembre, cuando el Racing y el Sporting inauguraron oficialmente ese hermoso terreno de juego junto a la planta de Solvay, que es ya todo un templo entre los estadios de la región. Al principio los entrenamientos se realizaban dentro del recinto de la fábrica y el equipo jugaba en un descampado cercano, pero fue con la construcción del estadio cuando se le dio al club una de sus grandes señas de identidad junto a la camiseta a rayas blanquiazules y el pantalón azul. Los mismos colores que aún hoy luce la tribuna de madera asentada en hierro, de reminiscencias arquitectónicas inglesas y característica de las primeras construcciones deportivas que se levantaron en España.

Cartel de la inauguración de los campos de Solvay.

Esa grada de madera, de aspecto noble y con sabor a fútbol del de antes, ha padecido el paso del tiempo, pero todavía se conserva con un aspecto lozano, lo que hace prever que será testigo todavía de un buen puñado de partidos de fútbol. Representa parte del orgullo de un club de fútbol que presume de ser uno de los portadores de la competición de aficionados, del deporte entendido como juego y como disfrute, lejos del profesionalismo y de la mercadotecnia de la actualidad. Por eso no es extraño que el club lo haya escogido como uno de los emblemas para la celebración de su centenario.

Hitos

El Barreda, uno de los clásicos de las categorías regionales del fútbol cántabro, atravesó su momento de gloria a principios de la década de los 40, cuando se proclamó campeón de España de aficionados, y puede presumir de haber sido la cuna de uno de los futbolistas más importantes que ha dado Cantabria, Carlos Alonso 'Santillana', que tras pasar por el Racing militó en el Real Madrid en la década de los ochenta.

Quienes aman al club lo hacen por encima de la victoria y de los fracasos

Desde entonces ha logrado mucho más que asentar el deporte en la localidad de la ribera del Besaya. Y es que el Barreda Balompié, más que un club de fútbol, es un emblema para los vecinos del pueblo torrelaveguense, un motivo de orgullo con el que han logrado identificarse al considerarlo como una parte de ellos mismos.

Ese afecto es algo difícil de conseguir y poco tiene que ver con los éxitos o los logros deportivos. Quienes aman al club lo hacen por encima de la victoria y de los fracasos. Se trata, simplemente, de la identidad, de ese sentimiento de pertenencia que liga a los de Barreda con su equipo de fútbol.

Es curioso que un club tan longevo y por el que han pasado tantos jugadores, solo haya tenido nueve presidentes desde que lo fundó Eduard Leroy, entre ellos Paul Klein, Antonio Ceballos o Fernando Revuelta, hasta llegar a José Girón, que ocupa el cargo desde hace casi 35 años, toda una vida ligada al equipo de sus amores.

El Barreda ha logrado sobrevivir a su primer siglo de existencia, algo que sin duda llenaría de orgullo a aquellos jóvenes trabajadores de la fábrica de Solvay que decidieron ponerlo en marcha a principios del siglo XX. Con el recuerdo en la memoria de todos los años pasados, de todo el trayecto recorrido, es quizás el momento de arrancar una nueva hoja al calendario. Al Barreda, asentado sobre los firmes cimientos del fútbol aficionado, todavía le quedan muchos años por delante. Sin ambiciones elevadas, orgulloso de lo que es y de lo que puede, este equipo modesto pero noble, sabrá sortear las piedras que en su camino le pongan el destino o el azar, y, a la sombra de la chimenea gigante de la fábrica, quién duda que llegará a cumplir otros cien años más.

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