ATLETISMO

«Lo que he conseguido ha sido a base de trabajo, honestidad y limpieza»

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Ruth Beitia y Marcus Cooper Walz, padrinos de la Oktoberfest Madrid. / NTEAM

  • RUTH BEITIA, campeona olímpica en salto de altura

  • «Mi momento en los Juegos es cuando me tiré al foso a abrazar y besar a mi entrenador; y luego, ondear la bandera y escuchar mi himno»

  • «Que pueda seguir saltando es cada día un premio, y las carencias que tengo con 37 años las he sabido suplir con valores que extrapolo a cualquier aspecto de mi vida»

Un mes después de conquistar el oro olímpico en altura, Ruth Beitia apadrinó el jueves, junto al piragüista Marcus Cooper Walz, también campeón en Río, la Paulaner Oktoberfest que se celebra por tercer año en Madrid, donde la veterana saltadora cántabra rememoró el histórico éxito en sus últimos Juegos, aunque continuará compitiendo al menos un año más.

Ha cerrado un año memorable.

Ha sido un aire libre increíble. Campeona de Europa, olímpica y luego la Liga de Diamante. No puedo pedir más. Además, ha sido una temporada muy compartida. Veintiséis años caminando con la misma persona, con mi entrenador, Ramón Torralbo, y la sensación de que hemos recogido el fruto de nuestra vida. Él me cogió de la mano con 11 años para cumplir mis sueños, que se han convertido en realidad, y ha sido de lo más compartido.

La semana pasada aseguraba que aún no le había dado tiempo a pensar con detenimiento lo que había conseguido en Río.

Pues te vas a reír, pero ayer (por el miércoles) estuve cocinando, y cuando cocino es un momento para mí, que me relaja muchísimo. Empecé a pensar y me van viniendo ‘flashes’, pequeños ‘flashes’, momentos de la final que he vivido con las personas y momentos que me llenan. Es una pasada, porque en ese momento ocurrió todo como muy rápido y ahora voy poco a poco pensando y como haciéndome a la idea de cómo son las cosas.

¿Y cuál es el que le emociona más?

Si me tengo que quedar con un momento fue el de la escalada, cuando me tiré al foso que nos separaba a Ramón y a mí. Menos mal que había una plataforma para fotógrafos. Me tiré ahí, cogí a un fotógrafo y le dije: ‘Ayúdame a subir’. Yo creo que me quedo con ese abrazo con Ramón, porque yo soy la imagen de algo que hacemos entre dos personas al 50%. Yo estaba en la pista, pero es algo que hacemos entre los dos. Fundirnos en ese abrazo y ese beso es... Yo todavía no podía llorar, tenía que ser fuerte, porque me tocaba dar la vuelta de honor y subir al podio. Ese es el momento, y luego ondear la bandera, escuchar tu himno y que sea para ti... ¡Guau

Y a su regreso a España, ¿lo mejor es el cariño de la gente?

En Madrid, el momento de salir en el aeropuerto y que todo el mundo te muestre ese cariño y esa admiración, es increíble. Pero llegar a mi casa, el aeropuerto de Santander que es pequeño y que no cabía un alfiler, que me tuvieron que sacar para subirme a un autobús inglés de los de dos pisos y llevarme hasta la Plaza del Ayuntamiento, donde había muchísima más gente que cuando se hacen fiestas... Subir a lo alto del balcón y ver a toda esa gente coreando tu nombre, aplaudiendo y saltando contigo... ¡Uff! Ahí sí que me emocioné muchísimo, porque sientes que has hecho tu trabajo, que lo has hecho bien y que eres una privilegiada, pero que la gente lo valore con ese fervor, cariño, ilusión y entusiasmo, es un grado de excitación máximo. Eso no se paga con dinero

Ante todo, representa, aparte del trabajo, ¿la perseverancia?

Muchísimos de los valores que he aprendido en esta vida los he mostrado en este último año, sobre todo. El espíritu de sacrificio, la perseverancia... Con 37 años seguir ahí, y seguir haciéndolo bien, es la respuesta a un trabajo bien hecho de muchísimos años. Las carencias que tengo como una persona de 37 años las he sabido suplir con lo emocional y lo psicológico. Con lo físico también, porque me encuentro al cien por cien. Lo más importante es que esos valores los puedo extrapolar a cualquier aspecto de mi vida, con la familia, en el trabajo...

¿Disfrutó más que sufrió en la final?

Disfruté muchísimo. No sufrí nada. Fue tan poquito el tiempo en el que llegó mi sueño... Cuando Demireva tiró el listón y ya era bronce, ya había cumplido mi sueño. No lo vi, pero a pesar del muchísimo ruido, sí escuché el listón (de Demireva) caer. Cuando lo tiró Blanka (Vlasic), que sabes el cariño que me une a ella, que es más bien poco, fue una doble alegría. Ya era plata y superfeliz. A Chaunté (Lowe, cuarta) la temía y tampoco la miré, y cuando lo tiró la alegría fue enorme. Otro de los valores que he aprendido es el respeto por las rivales y pedí silencio para ellas, porque yo había tenido mi momento para saltar y ellas tenía que tener el suyo. Era de ley.

¿Estuvo muy obsesionada con la medalla olímpica?

Es que no era mi objetivo. Era mi sueño. Con 37 años la vida me dio una segunda oportunidad y nunca pensé que podía llegar a Río tras tocar la medalla en Londres. No me obsesiono, porque disfruto tanto... Que pueda seguir saltando para mí es cada día un premio. Levantarme cada día con la sensación de que tengo ganas e ilusión por ir a entrenar es magnífico. Tras volver en 2012 y no tener ninguna piedra en la mochila, cada día es una oportunidad para ir a entrenar y competir.

Ahora le queda otra que se ha fijado usted misma, el oro mundial del próximo año.

Sí, pero eso fue un poco en plan gracioso. Es decir: ‘¿Qué es ahora mi nueva motivación?’ Nunca hemos sido campeones del mundo y tenemos la oportunidad el año que viene en Londres... Pues venga, a por ello (se ríe). Vamos a empezar una nueva temporada con expectativas, ilusión y ganas.

¿También disfruta con los homenajes?

Me encantan. Siempre he confesado que una cerveza al día me tomo después de entrenar. Después del oro me quejé porque mi gente se había ido a tomar una caña sin mí y eso ha traído cola. Tras la vuelta de honor me salté el protocolo y pedí que me dejasen volver donde ellos, porque necesitaba volver a verles, a mi entrenador, a mi psicológa y a mi representante. Pregunté dónde estaban, me dijeron que se habían ido a tomar una cerveza y me salió del alma decir: ¡Qué cabrones, que me llevan una! (carcajadas). Ese día podía decir lo que quisiese.

Ahora ya nadie puede negar que es la mejor atleta española de la historia.

Ya se podía decir antes, ¿no? Me considero una privilegiada. Está muy bien todas las cosas que estoy consiguiendo y que con mi edad vaya consiguiendo cosas que nadie ha logrado. No sé si soy o no la mejor atleta española de todos los tiempos, pero no me siento tan orgullosa de lo que he conseguido, sino cómo lo he conseguido, a base de trabajo, honestidad y limpieza.