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El síndrome del bolista

Isidro García ‘Killo’, en la bolera de la Federación Cántabra.
Isidro García ‘Killo’, en la bolera de la Federación Cántabra. / Celedonio Martínez
  • El preparador físico Isidro García explica en su tesis doctoral por qué muchos jugadores sufren problemas de espalda y cómo evitarlo

Se llama síndrome de isquiosurales cortos. Aunque la mayoría de jugadores de bolo palma lo padece, casi ninguno ha oído hablar de ello. Se trata de un problema que aparece en un músculo que conecta la rodilla con la cadera y que suele provocar importantes problemas de espalda. No en el hombro o en el brazo, como podría pensarse por los movimientos que se realizan en los corros. Los futbolistas suelen padecer pubalgias y los tenistas dolencias en el codo. Este es el síndrome del bolista.

Aunque el dolor de espalda es algo habitual en el gremio, no se había hecho un estudio exhaustivo sobre sus causas. Hasta ahora. Isidro García, un profesor y preparador físico de Cádiz y de abuelos cántabros –se acercó a las boleras durante sus veraneos en Lamadrid– que por motivos laborales ha vuelto a Cantabria. 'Killo', como se le conoce en los ambientes bolísticos, acaba de publicar una tesis doctoral elaborada a lo largo de los últimos diez años en la que profundiza en esta dolencia y da algunas claves sobre cómo actuar para que los jugadores puedan practicar este deporte sin consecuencias en su salud.

Sabía de la relación entre el bolo palma y los problemas de espalda, pero fue su amigo Isaac López, jugador de División de Honor, quien le animó a profundizar en el asunto. La hipótesis de la que partía era muy clara: "El hecho de repetir determinados movimientos durante miles de veces a lo largo de una temporada sin el calentamiento específico previo provoca el acortamiento de este músculo, lo que hace que se modifique la curvatura de la espalda y que aparezcan hernias discales o lumbalgias". 'Killo' precisa que este síndrome de isquiosurales cortos puede aparecer en todas las personas, pero los porcentajes entre los bolistas demuestran la relación entre el juego y esta dolencia.

Ningún estudio previo

Sin ningún tipo de estudio científico previo –la primera tesis doctoral sobre la medicina deportiva aplicada a los bolos– y sin bibliografía a la que consultar, el método de trabajo fue puramente empírico. Cogió dos muestras. Por un lado, 40 jugadores de Segunda y Tercera Categoría de entre 25 y 45 años, y por otro, un conjunto de 40 personas –un grupo de control, como se denomina científicamente– que realizara alguna actividad física al menos tres veces a la semana. Los resultados, después de medir la talla, el peso y realizar cuatro pruebas diferentes para valorar la extensibilidad del isquiosural, confirmaron sus sospechas.

En el segundo grupo, apenas aparecía este problema, en el primero, la cifra llegaba hasta cerca del 80 por ciento. Y también se comprobó que los problemas de espalda eran mucho más frecuentes entre los bolistas. Sólo ocurre algo similar en otras disciplinas como el piragüismo, donde el asunto sí que está analizado, pero con porcentajes muy inferiores. Estas personas, con el tiempo, tendrán más posibilidades de tener lesiones graves en la espalda si no se corrigen los hábitos inadecuados.

El remedio, estirar

"Es cierto que los jugadores de División de Honor son ahora mucho más profesionales que hace algunas décadas, cuando esto no era un deporte sino un entretenimiento. Antes se tomaban un blanco y después, sin calentar, iban a la bolera y empezaban a tirar", detalla 'Killo', que afirma que entre la élite del bolo palma de hoy el problema no es por falta de preparación física. Todo viene de que no se trabaja adecuadamente el músculo de la discordia. "Es relativamente sencillo evitarlo. Con diez minutos antes de coger las bolas sería suficiente. Da igual que vaya mucho al gimnasio y esté en forma si no trabaja esta parte con estiramientos específicos", matiza.

A partir de ahora, la idea de 'Killo' es seguir profundizando en el asunto de la mano de los clubes de División de Honor. Quiere iniciar una colaboración mutua. Por un lado, que los jugadores participen en el proceso de recopilación de nuevos datos con una muestra más amplia y profesionalizada. "Los resultados serán anónimos, no importa el nombre sino los números que obtengamos. Así no se crean suspicacias que puedan afectar a los fichajes o las renovaciones", aclara el preparador físico, que cuando intentó hacer el estudio inicial con jugadores de Primera Categoría encontró recelos. Por otro, a cambio, él se encargará de ofrecer unas clases prácticas con técnicas para que el síndrome de isquiosurales cortos deje de ser también el síntoma del bolista.