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Los guardianes de la afición

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De izquierda a derecha, Jaime Piris, Juan José Hurtado, Fernando Echávarri (oro olímpico en 2008 y vencedor del Trofeo Presidente), Mario Ruiz de Villa, Gustavo Arce, Sofía Núñez y Elías de la Corte. / María Gil Lastra

  • Los campeones lamentan la merma en la flota de cruceros, pero confían en que más barcos se animen a dar el salto de la travesía al campeonato

  • Los vencedores del circuito animan a movilizar el mundo de la vela para sumar más barcos en competición

Por mucho que los avatares de una competición como el Circuito Montañés recuerden lo emocionante de una jornada de vela en la bahía santanderina, aún hay una afición latente que se resiste a dar el salto que supone pasar de la travesía a la prueba seria. "Notamos que la flota de cruceros ha descendido de forma drástica en este tipo de campeonatos. Es una pena porque hace 20 años hubo un tiempo en que salían al agua hasta 20 barcos". Gustavo Arce, de 'Compesca', campeón del Circuito en la clase b de J80, mira con nostalgia ese pasado cuando la afición parecía más fuerte en la flota de la capital cántabra. "Ahora hay otros clubes que organizan regatas y está muy bien que las organicen porque generan afición. Son más bien travesías, paseos donde la competición pasa a un segundo plano". "Esos ejercicios son buenos porque sacan barcos a la bahía. Pero sería deseable que no coincidieran con las fechas de las competiciones que se organizan desde el Real Club Marítimo de Santander". Sobre todo porque siempre habría algún valiente que se atrevería a dar el salto de ese recorrido contemplativo que pone en marcha el Club Marina del Cantábrico a la prueba seria del Circuito Montañés.

Todos los ganadores del Circuito Montañés 2016 en vela pesada coinciden en esa misma idea. Son Elías del Corte, campeón con 'Karen 5' en crucero clase club; Sofía Núñez y Gustavo Arce, que con 'Compesca' lo han logrado en la clase b de J80; Mario Ruiz de Villa, vencedor con 'Airam 5' del título en IRC 3; Juan José Hurtado, primero de IRC 1 con 'Yamamay' y Jaime Piris, campeón con 'Mercury' en clase J80.

"Lo que más falta nos hace es que se recupere un poco de afición. Necesitamos que a la gente le rente salir al agua todos los fines de semana, porque a veces es complicado tener regularidad durante todo el año", destaca Jaime Piris. No es solo cuestión de apetencias personales. A veces pesa más la incapacidad de lograr una tripulación regular, que disponga del tiempo y las ganas para comprometerse con un barco.

"Días como hoy (se refiere al domingo), en que el viento es fuerte y hay que tener experiencia en esto, es complicado subir con un equipo que no tenga la suficiente experiencia, o que carezca del conocimiento mutuo suficiente para articular bien los movimientos y las decisiones. Eso, el problema de la tripulación, creo que es el que más pesa a la hora de salir al agua", se suma Juan José Hurtado. Más difícil lo tienen los barcos más grandes, los que precisan de un equipo más numeroso.

No es falta de dinero

La crisis o cualquier atisbo de problema económico hace tiempo que parece que dejó de ser importante. "Los barcos están ahí, lo que hace falta es ganas de salir a navegar", reivindica Mario Ruiz de Villa. Pero enseguida encuentra la réplica: "En todo caso hay que mantenerlos, comprar las velas, arreglar los desperfectos. Y todo eso lleva dinero, Mario", le añade Elías de la Corte.

Un pequeño atisbo de esperanza podría residir en la cantera, pero tampoco parece que vaya a servir de solución a la necesidad de impulsar las flotas. "La gente joven está en las competiciones de vela ligera y es durante los fines de semana cuando se programan también las regatas que les corresponden a sus clases", explica Gustavo Arce. "Es comprensible que les resulte complicado conjugar ambas competiciones. Pero el deseo de quienes tenemos ya unos años sería que más jóvenes se atrevieran a sumarse de vez en cuando a las tripulaciones para que aprendieran", desea.

Para algunos puede ser una cuestión de inseguridad, de temor, de pereza por adentrarse en un escenario nuevo que les requeriría abandonar la zona de confort. "Pero también hay mucho de que la gente de mi edad está cómoda en la vela ligera, con su barco, donde ellos son los completos responsables", confiesa Sofía Núñez, una de esas aventureras que sí ha decidido dar el paso. "A la mayor parte de la gente joven no le gusta pasar a un segundo plano en un barco grande. Prefieren ser los completos responsables de sus victorias o sus derrotas en uno más pequeño. Probablemente habrá quien nunca cambie porque se sienta más cómodo así, es comprensible", remarca.