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Javier de Juan placa a un jugador del Alcobendas, observado por el apertura Mariano García. / Andrés Fernández

El Senor se estrella contra la lógica

  • El Alcobendas apabulla en una gran segunda parte a un equipo cántabro muy mermado por las bajas

  • Los verdes aguantaron a los madrileños en la primera mitad, pero no pudieron contener en la segunda a un equipo llamado a luchar por los títulos esta temporada

Ni el sol, ese sempiterno espectador de San Román, acertaba a caldear el ánimo en unas caras llenas de tristeza. Y no porque se hubiese perdido un partido por un error puntual. No había gestos de rabia, sino de resignación. La constatación de que esto es lo que hay y esto es lo que toca este año. El Senor, con una plantilla más ajustada que en otras temporadas y a lo que se ha unido una plaga de lesiones jamás vista desde que está en División de Honor, con hasta tres jugadores que ya han dicho adiós a la temporada, no está para más que para –eso lo hacen siempre– dejarse hasta la última gota de sudor en cada partido. Trabajo y ganas sin límites. Pero esta temporada, no basta. Ayer, otro de los equipos llamados a hacer cosas importantes en esta División de Honor, el Sanitas Alcobendas, le dio un buen repaso a los santanderinos al vencer por 19-55. Un sopapo en toda regla labrado sobre todo en una gran segunda parte, en la que los madrileños desarbolaron a los cántabros con seis ensayos. Aunque en el rugby todavía son importantes esas palabras de respeto, caballerosidad, etc., también rige la que gobierna el mundo: dinero. Los madrileños cabalgan esta temporada con un presupuesto mucho más generoso que el de los cántabros. El resultado, de doce partidos que han jugado en la Liga, once victorias.

San Román recibía a los suyos en el primer partido del año con poco ambiente. El Alcobendas, un nuevo rico en esta División de Honor, aún no tiene el nombre del Quesos o El Salvador y en la grada, en el fin de semana tras todos los festejos navideños, se estaba en familia. Al formar los dos quinces sobre el sintético verde, a más de uno se le atragantó el pincho de tortilla y la cerveza. Los madrileños parecían un ejército de clones. Altísimos y fortísimos casi todos ellos. A los tres minutos del comienzo, Brad Linklater, un habitual de la selección española, ponía con un golpe de castigo el 0-3 para el Alcobendas.

Los madrileños maniataban a un equipo cántabro que apenas pasaba de medio campo. A la mínima que podía, la tres cuartos visitante movía el balón con mucho más acierto. Pero en esos primeros compases apareció un protagonista de lo más inesperado. Íñigo Atorrasagasti, uno de los mejores árbitros de España, exasperaba una y otra vez a la parroquia verde. Golpes de castigo que en vez de para un lado eran para el otro, fueras de juego de la línea defensiva rival... Fue tras una de esas protestas cuando después de una melé arrasada por la primera línea visitante, Diego García agarró el oval para posarlo en la zona de marca del Senor. Con la transformación de Linklater, el 0-10.

El Senor no le perdió la cara al partido. Y poco a poco, fue ganando metros. La grada celebró, con una sonora rechifla, que a los 24 minutos ‘Atorra’ pitaba el primer golpe de castigo favorable a los de casa. Mariano García lo pasó para el 3-10. Cinco minutos más tarde haría lo propio con otro ‘penal’ para el 6-10. Y el Alcobendas acusó el golpe. Como si el guión previsto se rompiese. Para más inri, Juan Manuel Esteban dejaba a los madrileños con uno menos durante diez minutos en el 32 de la primera. Poco después, Mariano pasaba otro golpe de castigo para el 9-10 e incluso pudo poner en ventaja a los cántabros con otro pateado desde medio campo, que no entró. Con la diferencia que a priori se presuponía entre ambos equipos, parecía casi imposible estar tan cerca en el marcador.

Pero al Senor le faltaban los habituales contratiempos de cada jornada. Berni Vázquez, uno de sus primeras, se retiraba con el hombro derecho tocado. Otro más a la lista. Con igualdad numérica, el Alcobendas espabiló en esos apenas dos minutos que quedaban. Y la calidad de los madrileños es mucha. Tras una jugada que inició Perico Martín el balón le llegó a Linklater, que con un par de quiebros sentó a cuatro de los verdes para ensayar bajo palos. El mismo transformó para el 9-17 con el que terminó la primera parte.

Un vendaval

El partido se terminó nada más empezar la segunda parte. El Alcobendas movió el balón con mucha solvencia para hacérselo llegar a Diego García, que ensayó por el lado izquierdo. Linklater transformó par el 9-24. Y justo tras eso, se veía a Lucas Santa Cruz encarar el ‘sin bin’ para cumplir con una expulsión de diez minutos. El Senor se quedaba con uno menos y se le abría la tierra bajo los pies.

Los madrileños olieron sangre y esos tipos altísimos y fortísimos que se veían sobre el campo empezaron a desplegar un rodillo en ataque. A cada jugador que llevaba el oval le secundaban otros tres o cuatro compañeros. Comenzó así una tunda que al Senor le va a costar olvidar. Londoño, Jacobo Martín, Mateu, Perico Martín en otra de sus carreras estilo ‘correcaminos’ y otra vez Mateu ensayaron y se ensañaron con los cántabros. En una demostración palpable de ese ‘esto es lo que hay’, tuvo que ser Emiliano Quevedo, un hombre de la casa llamado a toda prisa para completar la convocatoria, el que consiguiese en el último minuto del partido el ensayo del honor para el Senor, que transformó Mariano para el 19-55 final y que dejó hasta al sol de San Román con cara de resignación. Su equipo, aunque bravo a más no poder, no está para demasiadas fiestas en esta temporada ni para luchar contra la lógica que impone el dinero.

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