Bolos

El histórico póquer de Arenal

En 1976 ganó los Campeonatos de España y de Cantabria tanto en categoría individualcomo por parejas, juntando así las cuatro grandes coronas en una misma temporada

JAVIER SANTAMARÍA

En los primeros meses de 1976, mientras en todo el país se vivía con ansiedad la incertidumbre del momento político que trataba de promover el cambio hacía un modelo democrático, lo bolístico se veía significado por la llegada de Juan Álvarez a la presidencia de la Federación Cántabra y por dos noticias que la Delegación Nacional de Deportes hacía públicas queriendo destacar la pujanza que mostraba nuestro juego en la entonces provincia de Santander.

Una para celebrar que en el ámbito local los bolos tuvieran un total de 9.039 fichas federativas en el conjunto de todas sus modalidades, y la otra para anunciar que, tras muchos planteamientos fracasados, se había llegado al acuerdo por el que ese organismo aportaba la mitad de los fondos para construir la bolera cubierta de Torrelavega, en tanto que el otro 50% lo asumía el Ayuntamiento de la ciudad. De esa manera parecía que por fin se harían realidad los viejos anhelos de aficionados y jugadores, dándoles la posibilidad de disfrutar de los bolos también en los meses de invierno.

Fue un año que luego se vería significado en lo deportivo por el póquer de títulos que acaparó Lucas Arenal en una temporada espectacular donde ganaba los cuatro grandes campeonatos oficiales para marcar el hito histórico que suponía el que por primera vez un jugador lograra semejante hazaña. Junto a los dos títulos de parejas que ganó con Linares, el brujo de Escobedo de Villafufre completaba ese año la que sin duda fue la mejor temporada de su carrera cuando también conquistaba los dos campeonatos individuales.

El 4 de agosto ganaba el campeonato provincial que apenas un mes antes habían iniciado los setenta y cinco jugadores que pisaron los corros de Mallavia y la Bolística con el afán de conseguir una de las quince plazas que permitían acompañar a Calixto en la fase final que después tendría su desenlace en la bolera de la fábrica Nueva Montaña Quijano. Tiradas que dejaron como notas destacadas la eliminación de Ramiro en la que sería su última participación en un campeonato provincial, y la percepción del relevo generacional que suponía la clasificación de nuevos valores como un jovencísimo Florentino, que tras acreditar un brillante historial en otras categorías debutaba en la fase final de un campeonato grande para redondear aquella temporada donde ya había ganado la liga con la Bolística.

Calixto empezó su defensa del título embocando dos veces para firmar el sensacional concurso de 159 bolos que le daba una renta que luego no pudo hacer definitiva. Y no menos sensacional fue el arranque de Santos cuando cerraba un registro de 134 bolos cuajando en el birle la espectacular jugada donde superó el handicap de dos bolas quedas. Lo más llamativo de la segunda vuelta fueron los 133 bolos de Rugarcía, el mejor concurso de aquella ronda, y los apuros de Florentino para derribar los 115 palos con que apeaba a Ingelmo de los cuartos de final por uno.

En esta fase se vivió la clave del campeonato cuando Calixto hacía 108 y permitía que Arenal le acosara en la clasificación tras la espectacular reacción que reflejaba la vuelta de 137 con que se metía en semifinales junto al propio Calixto, Miguel y Santos. Una vuelta que estos últimos se plantearon a tumba abierta buscando la jugada grande que les llevara a la final, y que cerraron con registros de 111 y 108 que no obligaban a nada y permitían que Arenal entrará en la final con tres bolos sobre un Calixto incapaz de superar el pinchazo de los cuartos de final. Ambos protagonistas llevaron la emoción a las gradas de la bolera de Nueva Montaña cuando en la tercera mano Calixto sólo hacía seis tras dejar una bola en la caldera, lo que supo aprovechar su rival para tomar la ventaja con la que parecía sentenciar.

Pero todavía no se habían apagado entre los aficionados los comentarios de estas jugadas, cuando el coloso de Roiz encontraba el emboque que andaba buscando y conseguía equilibrar un marcador que se mantuvo igualado hasta que Arenal resolvía de manera espectacular el birle de su sexta mano, elevando su renta a los ocho bolos que ya fueron definitivos para darle el que entonces le suponía su segundo título provincial con un total de 649 bolos. Apenas dos semanas más tarde eran veinticuatro jugadores de siete federaciones los que en la misma bolera peleaban un título nacional significado por el juego irregular que muy pronto dejaba sin opciones a los demás favoritos y llevaba hasta la final a los mismos protagonistas del provincial. Aquel intratable Arenal quería ganar su cuarto campeonato nacional y conseguir además algo hasta entonces inédito, como era el pleno de los cuatro títulos en la misma temporada. Afrontaba la final con esos objetivos y con el exiguo margen de un bolo, pero confiando en la presunta ventaja anímica que le suponía el que su rival pudiera jugar condicionado por la ansiedad del que ya conocía el amargor de perder tres finales de un campeonato de España, dos de ellas precisamente ante él.

Contrarios a esa percepción, muchos espectadores confiaban en que a la tercera sería la vencida, pero se desengañaron pronto, cuando vieron como ya desde las primeras tiradas a Calixto parecieron pesarle demasiado los recuerdos de los campeonatos que se le escaparon. Y aunque en muchos momentos la diferencia que marcó su rival se mantuvo dentro de un margen recuperable, en ninguno de ellos dio la sensación de poder recuperarse para tener opciones de ganar aquel título nacional que perdió por quince bolos después de hacer nueve y ocho en sus dos últimas manos. De esta manera Arenal hacía historia en 1976, siendo el primer jugador que completaba el Grand Slam bolístico que supone el ganar los cuatro títulos oficiales en la misma temporada.

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