Baloncesto

«Jugábamos con falda y pololos»

Concha Santamaría, primera jugadora de baloncesto cántabra. /Roberto Ruiz
Concha Santamaría, primera jugadora de baloncesto cántabra. / Roberto Ruiz

Concha Santamaría fue una de las jugadoras del primer equipo de baloncesto femenino de Cantabria, formado en 1937, en plena Guerra Civil

Leila Bensghaiyar
LEILA BENSGHAIYARSantander

Cuando Concha Santamaría (Santander, 1923), o Conchita, como le gusta que le llamen, pone la memoria a funcionar le sale un puñado de recuerdos que a sus 95 años no son pocos. Fue una de las pioneras que en 1937, mientras el país estaba inmerso en la Guerra Civil, formó parte del primer equipo cántabro femenino de baloncesto, donde vestía el dorsal número '3'. Un deporte que la robó el corazón y que nunca olvida. Claro que el baloncesto tampoco olvida a Conchita. Precisamente este año es una de las protagonistas de la portada del anuario del baloncesto cántabro.

-1937. Plena guerra civil. ¿Cómo surge formar un equipo de baloncesto?

-En ese momento Santander era ya zona nacional, así que hacíamos lo que nos mandaban. No lo que nos decían desde Madrid, porque allí aún era zona roja, pero nos comentaron que teníamos que hacer un equipo de baloncesto y eso hicimos. 'Viene un señor a entrenaros' nos dijeron, y así fue. Era de América del sur y yo, que fui la primera que empecé con estas cosas con 14 años, le llevé al instituto Santa Clara, donde había unas canchas, no tan grandes como las que hay ahora, pero nos valía. Ahí entrenábamos, porque se juntaron unas cuántas más conmigo. Éramos seis, las cinco titulares y una más que era la suplente.

-¿En qué posición jugaba?

-Yo era base y era también la capitana. Había dos chicas más que me arropaban mucho y las tres nos combinábamos divinamente. Las demás también lo hacían bien, pero nosotras éramos tremendas. De hecho, cuando fui algo más mayor me fui al equipo nacional de Madrid. A mí es que siempre me ha gustado el baloncesto. Yo si cojo el balón soy feliz.

-Y ahora protagonista de la portada del anuario...

-Sí. Ha sido estupendo pisar la cancha de nuevo. Aunque ya no tengo la vista que tenía antes me animé y lancé dos tiros. ¡Y rocé el aro!

«Muchas veces íbamos al antiguo campo del Racing y allí teníamos los partidos»

-¿Recuerda quienes eran sus compañeras de equipo?

-Sí, claro que sí. Eran Amelia Maestro, Pepita Ortiz, Elena Amo, Carmelina, Charo y Pepituca. Y si alguna de ellas me reconoce me gustaría que se pusiesen en contacto conmigo, porque la verdad es que me acuerdo mucho de ellas.

-¿Qué fue lo que la apasionó del baloncesto para seguir practicándolo?

-Pues todo. Encuentro que es el mejor deporte y el más completo para que la mujer. Haces ejercicio con todo el cuerpo: manos, brazos, cabeza, piernas... Todo. Y también la mente, porque hay que estar espabilado para leer el juego y saber quien se desmarca y buscar a las compañeras. A mí me intentaron fichar para irme a otros deportes, pero no me convencieron.

-Si comenzaron como el primer equipo de baloncesto de Cantabria ¿contra quien disputaban los partidos?

-Empezamos solo nosotras y más tarde ya jugábamos contra las de Torrelavega, que formaron un equipo después. Es que no había más. Recuerdo que eran muy buenas chicas y también muy buenas jugadoras. Muchas veces íbamos al antiguo campo del Racing, el de madera, donde jugaban los futbolistas, pero había dos canastas también y ahí teníamos los partidos. Luego a otro sitio que se llamaba el Frontón. Más tarde también organizábamos campeonatos. Hubo uno importante, que aglutinó a casi toda la zona norte. Vinieron desde San Sebastián, Bilbao, Burgos, Logroño... Y nosotras quedamos las primeras. Todas esas niñas de los equipos se hospedaban en el hotel Roma, que estaba en El Sardinero y tenía una cancha. Así podían entrenar.

-¿Cuál es el mejor recuerdo que guarda de aquella época?

-Tengo muchos, pero me acuerdo con especial cariño de una vez que fuimos a un campeonato a Madrid y quedamos las últimas. Nos dieron una paliza de miedo en el Liceo Francés. Y yo pensé: 'Para qué voy a seguir jugando ya', y me senté en el suelo porque me dio un ataque de risa. Y las niñas me llamaban: 'Conchita, Conchita...' y yo las decía: 'Anda y dejarme ya, que ya no hacemos nada'. Toda ahogada de la risa. Nos vinimos con la tristeza de haber perdido en Madrid, pero por lo demás nos lo pasamos muy bien. Eso sí, al entrenador rival le dijimos que si se le ocurría venir a Santander le tirábamos a la Machina.

-Y en aquella época ¿Cómo era su uniforme?¿Usaban pantalones?

-No, que va (risas). Primero jugábamos con falda y pololos. Luego, cuando éramos más mayores, con 18 años, ya usábamos falda pantalón. Lo bueno es que nadie vino a decirnos, 'oigan que tiene que llevar esta equipación'. No. La escogimos nosotras.

- Además de jugadora, usted también fue entrenadora.

-Sí, cuando acabó la guerra. Fui a Madrid para hacer un curso de entrenadora que se impartía en Ciudad Lineal y duró tres meses. Allí nos formamos para poder enseñar a chicas más jóvenes en nuestras regiones. ¡Hasta salimos en el No-Do!

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