El racing en segunda

Manteo y vuelta al ruedo

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Iñaki es abrazado por los aficionados / Javier Cotera

  • La alegría desborda a los aficionados, que terminaron invadiendo el campo después de unos ocho últimos minutos interminables

Han sido ocho minutos de angustia hasta que ha estallado el delirio. Desde que el gol ha subido al marcador, hasta el pitido final la alegría ha estallado, pero controlada. Luego ha sido la locura, gritos, lágrimas, saltos en las gradas y carreras en el campo. Los jugadores se han abrazado unos a otros y luego se han reunido en el centro del campo, donde se han vestido con unas camisetas conmemorativas en las que se podía leer “¡Volvemos!” y el escudo del Racing dentro de un corazón. Y también bailes, pelucas de colores y besos y más abrazos.

Entonces los jugadores se han dirigido al Fondo Norte a saludar y devolver el apoyo a los aficionados de La Gradona, que una vez más ha sido un empuje incansable durante todo el partido.

La imprescindible vuelta al campo saludando a aficionados, empleados y familiares ha sido parte de una celebración que ha destado unas ganas contenidas de fiesta. Y vuelta al centro del campo para cumplir con otro ritual ineludible: mantear al entrenador del Racing, Paco Fernández, líder de un grupo que ha remontado la época más negra del racinguismo

A pesar de que desde el club y las peñas se había pedido calma a los aficionados para evitar la invasión de campo, toda cautela ha sido vana. Muchos aficionados no han podido contenerse y han saltado al césped de El Sardinero para celebrar el triunfo.

Los jugadores ha sido llevados a hombros y en volandas a los vestuarios, de donde han salido al cabo de una hora para la gran celebración en la plaza del Ayuntamiento de Santander.

Pero la fiesta había empezado mucho antes, durante la mañana en las calles de Santander y al inicio del partido. Los jugadores del Racing fueron recibidos al saltar al terreno de juego con todo el público cantando el "himno" oficioso del Racing, "La fuente de Cacho", y un gran mosaico verdiblanco que se extendía por las 22.222 localidades del estadio.

Como ocurrió hace 22 años, cuando el Racing ascendió a Segunda con un gol en propia puerta del Getafe, los cántabros, pese a dominar durante todo el partido, se beneficiaron de un autogol del Llagostera, en un saque de esquina, a dos minutos de cumplirse el tiempo reglamentado.

El empuje de la afición en la recta final del partido fue el acicate que necesitaban los hombres de Paco Fernández, que mediada la segunda parte empezaron a dar síntomas de cansancio ante un rival que se defendía con orden. Así, después de que estrellar un balón en la cruceta y de que Koné desperdiciará una doble ocasión muy clara, solo ante el meta catalán, llegó el gol en propia puerta que hizo que se desatara la euforia entre la hinchada racinguista.

Un justo premio para un equipo y una afición que se han unido como nunca esta temporada, primero para echar al consejo de administración que presidía Ángel "Harry" Lavín y también para lograr un ascenso del que, en buena parte, puede depender la supervivencia del Racing.