Laro Setién, antes de saltar al campo.
Laro Setién, antes de saltar al campo. / Javier Cotera

La saga de los Setién continúa

  • Laro debutó ayer con el primer equipo racinguista, mientras su padre, Quique, presenciaba el partido en la grada

El parón liguero en Primera División lo hizo posible. Quique Setién, desde Las Palmas, aprovechó el tiempo de asueto en la ‘Liga de las Estrellas’ para acudir a ver, a los Campos de Sport de El Sardinero, al equipo de sus amores, su Racing, condenado a un fútbol mucho más modesto. Pero la de ayer no fue una visita cualquiera. Su hijo, que prefiere que en el fútbol se le conozca como Laro y no como Setién –un apellido así tiene que pesar en el fútbol– podía debutar con la camiseta verdiblanca en partido oficial. Y así fue. Y Quique, que vive a miles de kilómetros de Santander, pudo presenciarlo.

Hace casi 39 años le tocó debutar a él. Nando Yosu le dio la alternativa. Entonces no había teléfonos móviles para inmortalizar el momento. En esta ocasión, el padre grabó la salida del pequeño de la saga al césped de los Campos de Sport de El Sardinero.

Tuvo apenas diez minutos para demostrar. Seguramente, no serán los únicos de una temporada que se antoja muy larga. La afición tiene puestas muchas esperanzas en él y en su pierna zurda, al contrario que su padre. Los ‘10’ diestros siempre han sido minoría.

Laro, que sustituyó a Héber, trató de desbordar por la banda derecha y arrancó los aplausos de la grada. Lo mismo que cuando mandó dos centros al área que no encontraron rematador. Fueron pocos minutos, pero intensos. En su cuenta de Twitter, tras el encuentro, y ya en frío, dejó su impresión. Rápida y al pie, como los pases de su padre:«Qué pasada».

El de ayer es el inicio de la secuela. La continuación de la saga. Quique se convirtió en un mito del racinguismo. Laro quiere llevar su propio camino. De momento, ante el Pontevedra, dio un primer e importante paso.