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Órdago a la Copa

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El gallego Héber celebra con el público su gol, el segundo del Racing. / Andrés Fernández

  • El Racing apuesta fuerte por el torneo del KO y elimina al Llagostera con menos holgura de la merecida

  • Raúl Domínguez debutó como jugador verdiblanco en la portería y Caye Quintana se estrenó en el once con un gol

Lo anunció en la rueda de prensa previa al partido y no iba de farol. Cuando a Ángel Viadero le hablaron de la Copa del Rey no dijo ‘paso’. El entrenador cántabro, de primeras, lanzó un órdago por el torneo del KO. Salvo por el debut de Raúl Domínguez en la portería y el estreno del último en llegar, Caye Quintana, como titular, el técnico verdiblanco puso sobre el tapete verde de El Sardinero las cartas que ha venido utilizando con más asiduidad. Ni siquiera la inminente visita al Racing de Ferrol, uno de los principales candidatos al título liguero, hizo dudar al míster. A estas alturas, no hay cansancio. El Racing apostó fuerte por la Copa ayer frente al Llagostera. Ganó la partida y pidió otra ronda.

El torneo, siempre con un toque especial, volvió a los Campos de Sport después de más de dos años y medio. Desde el histórico plante de enero del 2014, no había vuelto el fútbol de bocadillo de tortilla y bota de vino corriendo por la grada en El Sardinero. Y el Racing quiso aprovechar la ocasión para reconciliarse con la competición. La sanción de la Federación y el desastre de Laredo el pasado año habían minado una relación que, no hace tanto, trajo dos semifinales para los verdiblancos. Y enfrente, el Llagostera que acompañó al Racing en el último viaje a Segunda División. Dos amigos. Un abrazo. Pero, por la puerta de la tercera ronda, ayer sólo entraba uno y el equipo cántabro metió cuerpo.

El inicio racinguista no fue tan arrollador como el del domingo anterior frente al Pontevedra. En El Sardinero tampoco hubo galerna. Esta vez Viadero se sacó de la manga el as de ir madurando poco el partido. El equipo cántabro dominó desde el arranque. Con constancia y con las ideas claras. Martilleo continuo. De hecho, como ante el conjunto gallego, el Racing empezó siendo una alegoría a la efectividad. Luego perdieron ocasiones suficientes para haber vivido una velada mucho más plácida. Los verdiblancos abrieron el marcador, prácticamente, en la primera ocasión de que dispusieron. Porque antes del gol no hubo que destacar nada más que un lanzamiento de falta de Dani Aquino que no encontró portería. el gota a gota montañés hizo rebosar el caldero. Borja Granero se animó a actuar de extremo izquierda. Arrancó, metió una marcha más y, ante la imposibilidad de hacer la diagonal hacia la portería, se fijó como destino la línea de fondo. Sabía que alguien llegaría a posición de remate y su pase se encontró con un Caye Quintana que llegó y besó las mallas. Minuto 29. Por delante en el marcador, todo se ve mucho mejor. El onubense pudo ampliar su bagaje anotador y cerrar el primer tiempo con una segunda diana. Realizó un gran desmarque ante el pase de Dani Aquino, pero su remate, centrado, lo atrapó sin problemas Ratti.

No se demoró el segundo

De todas formas, no se demoró mucho el segundo tanto racinguista. Borja Granero, que ayer recuperó las buenas sensaciones y se convirtió en el mejor del Racing, volvió ser mano tras el descanso y repartió otro gol entre sus compañeros. Esta vez, abriendo la pelota hacia la izquierda, donde estaba Héber. El gallego no necesitó un comodín. Fue como Chris Froome y su molinillo. Pero sin potenciómetro. El extremo le enseñó la bicicleta a su par, demarró y cruzó un disparo al área que se convirtió en el segundo tanto. Pareció la sentencia y la compra del billete a la siguiente ronda.

Pero no. El hasta entonces flojo Llagostera no había enseñado aún todas sus cartas. Mientras los jugadores racinguistas pedían al colegiado una de las múltiples faltas que dejó sin señalar, el equipo catalán montó una contra. Mikel Santamaría se equivocó en el marcaje y Cano acabó recortando distancias y devolviéndole la emoción al partido. Visto lo visto, era injusto, mas en el fútbol, como en las cartas, la fortuna y el oportunismo, también juegan.

La de ayer era una noche especial para Borja Granero. Al fin y al cabo, es el último superviviente del día en que el Racing dejó plantada a la Copa por dignidad. El ‘Teti’ quiso ser y fue, otra vez protagonista. Y se quedó con ganas de más, porque pudo completar su actuación con un gol. Pero esta vez el travesaño se interpuso en su camino. Su remate de cabeza lo escupió el larguero.

Mucho más ambiciosos

Viadero y su equipo no habían lanzado un órdago en esta competición para quedarse en el andén a última hora. Los verdiblancos fueron, en todo momento, mucho más ambiciosos que su rival. Sin embargo, la corta distancia dejaba abierta la partida a cualquier incidencia imprevista. Lo mejor es que, además del triunfo y del pase a la siguiente eliminatoria, fue que el Racing gustó a su parroquia y se gustó a sí mismo. Otra vez. Mención aparte merece el caño de Dani Aquino en el centro del campo. Un escándalo. Sin embargo, el murciano no supo cerrar el partido en una contra tras otro gran pase de Granero, con su traje de crupier.

También la tuvo Laro para haber echado definitivamente a un Llagostera venido a menos de la mesa, pero el canterano marró el pase de César Díaz cuando se encontraba solo ante el portero. La cosa no pasó a mayores. Simplemente, el suspense de los últimos minutos. El órdago lanzado dio efecto y el Racing logró la clasificación para la siguiente ronda. A un paso del premio gordo de jugar ante un equipo de competición europea. Toca esperar rival para una eliminatoria que se disputará en octubre, también a partido único. Mientras tanto, vuelta al campeonato de Liga, donde vienen curvas. El a priori gran rival por el título, el Racing de Ferrol espera en A Malata. Los gallegos tuvieron que soportar la fatiga y la tensión de una prórroga ayer frente al Cirbonero navarro, de Tercera División. El domingo será otra historia, pero los de Viadero, de momento, juegan a su favor con la carta de una gran confianza cosechada en este inicio liguero. Que el bombo y el balón repartan suerte.

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