fútbol | segunda división

El Sardinero, un escenario de película

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Una de las pancartas exhibidas antes del partido. / Andrés Fernández

  • La niebla, una enorme foto de Jack Nicholson en la grada y los cánticos propiciaron un gran ambiente

  • El excepcional horario de Champions no restó afluencia de espectadores, aunque muchos de ellos llegaron con el tiempo justo

En el fútbol el atractivo aumenta cuando existe incertidumbre hasta el final del partido, sin embargo cuando las dudas aparecen al principio, las alarmas no dejan de sonar. «¿Se juega o no?», se escuchaba una y otra vez una hora antes del partido. El árbitro, García Martín, saltó al terreno de juego de El Sardinero para comprobar que la expesa niebla que se cernía sobre el estadio impedía la visión. «Si no va a más, no habrá problema», señaló. Su mensaje corrió como la pólvora a través de las redes sociales y los aficionados, que apuraban su salida de casa o del trabajo, se afanaban en recibir de primera mano las últimas noticias. Los aledaños del campo se convirtieron en una frenética procesión de coches a cámara lenta en busca de aparcamiento; sin correr porque apenas se veía por donde. Minutos antes de que los dos primeros de la clasificación saltasen al césped, la niebla dio una tregua. Fue como si hubiese querido echarle más misterio a uno de los mejores partidos que se pueden ver en la categoría. «Pero, ¿se juega o no?», seguían preguntando los seguidores que llegaban a la carrera. Los incondicionales para matar el tiempo y los nervios, comenzaron a hacer memoria. «Una vez pasó con el Valencia, ¿os acordáis?», señalaba un peñista enroscado en su bufanda verdiblanca, que, por cierto, ayer a buen seguro le vino de perlas. Aquel día hasta última hora no se supo si se jugaría el encuentro;finalmente el colegiado dio el sí y los cántabros ganaron 1 a 0 a los Chés. Otros tiempos.

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Entre la niebla y el horario, a El Sardinero le costó entrar en calor. Las gradas tardaron más que otras veces en ir cogiendo color. Por la mañana, cuando el sol lucía como si fuese mayo, en las taquillas del estadio se pudieron ver colas;todo hacía presagiar que ‘La semana fantástica’, que ayer terminó y que permitía la obtención de un carné de anonado con un 30% de descuento iba a pegar un buen arreón. Sin embargo ayer fueron al partido los de siempre. Eso sí, se intuían alrededor de 200 más. Sólo se intuían. En una de las esquinas, la que habitualmente recibe a los foráneos, se escuchaban los gritos de «¡Cultural, Cultural...!» entre un banco de niebla que se empeñaba en permanecer hasta el final.

El horario de Champions no restó aficionados y aunque los más puristas hubieran preferido que se mantuviera el de los domingos por la tarde (17.00 horas) a los más nostálgicos a buen seguro les trajo buenos recuerdos. «Pareces bueno y todo, ¿ que no?», recordaban los mismos que antes veían peligrar la tarde por la espesura de la niebla.

En ‘La Gradona de los Malditos’ se reinventaron y desplegaron un panel con la terrorífica foto del actor Jack Nicholson en su papel de enajenado en la película de ‘El resplandor’. Desde luego, su aspecto fastamagórico, la niebla que recordaba a Mordor en la tierra media donde se codiciaba el poder del anillo y los tambores y gritos de guerra, convirtieron a El Sardinero por momentos en un decorado de cine. Sin duda el escenario, el guión, y hasta los actores eran de lo mejor, luego la película –como siempre– defraudó a unos y contentó a otros. El espectáculo tiene estas cosas.