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Sonrisas reales en verdiblanco

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Alberto Gómez regala camisetas en la visita de los racinguistas a la Obra San Martín. / María Gil Lastra

  • El Racing repartió regalos en La Caridad, Valdecilla, Obra San Martín y el Centro de Menores

  • La plantilla y el cuerpo técnico adelantaron el trabajo a los Reyes Magos y compartieron momentos con los más mayores y los pequeños

La rutina se tomó el día libre y cuando esto ocurre las sonrisas surgen sin pedir permiso. Los Reyes Magos no tienen edad –al menos que se sepa– ni tampoco aquellos a los que hacen felices. Por eso, Sus Majestades de Oriente adelantaron el trabajo de esta noche y sus emisarios verdiblancos irrumpieron en el Asilo de la Caridad, el Hospital Marqués de Valdecilla, La Obra San Martín y al Centro de Atención a la Infancia, Adolescencia y Familia del Gobierno de Cantabria. En alguno de los lugares se les esperaba, en otros aún dura la sorpresa.

«Qué buena pinta tienen esas alubias», señalaba Ángel Viadero, el míster, al entrar en el comedor de La Caridad. Sardinas encebolladas, de segundo, y manzana asada, de postre. En la puerta se podía leer el menú del día para los mayores que recibieron con un aplauso entrañable a la delegación real racinguista. Mientras el primer grupo, entre los que se encontraban varios canteranos y los capitanes del equipo, se mezclaba con los mayores, otro se adentraba por primera vez en el nuevo edificio de Valdecilla. Planta 3, Pediatría. «Cógelo tú, Couli», le animaban los compañeros. Dicho y hecho. El senegalés tomó en sus brazos a un recién nacido y lo acunó durante unos instantes. Alegría compartida sin los aprietos de la antigua Residencia Cantabria, donde todo era más pequeño salvo la felicidad que despierta la visita de tan peculiares forasteros. Lo verdaderamente curioso en el hospital fue la cantidad de autógrafos solicitados, algo que realmente choca con los inquilinos de la planta cuya media de edad no supera los tres días. «Es que somos socios todos en la familia», explicaban los padres de Israel, mientras el pequeño miraba ojiplático.

Las habitaciones estaban repletas de socios del Racing. Por eso los regalos que los jugadores repartieron es probable que no caduquen jamás. Los papás no abrirán ni la caja hasta que en unos años puedan decirle a su hijo quiénes se encargaron de llevarlo. Si ya de por sí en la planta de recién nacidos la alegría viste con zapatillas de casa, ayer se dio un merecido homenaje. Un camión de bomberos; un lanzador de dardos de goma; la muñeca que ríe y come... Las lágrimas se prohibieron por un rato.

La felicidad viajó por Santander sin taxímetro. Minutos más tarde, otra nutrida representación real cruzaba la puerta del Centro de Menores en el santanderino Paseo de General Dávila. Allí llegaron a mesa puesta; los 17 chavales que conviven día a día en el centro prepararon con esmero un aperitivo variado y lo compartieron con sus visitantes. El piscolabis sirvió de excusa para repasar con los jugadores la actualidad del equipo. La institución tutela a los jóvenes –con dificultades económicas, familiares o de diversos tipos– y vela por su educación y comportamiento. Un pacto entre caballeros. Del grupo de 17 no había uno al que no le gustase el fútbol, por eso la mañana se pasó volando.

Peña, Quintana y Puerto dan regalos a un niño en Valdecilla.

Peña, Quintana y Puerto dan regalos a un niño en Valdecilla. / Javier Cotera

Los chavales se encargaron del ‘lunch’ y el Racing de los regalos. Además de los juguetes, que en este caso al tratarse de un grupo con escasos recursos fue al que más cachivaches se destinó, cada uno recibió una parka del club verdiblanco. La misma prenda que se vende en las tiendas oficiales y con la que los jugadores visten en las concentraciones luce desde ayer en el centro de General Dávila.Todo un detalle. Muchos no se la quitarán en unos días, aprovechando que el termómetro está caprichoso. Es fácil y sencillo llevar alegría donde hace falta, lo realmente complicado es que perdure.Al menos, cada vez que se vistan de verdiblancos podrán presumir con sus amigos de quiénes les llevaron los regalos en persona.

De ahora y de antes

El cuarto lugar en el que el reloj se paró por unas horas fue en la Obra San Martín. Sus inquilinos ya tienen experiencia cada año y más de uno esperaba impaciente la llegada de los enviados de sus majestades. A los internos les arrancó sin querer un entusiasmo incontrolado y a sus cuidadores otro. «Queremos una foto todo juntos, ¿puede ser?», preguntaba con respeto uno de los integrantes del equipo que trabaja con los residentes. En un lugar como este, desterrar a la rutina no deja de ser un regalo más. Para ellos, más que quitarle el envoltorio a los juguetes, lo que realmente les llenó fueron los abrazos de los futbolistas. Cuando los jugadores del Racing estrechaban a alguno de los pequeños, se iluminaban las caras. Magia.

«Este es el que mete los goles... el de la gorra, se llama Aquino», le explicaba Delfín Calzada, el delegado verdiblanco, a la abuela que insistía en hacerse una foto con el goleador. Junto a él: «Yo no los meto, yo defiendo», señalaba Córcoles. Entre aplausos y piropos, los más mayores del Asilo se afanaban en saludar a los de sus años. Fue cuando los futbolistas de hoy dejaron paso a los de ayer. «Tuto, ¿te acuerdas de mí? Soy pasiego, de San Roque». El tiempo más que pasar, corría de un lado a otro; cuando uno es octogenario tiene licencia para recordar lo de antes y lo de ahora. Y como la alegría es un tren al que hay que subirse de un salto, dando un brinco apareció el personal de cocina de La Caridad para hacerse una foto de familia con el Racing. El olor a hogar envolvió las sonrisas y dejó hecho parte del trabajo para hoy.

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