El enésimo proyecto

Era una de las habituales canciones del verano: el enésimo proyecto de Jesús Gil para el Atlético de Madrid. Con el final de cada temporada, el extemporáneo presidente colchonero fichaba jugadores a golpe de ‘mamachicho’ desde el jacuzzi o la piscina. Hubo hasta quien le hizo una entrevista a su caballo, Imperioso, después de que el dirigente barriera con su partido político en las elecciones municipales de varias localidades andaluzas: Marbella, Barbate, Chipiona... Nada de lo que este país pueda sentirse orgulloso, eso seguro. «Si tengo 300 millones, los reparto entre la gente», llegó a decir en uno de sus vídeos electorales. La gente… Y dicen que ahora vivimos bajo la amenaza de los populismos. Será que antes Jesús Gil hacía otra cosa. Lo mismo prometía construir una isla artificial en la Costa del Sol que traer un portaviones argentino para levantar un centro de ocio.

Afortunadamente, en el Racing no tenemos a ningún Jesús Gil. Vaya por delante que no dudo de la buena fe de sus actuales dirigentes, por más que su gestión deportiva nos deje algunas dudas en cuanto a resultados. Arruinado y aún con vida gracias a la mano ancha de Hacienda y a la prometida inyección de dinero público, el club ha errado en bastantes de sus decisiones. Es cierto que la exigencia y la premura por el ascenso devoran de ansiedad al entorno y pueden conducir en más de una ocasión a gestiones precipitadas. Ahora bien, el Racing necesitaba hacer de la necesidad una virtud. Firmar una interminable retahíla de futbolistas no corresponde a una entidad que repite gritos de desesperación para no echar la persiana. De la temporada pasada, sólo Álvaro Peña y Mikel Santamaría repiten continuidad. El resto ha sido un constante trasiego de negociaciones, con dos sonoros gatillazos en forma de ‘portaviones argentinos’: Pumpido y Bontempo. Treinta y tres fichajes en apenas un año y medio es la muestra de que se han cometido demasiadas equivocaciones.

Sólo el conocimiento de la categoría y la experiencia de Ángel Viadero han aportado cierta cordura a la hora de salir al mercado. El interés de Manolo Higuera en reclutar a Pachín para la secretaría técnica no es nuevo y si no se ha consumado antes ha sido debido a la imposición económica que conlleva jugar en Segunda B. En cualquier caso, fichar a un director deportivo con contrato profesional cuando faltan cuatro meses para que concluya la temporada y sin saber en qué categoría se jugará el próximo año parece, a primera vista, un innecesario brindis al sol. Un exceso más de este Racing, víctima de su propia confusión. Lo primero será ascender… O no, quién sabe. Al fin y al cabo, el fútbol no es una ciencia exacta. Eso sí, nadie entendería que el próximo verano se acometiera un enésimo proyecto, al más puro estilo Jesús Gil, con otros veinte fichajes y una nueva renovación de la plantilla. Sin las ‘mamachicho’ y el jacuzzi, no tiene la misma gracia.

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