Los tiempos de la política

El 12 de agosto de 2016 el Consejo de Gobierno de Cantabria aprobó el convenio de patrocinio del Racing para "apoyar al club en una situación económica problemática". Ese es el argumento que esgrimió el Ejecutivo para dar el OK a un asunto que le había supuesto durante meses un montón de problemas y que, como siempre, tuvo tantos defensores como detractores. Incomprensiblemente, siete meses después no se sabe nada del tema y ha vuelto a reabrirse una vieja polémica.

El debate sobre si hay que dar dinero público o no a un club profesional ya aburre y no deja de ser un bucle donde unos y otros aportan siempre los mismos argumentos. Al final esta historia siempre depende de la sensibilidad o no del político de turno que es el que suelta la pasta. El Gobierno del Partido Popular encabezado por Diego decidió no hacerlo y se llevó palos por todos los lados. El de Revilla ha dicho que sí y también le han dado fuerte y flojo. No es desde luego una decisión fácil. Los políticos son personajes peculiares que están rodeados de un ejército de asesores y que nunca dan un paso sin medir las consecuencias que puede tener para su futuro o el número de votos que pueden ganar o perder. Y apoyar o no económicamente al Racing fue una decisión que midieron estratégicamente. De hecho, casi un año estuvieron mareando la perdiz el presidente y sus consejeros con este asunto. Dieron tantas fechas distintas para aprobar el convenio y faltaron tantas veces a su palabra que ya hasta empezó a ser ridículo. Pero ese 12 de agosto confirmaron que pondrían dinero para evitar la desaparición del club y lo hicieron plenamente conscientes de lo que hacían.

Por eso la actitud que han tomado ahora resulta para casi todo el mundo incomprensible. Sinceramente, no se puede ser más torpe, aunque estos no dejan de superarse día a día. Después de hacer lo difícil y tomar la decisión más complicada, ahora han decidido meter la cabeza debajo de la tierra y no quieren hablar del convenio. Y claro, les vuelven a llover palos por todas partes. Primero de una afición que está harta de esperar y de que la tomen el pelo. Y después llegarán los del club, que son gente seria y no están acostumbrados a los tiempos de la política cuando se están jugando la vida. El último esperpento fue la puesta en escena de la vicepresidenta hace unos día en El Sardinero. En vez de aprovechar su visita al campo para tranquilizar los ánimos decidió tirar de tópicos, soltó cuatro frases vacías sobre el asunto y pensó que se iba a ir de rositas. Y claro, salió escaldada y llevándose un revolcón al que no está acostumbrada. Sinceramente, no se puede hacer peor aunque seguro que la próxima vez se trae el discurso mejor construido. De todas formas, lo que quieren los racinguistas son menos palabras y mas compromisos. O al menos que cumplan los que ya existen.

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