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¡Última llamada para los de León...!

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Unas sesenta personas guardaron fila en las taquillas a primera hora de ayer en los Campos de Sport. / Javier Cotera

  • Una hora y cuarto tardó en venderse el tercer lote de 450 entradas ayer en los Campos de Sport

  • La afición del Racing respondió como siempre y una cola de seguidores se formó desde primera hora para cumplir conel trámite el último día

«Déjame treinta euros. ¿Tienes dinero?». Los gritos brotaban desde las taquillas de los Campos de Sport en dirección a un coche aparcado a escasos cincuenta metros. La distancia no requería tales voces, pero Fede Barrionuevo, uno de los aficionados más madrugadores de ayer no quería poner en peligro su privilegiada posición –para la que había guardado cerca de una hora de rigurosa espera– al encontrarse con la sorpresa de no poder abonar con tarjeta. «Al ser entradas que vienen de fuera no se pueden pagar más que con efectivo», confirmaba Carolina Gutiérrez, desde el otro lado del cristal. 75 minutos.A las 11.15 horas de la mañana, las 450 entradas pertenecientes al último envío de la Cultural Leonesa para el partido ante el Racing del domingo eran historia.

«Las primeras 250 se vendieron en quince minutos», certificaba Dani Noval, miembro de la Peña Racinguista Cachopo, que ayer echó una mano en las taquillas ante la previsión de lo que se venía encima. La afición una vez más no defraudó .

No se habían cumplido las 9.00 horas cuando el primero de la fila se colocó en la barandilla. Nadie quería pillarse los dedos. «No podía quedarme sin ellas», exclamaba Luis Martín Sánchez, mientras mostraba orgulloso sus cuatro premios. La cola se fue alargando en esa hora previa a la apertura de las taquillas hasta totalizar unas sesenta personas. Una serpiente multicolor se extendía por la acera paralela al Palacio de Exposiciones. Alguno de los conductores que cumplían con su tradicional camino matutino miraban extrañados el tumulto. También los hubo que pese a las horas se mostraban divertidos. «¡Vamos chavales, a por ellos...!», bramaba un joven con el brazo extendido por la ventana. Toda una estampa. Y en la cola, la del último día, trabajo en equipo. «Soy de Santoña y me ha tocado venir a mí. Nos hemos juntando unos amigos para ir a León y al enterarnos que había más entradas pues he venido a por ellas», comentaba Álvaro Rodríguez. El santoñés guardaba con esmero el bote que sus colegas hicieron la tarde del pasado martes antes de encargarle la compra de diez localidades.

«Dame cinco». «Por favor, a mi seis». «Siete...». El racinguismo aprovechó el viaje y ante la posibilidad más que cierta de que la de ayer fuera la última oportunidad de adquirir un pase para el partido del domingo la compra fue por lotes. «Lo echamos a suertes», confirmaba Lucía Villanueva, que con apenas quince minutos de espera se plantó en la taquilla.La aficionada reinosana se llevó tres papeles y viajará por su cuenta con sus amigas «el mismo día del partido». Sonreía cuando se le preguntaba por el regreso. «Ya veremos...». El buen rollo matutino que se vivió en El Sardinero añade aún más atractivo a la cita del fin de semana.

Previsores y no tanto

Estudiantes haciendo novillos, trabajadores con permiso y currantes sin él. «No, no, lo siento.No te puedo contestar que me he escapado un rato para venir y no quedarme sin ellas», relataba a este periódico una pareja de operarios, con el uniforme idéntico, y a la que sólo le faltaba ponerse una peluca o las clásicas gafas de plástico con bigote para camuflarse. Risas cómplices.

De una u otra manera, el que quiso estar estuvo. «Ha habido que madrugar y sacrificarse. Los compañeros estaban estudiando así que he venido yo a por las entradas». Andrés Rivas tenía previsto acudir a León; él y sus amigos, pero con los preparativos del viaje y la difícil decisión de nombrar encargado de la compra a uno o a otro se plantaron en el último día sin darse cuenta. «Menos mal que mandaron 450 más porque si no habríamos tenido que ir a León sin localidad». Rivas representa a muchos de los racinguistas a quienes les ha superado la previsión. «No pensábamos que iba a haber tanta gente. Es un lujo», señala. Algo similar le ocurrió a Alberto Ramírez y a su cuadrilla. Desde que comenzó la temporada, el desplazamiento de León estaba marcado con rojo en la agenda. La noche del sábado, la diversión, el paisanaje leonés... Los atractivos de la ciudad eran suficientes para pasar el fin de semana de turismo con la excusa del fútbol. Sin embargo, el duelo por el liderato fue la puntilla. «Teníamos planificado ir desde el principio, pero ahora con lo que se juega el Racing no podemos fallar». Lo dice un aficionado del Racing que durante todo el año ha vivido en Italia –por cuestiones de trabajo– y no ha podido «hacer más viajes».

¡Última llamada para los de León...!

El racinguismo es de lo más variado; en la familia verdiblanca los hay que en la primera remesa de 2.000 que envió la Cultural Leonesa a Santander se apuntaron sin pensarlo. Previsores. Pero tampoco pueden faltar los que el último día les invaden las prisas. «Me pasa siempre igual. Ya estoy acostumbrado», recitaba sin importarle Ricardo Campo, que solicitaba a los taquilleros le guardasen dos boletos mientras se daba una carrera al cajero automático a sacar dinero. La incertidumbre por quedarse sin entradas planeó durante los 75 minutos que duraron, hasta el punto que quien se veía obligado a desplazarse al banco a por cash no las tenía todas consigo. «Por favor, a ver si me voy a quedar sin ellas», se repetía.

Algo para recordar

Lo del viaje a León se convertirá con el paso del tiempo en algo para recordar. ¿Qué sería del Racing sin días como el que se avecina? El modesto estadio leonés se quedará pequeño por cosas como las que contaba Álvaro Rodríguez. El santoñés era uno de esos que no tenían previsto acudir a León, pero que no han podido resistirse.Pasión verdiblanca. «Hemos visto la que se estaba organizando y hemos dicho: Vamos. Es uno de los mejores partidos que se pueden ver en Segunda B». Que sí que no, que vamos para León. Rodríguez protagonizó ayer una escapada relámpago desde Santoña para hacerse con las diez entradas de su grupo, pero eso no es todo; este racinguista se subirá a una cadena de favores que le obligará a estar en deuda una temporada. «El sábado he pedido en el trabajo permiso para salir un poco antes e irme para León. Trabajo de noche y para ser persona y poder viajar con un poco más de tiempo lo he pedido». Sus amigos le devolverán el detalle de madrugar ayer y él mismo tendrá que hacer lo propio con su jefe más tarde por lo del sábado. Se aceptan las reglas.

«Se veía venir», coincidían sin darle más importancia los taquilleros al filo de las 11.15 horas. «Al llegar y ver las colas me imaginaba que no quedaría ninguna», concluía Gutiérrez. Al no tener que grabar el partido en el papel y no ser necesario imprimir los pases, la venta fue vertiginosa. Todo ayudó para que los aficionados y los operarios se fuesen a tomar un café a media mañana. Como en todas las cosas, casi siempre hay vencedores y vencidos. Los que se llevaron la localidad para casa vieron recompensada su espera, pero los que llegaron tarde lamen aún sus heridas con la confianza de que suene la flauta.El Racing ha comunicado a la Cultural que si sobra alguna más la recibiría gustosamente;a través de internet ya se han puesto en marcha en busca del cáliz leonés. Será difícil, entre otras cosas porque en el club rival, el dueño del escenario donde se ha de jugar el partido, empiezan a sentirse un tanto intimidados. Restan tres días para el duelo futbolístico de la temporada –al menos hasta ahora, porque aún quedarán más– y todo puede ser posible. Total, donde entran 4.000 entran, si se aprietan...

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