AUNQUE LLUEVA O SOPLE SUR

Cuando el Húmedo pareció Cañadío

Suele decirse que en León sólo hay dos estaciones, el invierno y la del ferrocarril, pero para que en el partido del año todo fuera perfecto hasta adelantaron el calendario para anticipar un fin de semana veraniego. Lo que sea, con tal de que los ardorosos cántabros apagaran su fuego en el barrio Húmedo, que al final, cuando se echen cuentas, será el verdadero ganador de este duelo entre el perseguidor y la liebre, entre el entre el grande venido a menos y el club de la eterna desdicha. Si el sino del Racing es el sufringuismo, lo que sueñan los culturalistas es poder sufrir de la misma forma que los cántabros. A ser posible, en Primera. Porque este club que se acerca al centenario sólo conoció la élite en blanco y negro, y su techo es la Segunda B, pues desde que se instauró nunca ha conseguido superarla. Y para un año en que todo se pone de cara, tenían que llegar los verdiblancos para romper la alineación planetaria y aguar una fiesta que llevan celebrando desde octubre.

Que el de hoy sólo es un partido, uno más, es un tópico que tienen que repetir los entrenadores, pero que nadie se acaba de creer. Desde luego, no lo hacen los casi 5.000 racinguistas que llevan semanas mirando una fecha marcada en rojo en todas las agendas. El duelo de hoy se promete apasionante: la mejor defensa contra el mejor ataque. La necesidad de ascender contra el sueño inalcanzable. Pragmatismo frente a preciosismo. Cierto que nada quedará decidido, pero quien salga vencedor del Reino de León más que el golaveraje se llevará una victoria moral que le dará alas para la hora de la verdad, la fase de ascenso.

No son sólo tres puntos, sino media temporada es lo que se dirime esta tarde sobre el césped. Y por más que los dos se pongan la piel de cordero, juegan al despiste: cada uno en su estilo, ambos son equipos extraordinarios, y en su fuero interno tienen que saberse favoritos. Sobre todo, un Racing que por fin se ha encontrado a sí mismo y lleva un mes maravillando a su afición, tras demostrar que no sólo hay un candado en la portería, sino auténtica dinamita arriba.

Más allá de las bajas, su verdadero poder radica en lo colectivo, y en la pericia más que contrastada de un Viadero que tal vez sea el mejor míster de la década y está pidiendo a gritos saltar al fútbol profesional. Aparte del estímulo de mover 5.000 incondicionales. Los que nunca fallan, los que están empadronados a perpetuidad en los Campos de Sport, sin importar categorías o rachas. Su fe inquebrantable ha logrado que este fin de semana se confundan León y Santander, hasta el punto de que anoche alguna calle del barrio Romántico parecía Cañadío, y que no han parado de llegar en una incesante peregrinación racinguista que promete terminar con júbilo generalizado.

Y eso que no hay papel, como repiten desde el club culturalista, alimentando las sospechas de que más que un improbable lleno, lo que hay es picardía cazurra: en la grada también se jugará el partido, y es mejor no perderlo de inicio. Y no queda otra que encajarlo con deportividad, ¿o ya se nos ha olvidado que el Racing adelantó al sábado el encuentro de la primera vuelta, para aprovechar el desgaste de la eliminatoria copera que los leoneses jugaban contra el Real Madrid? Aquí cada cual usa sus armas, y desde luego la risa va por barrios.

Algunos, en cambio, sufrimos cierta desazón sentimental; los que vivimos a caballo entre las dos tierras tenemos cada uno nuestro favorito, pero también el anhelo de que ambos clubes se encuentren el próximo año en Segunda División.

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