Borja Granero, en el centro, entra por primera vez en la convocatoria tras superar su lesión.
Borja Granero, en el centro, entra por primera vez en la convocatoria tras superar su lesión. / Javier Cotera

Otro paso sobre la cuerda floja

  • El Racing recibe al Boiro con la presión del margen de error inexistente y el empuje de sus rivales

  • La principal novedad en el once de Ángel Viadero será la vuelta de Jagoba Beobide al doble pivote racinguista, junto a Álvaro Peña

Durante gran parte de la temporada, los partidos del Racing parecían espectáculos del Circo del Sol. No tanto por la belleza como por el riesgo. Abonado al 1-0 y el 0-1. Siempre en el alambre. El equipo cántabro ha conseguido dejar a un lado ese pírrico caminar. Las goleadas han calmado la sequía en ataque y han empujado al equipo a un liderato compartido. Ahora el funambulismo es de otro tipo. Pinchar no es una opción. Sólo vale ganar. Los tres de cabeza se la juegan a la ruleta rusa. El que se pegue un tiro en el pie se quedará sin tocarle el trasero a la copa y perderá pingües ventajas de cara al futuro play off de ascenso a Segunda División. Y la gesta de dar el salto de categoría es tan complicada que jugársela al camino más largo y empedrado es como hacer una columna en el Euromillones.

Al final, el de la tensión máxima es el destino marcado para el racinguismo. Cuando no es la lucha por el ascenso, es la pelea por escapar de un descenso. Y, cuando no, la espada de Damocles pendiendo sobre las cabezas verdiblancas por cualquier motivo ajeno a un balón, con la desaparición del club como amenaza. El linaje racinguista es como la saga austrohúngara de los Wallenda, una de las familias más famosas de acróbatas. Siete generaciones marcadas por la tragedia intrínseca de caminar por la cuerda floja. Sin ir más lejos, el pasado mes de febrero, cinco miembros de la prole resultaron heridos tras precipitarse desde las alturas. «Sólo Dios pudo darme la fuerza y confianza para apelar a mi estirpe marcada por tragedias fatales, para triunfar», dijo uno de los miembros de la familia, Nik, tras cruzar por el cielo de un rascacielos a otro de Chicago. Camina siempre con el objetivo de vengar la mala fortuna de su abuelo Karl, quien, en 1978 cayó al vacío y perdió la vida en Puerto Rico en mitad de una exhibición.

Lógicamente, lo que le pueda pasar al Racing por perder esta tarde frente al Boiro no será una tragedia como la sufrida por Karl Wallenda. Esto es fútbol. «La más importante de las cosas menos importantes», que diría Jorge Valdano. Pero al racinguista le aprieta su propio calzado. Y ahora mismo, cada domingo, está centrado únicamente en el trayecto hacia el ascenso a una élite del balompié español que antes era rutina.

Para los Wallenda, cruzar la cuerda floja es algo aparentemente sencillo. El problema son los diferentes agentes externos. El viento, la lluvia, las aves, los responsables de instalar el estrechísimo camino... El calendario del Racing es, a priori, asequible. Igual que el del Celta B, ahora mismo su máximo rival por el título. Sin embargo, el Boiro no llegará hoy a Santander de comparsa. A su forma, también se juega la vida. El equipo gallego lucha con uñas y dientes por mantenerse en una categoría recién conquistada. No será fácil para los verdiblancos.

El Racing ha llegado a este tramo final del campeonato caminando con paso firme. Con buenas sensaciones y una confianza desbordante. Los resultados acompañan. Los de Ángel Viadero suman once encuentros consecutivos sin perder y buscarán esta tarde seguir ampliando la racha. Unos números que responden a quienes han acusado recientemente al técnico de dirigir un equipo «rácano». Al de Canalejas le parece «una falta de respeto». Casi nadie se acuerda de cómo ganó Grecia la Eurocopa de 2004. De cómo jugaba el Real Madrid de Fabio Capello. O de si el Racing de Paco Fernández no estaba afiliado a la cofradía del 'jogo bonito'. Todos ellos cumplieron sus misiones. Dio igual el cómo. En el fútbol profesional, en lo que concierne a la competición, en muchos casos el fin justifica los medios.

Cada uno juega con sus armas. El equipo cántabro sigue apostando por un aspecto rocoso, la fiabilidad y la solvencia. El Celta B, que ayer goleó al colista, anda desatado, con toda la pólvora que muestra cada jornada en la parcela ofensiva. Y la Cultural Leonesa, pese a haber perdido el liderato, sigue apostando por su juego de toque. El resultado final dará y quitará razones.

Las armas de Viadero son de sobra conocidas. De hecho, esta tarde no habrá demasiadas novedades para recibir al modesto Boiro. Iván Crespo seguirá bajo los palos. Una semana más. Impasible. Los números le avalan. Lo mismo que a los cuatro futbolistas que le escoltan: David Córcoles, Julen Castañeda, Mikel Santamaría y Samuel Llorca. La defensa no sufrirá modificaciones.

El principal cambio con respecto a los choques anteriores ante Somozas y Coruxo será el regreso al doble pivote de Jagoba Beobide. El centrocampista vasco, que ya ha superado sus problemas musculares, volverá a ejercer de medio defensivo junto a su paisano Álvaro Peña. Así, Viadero recuperará a uno de sus engranajes más importantes dentro de la «reinvención» sufrida por el conjunto cántabro tras el pasado mercado invernal.

En las bandas repetirán Santi Jara y Héber. El gallego ha pasado la semana renqueante por una fascitis plantar que lleva arrastrando desde hace tiempo, pero que no le impedirá actuar en el extremo izquierdo dentro de este buen momento de forma que vive últimamente. Su participación, si está fino, es siempre clave para el ataque racinguista.

Al ataque

Y arriba, toros, tanques y quitanieves. Dani Aquino y Abdón Prats, la dupla incontestable de la punta verdiblanca. Genio y remate. Las defensas rivales ya tienen apuntados sus nombres como piezas a marcar de forma especial. El murciano, a su ritmo. Y el balear, en pleno idilio con el gol desde que apareció en Santander por la A-8.

Enfrente el Racing tendrá a un rival que ya le complicó la vida en el partido de ida, disputado en el vetusto estadio de Barraña. El equipo cántabro estuvo a punto de marcharse de tierras gallegas con un triste empate. Sólo el oportunismo de Dani Aquino en los últimos minutos del choque permitió cambiar el sino verdiblanco.

El Boiro llegó hace menos de un año a Segunda División B y no está dispuesto a dejar que esta temporada sea únicamente de paso. Con las difícultades propias de la modestia, lucha por permanecer. Ha basado su fortaleza en su feudo y le cuesta bastante más sacar puntos a domicilio. Como visitante, sólo ha logrado vencer en tres ocasiones: Burgos, Mutilvera y Valladolid B. Y ha arañado cinco empates: Somozas, Lealtad, Caudal, Izarra y Tudelano. Caer hoy en los Campos de Sport le puede poner las cosas muy complicadas de cara a lograr su objetivo. El caso es que el Racing no está ni para concesiones ni para piedades.

El equipo cántabro, hoy frente al Boiro, sigue con su particular «partido a partido», la frase más manida del fútbol actual. Dentro del vestuario verdiblanco, también. Pero, aunque no lo quieran reconocer, los objetivos están un poco más lejos y son innegociables. Primero, la consecución del título. Después, el play off de ascenso. Como Nik Wallenda cuando da ese primer paso sobre el vacío: «Me enfrento a las cataratas del Niágara, al viento, la niebla, la oscuridad y los halcones peregrinos, pero sepan que voy a estar concentrado en la otra orilla». Al otro lado siempre espera la gloria.