AUNQUE LLUEVA O SOPLE SUR

Cambio radical

Como si de un programa de televisión se tratara, el Racing ha sufrido un 'cambio radical' en las últimas jornadas. Una metamorfosis de esas en las que llega el participante convertido en un patito feo, y tras pasar por las manos de los estilistas reaparece hecho un pincel y dispuesto a comerse el mundo.

Algo parecido le ha sucedido a nuestro equipo, aunque en dos fases diferenciadas. La última, la más vistosa, hace apenas tres o cuatro jornadas: como si le hubiera tocado una varita mágica, el Racing pasó de equipo contemporizador que esperaba el fallo del rival, a convertirse de repente en una apisonadora que pasa por encima de sus contrincantes. Curiosamente, cuando más arreciaban las críticas al juego del equipo.

Se diría que Viadero quería quitarse de encima ese sambenito de 'rácano' que le endilgó la prensa gallega de la única manera posible: demostrando con goles y buen juego que este Racing no es solamente presión y estrategia. Pero el verdadero cambio no es el de las goleadas con las que últimamente los verdiblancos hacen las delicias de su afición, sino que se larva hace tres meses, cuando en el mercado de invierno el míster demostró que no sólo conocía a la perfección a su plantilla, y dónde hacían falta retoques, sino que además supo acertar con los nombres propios.

Con la incorporación de Jara, Carlos Álvarez y Prats en febrero el equipo cambió por completo. Destaca sobre todo un Abdón Prats en estado de gracia, que ha encajado con Aquino a la perfección, formando una dupla que ojalá se convierta en clásica del Sardinero por muchas temporadas. Pero es que hasta el intermitente Beobide ha aportado lo suyo para conseguir que no quede ni la sombra de aquel Racing que zozobró en diciembre, tras la plaga de lesiones y el golpe moral de perder el liderato. Este es otro Racing, un equipo para soñar. Lo explicó a la perfección Lana, el entrenador accidental en Aranda: «Aunque el play off sea a tres partidos, este Racing no le tiene miedo a nadie».

Eso sí, en la enésima goleada pudimos observar, aunque fuera en casa ajena, el amargo contraste entre los que están arriba y aquellos a los que no les salen bien las cosas. Mientras para la hinchada verdiblanca todo era euforia, cánticos y borrachera de goles, a los jugadores de la Arandina les tocó recibir los abucheos de su propia afición.

Nunca es agradable que te abronquen, pero mucho menos cuando la situación es tan delicada y lo que necesitas precisamente es apoyo. O cariño, que es lo que decía Gonzalo Colsa que le hace falta a un futbolista, mucho más allá de cualquier cosa material. Poco se puede hacer, sin embargo, contra esa costumbre tan arraigada de las pitadas, cuando además hay tanto convencido de que la bronca acaba sirviendo de aliciente.

Y mucho más triste es pensar que los aplausos de hoy podrían volverse pitos si las cosas vinieran mal dadas. Es la ley no escrita del fútbol, lo sabemos, pero no por eso deja de resultar injusto.

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