AUNQUE LLUEVA O SOPLE SUR

La ola perfecta de El Sardinero

Si no fuera porque lo de fumar ya no se lleva, se imaginaría uno esta noche a Ángel Viadero, Dani Aquino y compañía encendiendo un buen habano y diciéndose aquello de «Me encanta que los planes salgan bien». Porque lo de ayer en El Sardinero resultó ser un guión de película, con su reto complicado, su rival correoso, su poquito de intriga y su desenlace apoteósico. Y es que el Racing es así, para lo bueno y para lo malo. Enemigo de lo sencillo, del camino fácil. Capaz de hacer la paparda en Extremadura ante un rival asequible para remontarle después cuando más crecido se veía.

Pero el pitido final del partido de ida sirvió también de toque de diana para la remontada. Aquino lanzó la arenga en caliente, pero a medida que transcurría la semana se fue viendo que iba completamente en serio. Se lo tomó como un asunto personal. Se implicó como el que más, componiendo vídeos, retando a la afición, vendiendo optimismo. Y si de pronto la estrella del equipo se convierte en el racinguista número uno, el entusiasmo por la remontada se empieza a contagiar como una epidemia. Algo imparable.

Si media remontada ha sido cosa de El Sardinero, del racinguismo, de una afición que ya está pidiendo a gritos el ascenso, la otra media se la debemos a la plantilla y sobre todo a Aquino, que es un lujo para el equipo. Que ha jugado en todas las posiciones, ha tocado todos los balones y no ha bajado la guardia ni un instante.

Sólo con verle en la celebración frente a la Gradona sirve ya para entender muchas cosas. Lástima que no consiguiera el gol que merecía, pero lo importante es el objetivo final, el del ascenso. Ojalá que Aquino no se vaya nunca. Eso sí, ya podría de vez en cuando cambiar el guión, y no tener que pasarnos media vida sufriendo con el Racing, porque en una de estas vamos a colapsar las coronarias de Valdecilla. Porque el cuatro a cero final suena a victoria contundente, a paseo militar, pero hasta bien avanzada la segunda parte lo de pasar la eliminatoria era más cuestión de fe que otra cosa. Sobre todo, después de ese gol anulado al Villanovense que a punto estuvo de congelarnos la sangre en las venas, y dejó en shock a la afición durante unos cuantos minutos, tanto que de repente nos dimos cuenta de que la hinchada rival estaba allí y con el fragor de la batalla, ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que se lo estaban pasando en grande, mirando un reloj que corría endiabladamente, como si los segundos pasaran de dos en dos. Su «manos arriba, esto es un atraco» casi nos despierta del sueño.

Pero hoy no era el día de los milagros, sino el de la ley del fútbol: el Villanovense tuvo su oportunidad en casa, cuando el Racing a punto estuvo de hacerse el harakiri. Pero a la vuelta de una semana, ni la defensa era tan mala ni Mustafá volaba sobre una alfombra. Con todas las precauciones del mundo, sí, pero a igualdad de intensidad el Racing se comió a los extremeños. Cuestión de pegada. Porque el partido en sí fue horrible, como una final. Con más tensión que juego. Pero alta tensión.

Acabar un partido con la grada haciendo la ola sí que es un final de película. Lo que había previsto Viadero, lo que había prometido Aquino. Lo que habíamos soñado despiertos durante toda la semana. Ahora sólo hace falta que Dani Aquino, Viadero y los suyos se propongan mantener la llama para la última ronda. Porque a todos los demás nos tienen ya ganados.

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