Fútbol | Racing

A ver si esta vez sí

Carlos Pouso da indicaciones a sus futbolistas durante el entrenamiento del jueves en los Campos de Sport. /Alberto Aja
Carlos Pouso da indicaciones a sus futbolistas durante el entrenamiento del jueves en los Campos de Sport. / Alberto Aja

El Racing recibe a las 17.00 horas al Amorebieta ante una afición que ya ha agotado su línea de crédito con los verdiblancos | Pertrechado en su 4-3-3, un equipo que ya se despidió abroncado de Barakaldo busca una victoria que rebaje la tensión y le permita al menos ganar tiempo

Aser Falagán
ASER FALAGÁNSantander

«Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta». La frase se le atribuye a Franklin Delano Roosevelt, que habría definido así a Tacho Somoza, el dictador que gobernó a sangre y fuego Panamá entre 1937 y 1956. Después se la apropió Henry Kissinger para definir al segundo Somoza sin que eso impidiera que le dieran el Nobel de la paz. El tío Sam no quería niños revoltosos en su patio de atrás, como siempre ha visto a América Latina, y mucho menos marxistas revoltosos, así que no le venía nada mal apoyar a personajes más o menos siniestros para zafarse del Sandino de turno.

Ni el Racing es una potencia mundial ni los Campos de Sport un trasunto de Latinoamérica, pero a falta de nueve jornadas el antagonismo de los futbolistas con su hasta hace muy poco incondicional afición es evidente. El escaso crédito que les quedaba se agotó en Lasesarre y ahora viven en números rojos; a la expectativa ante el presumiblemente adverso ambiente que se pueden encontrar por momentos en su estadio. Y por echar mano del apellido de la Gradona, lo de esta tarde puede ser el baile de los malditos, una analogía al cine bélico que le viene perfecta a este equipo. Porque aunque Higuera y Pouso no sean Marlon Brando ni Montgomery Clift, los dos arrastran las mismas dudas en una situación que ya les supera.

Las claves

Ausencias
El sancionado Dani Aquino y el lesionado Héber Pena se perderán un partido del que depende la imagen de un Racing en entredicho
Minuto de silencio
El club homenajeará a Fernando Tuero, su director de marketing, por el que se guardaráun minuto de silencio
Banquillo
A tenor de lo ocurridoen los entrenamientos, Borja Granero podría perder la titularidad

Y es que el racinguismo, tanto su afición como el entorno y el propio club, saben que es ese grupo de futbolistas el que debe llevar al ascenso o acumular el tercer fiasco consecutivo. Pero a base de decepciones y papardas no solo han visto mellada su autoconfianza, sino que le han arrebatado involuntariamente el apellido a la Gradona y ahora son ellos los malditos, al menos a tenor de las reacciones durante una semana algo más tensa de lo habitual. Y eso a pesar del vaivén de emociones que es esta temporada un Racing ciclotímico, más aún desde el despido de su anterior entrenador, un Ángel Viadero tras cuya marcha no ha mejorado, al menos por el momento, nada.

En ese tobogán de emociones que es el Racing, el iconoclasta verbal que es Carlos Pouso busca cierta estabilidad mientras escudriña el modo de rentabilizar al máximo una plantilla descompensada, de modo que mantendrá un 4-3-3 que nunca ha sido su sistema a lo largo de su carrera, pero que se adapta mejor a un bloque con solo seis defensas y otros tantos delanteros. Lo hará sin Héber ni Aquino, de modo que Juanjo, César, Óscar y Pau Miguélez competirán por los dos puestos de acompañante de Borja Lázaro, el hombre gol que llegó en invierno y ya suma cuatro dianas, aunque solo han servido para sumar dos puntos: los que separaron el empate de la victoria frente al Vitoria.

Aquel 4-1 llegó justo antes de que el equipo volviera a caer en desgracia frente al Barakaldo. Sirvió para una tímida reconciliación y para insuflar cierto optimismo ante los nuevos tropiezos de Mirandés y Sporting B, empeñados en ofrecer infinitas oportunidades a un Racing decidido en desperdiciarlas. Pero el naufragio de Lasesarre devolvió a los verdiblancos a la realidad y dejó de paso otro triste balance: las bajas de Héber Pena por lesión y de Dani Aquino por acumulación de amonestaciones. Claro que la baja del murciano con acento argentino rescatará al menos por una semana a la directiva y su dirección deportiva. Con Aquino fuera de combate ha vuelto a entrar en la convocatoria Franco Acosta, un refuerzo de invierno que sin embargo se ha quedado varias veces fuera de la lista de 18, poniendo en entredicho la política de incorporaciones y la propia planificación del curso.

Con este escenario, las mayores dudas no están en la alineación que presente Carlos Pouso. En principio la defensa será la teórica titular, con Gurdiel y Julen en los laterales y Regalón y Gonzalo, si no sufren contratiempos de última hora, en el eje. Gándara no tiene continuidad, como no la tuvo antes con Viadero, y Granero ha regresado en los últimos partidos al centro del campo. Para el eje hay mucha competencia, con Quique Rivero, Sergio Ruiz y Antonio Tomás como teóricos titulares si Pouso decide finalmente sentar en el banquilllo al reubicado Granero. Y en la delantera Borja Lázaro es, a día de hoy y sin Aquino, la única referencia clara.

Y no, la duda no está en la alineación, sino en el modo en que los Campos de Sport, la grada y la Gradona, recibirán a sus futbolistas en la semana más tensa, al menos desde la destitución de Ángel Viadero. Ya tras el partido contra el Barakaldo un grupo de aficionados esperaron a los futbolistas a la salida del estadio, junto al autobús, para abroncarles. La situación no resultó nada agradable y amenaza con tener hoy segundo capítulo. Incluso antes del partido.

En un ambiente enrarecido en el que la grada de animación se ha divorciado ya oficialmente de algún dirigente del club -aunque la onda expansiva no ha llegado aún a la directiva-, todo es posible. Y si una y otra vez el Racing ha presumido de su masa social como su principal patrimonio, está viendo cómo ese valor sólido cotiza ahora como bono basura tras las sucesivas decepciones.

Con el entrenador ya en la calle y otro al que es demasiado pronto para culpar, al menos del mal multiorgánico, se comienza a mirar hacia el palco y hacia el pasto, donde los once de turno han tenido que escuchar ya una de las palabras malditas del fútbol: mercenario. Cuando un futbolista escucha ese vocablo es que su afición está encendida, y en el Racing se comenzó a articular hace ya un mes en Lezama, donde el filial del Athletic fulminó a un nuevo Racing, el de Carlos Pouso, que por el momento suma siete puntos de 18 posibles.

Si se mezcla este mejunje con el hecho de que el ascenso comienza a ser una urgencia histórica en Santander, algo así como esa presión que atenazaba hasta el año olímpico al Barça por no haber ganado nunca la Copa de Europa -aún se llamaba así-, el resultado es un duelo que no se prevé memorable en lo futbolístico, pero sí de una enorme tensión emocional en el césped y en la grada.

Y mientras los 18 elegidos calienten; mientras los once titulares se preparen para enfrentarse al rival y a la presión de su propio público, las preferencias y tribunas de los Campos de Sport comenzarán a rumiar una disyuntiva. Molestos como están con sus futbolistas, ya casi los han maldecido, y mientras un sector defiende las protestas otro sopesa que estarán malditos, pero son sus malditos. Y solo con ellos se ascenderá o no. De ahí la llamada a arroparles, aunque nadie se lo crea demasiado, en la confianza en que si todo cambia y el Racing regresa en unos meses a la LFP se postulen para el premio al empleado del mes, al Balón de Oro y hasta al Nobel de la Paz. Porque solo eso, el ascenso, llevará verdadera paz a un Sardinero que la necesita. Y mucho.

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