Ahogados por la sequía

Si el Racing se ahoga en un vaso de agua, lo de ayer sería un auténtico jarro de agua fría

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

Nada. Que no hay manera. Agua. Si el Racing fuera un cuartel, sus tiradores estarían todos arrestados hasta que empezaran a acertar con la diana. Pero como es un club de fútbol y sus delanteros, como se decía en el patio de mi colegio, tiran a puerta y no dan ni en España, lo que toca es el pimpampum contra todo lo que se mueva.

Y no será por falta de intensidad, porque ayer los jugadores del Racing debieron de acabar agotados, después de emplearse con más ganas que nunca, pero además con el sobreesfuerzo de los partidos pasados por agua. Aunque en realidad así salimos del estadio: ahogados por la sequía. Y con la que estaba cayendo, que hasta la Gradona parecía la ‘Gradina’, de lo apretados que estaban en las filas de arriba, para no acabar calados hasta los huesos.

Lo peor de todo es que, en realidad, el Racing le dio un buen baño a su rival. Los de la botella medio vacía dirán que la Real Sociedad B dio muchas facilidades, pero que su primer disparo –y a la tribuna sur, por cierto– llegara en el minuto 88 deja bien claro que sólo hubo un equipo sobre el campo. Derrapando, haciendo ‘aquaplaning’ si se quiere, pero fueron aceite y agua. El temible Sanse, el conjunto más en forma, los chicos de moda que arrasan por donde pasan, frenó en seco al llegar a El Sardinero. Si no se vio ni atisbo de ese equipo mandón es que algo hicieron bien los nuestros.

Pero hasta ahí. Porque si el Racing se ahoga en un vaso de agua, lo de ayer sería un auténtico jarro de agua fría. Con esto del cambio climático, ya ni el Racing es capaz de jugar con lluvia, pero a base de carácter se impuso, sobre todo en una segunda parte en la que los arreones arreciaron y el gol parecía inminente. Hasta Córcoles se inventó un zapatazo espectacular, pero no llegaría a buen puerto. Contra un filial que se diluía por momentos, no hubo manera de encontrar la portería. Otra vez. Y van… Solamente con observar la indiferencia de los Campos de Sport en el segundo cambio, quedó en evidencia la opinión de la grada: hace falta un goleador que acompañe a Aquino. Para esto no hace falta un referéndum. A Juanjo le queremos mucho, pero no es nuestro ariete. Sin remate, seguiremos condenados a remar para morir en la orilla.

Con todo, el verdadero drama no estuvo en el partido, con un empate que sabe a derrota por partida doble: primero, porque por mucho que se juegue mejor que el rival, si no se convierten las ocasiones no hay merecimiento que valga. Y segundo, porque el Mirandés nos anduvo poniendo la miel en los labios pero al final volvió a ensanchar una ventaja que ya está empezando a resultar molesta, como poco. Pero no: el drama lo sufrió un aficionado racinguista que tuvo la infeliz idea de acudir al campo a ver a su equipo. Y no sólo por el desánimo que llevaría encima, que a fin de cuentas las desgracias compartidas se sobrellevan mejor, sino porque el hombre, que tendría unos noventa años, tuvo que enfrentarse con unas escaleras traicioneras –hasta tres ayudantes necesitó para sortearlas–, que nadie podrá decir que están cochambrosas porque como están a oscuras, no hay manera de ver la roña por las esquinas y la herrumbre en el pasamanos. Tras diez minutos eternos, el racinguista logró bajar de la tribuna y salir a la calle, justo antes de que los chicos del candado echaran el cierre al estadio. Estadio municipal, por cierto. De ese mismo ayuntamiento que se hincha a instalar escaleras mecánicas en todas las cuestas que encuentra, hagan falta o no. ¿Tanto les costaría hacer los Campos de Sport accesibles para todos los racinguistas? ¿Es que los aficionados a los que les cuesta subir escaleras no tienen derecho a seguir a su Racing de toda la vida? ¿O es que sus impuestos valen menos que los de los demás?

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