A por el ascenso El vestuario

«Cuando Carlos dijo 'nos vamos a Santander', no llegué ni a contestar»

Raúl García, con una pizarra en el vestuario, comparte el concepto de fútbol de Carlos Pouso./Javier Cotera
Raúl García, con una pizarra en el vestuario, comparte el concepto de fútbol de Carlos Pouso. / Javier Cotera

Raúl García, segundo de a bordo de Pouso, es «su proyección». Comparte con él la misma «ideología de fútbol» y por quien se siente «muy respetado»

Sergio Herrero
SERGIO HERREROSantander

Raúl García Fernández (Hernani, 30 de junio de 1976) es «la proyección» de Carlos Pouso. Su sombra. Su mano derecha. «Hablamos en la misma persona», reconoce el nuevo segundo entrenador del Racing. Cuando el técnico le dijo que hacían las maletas para venir a Santander, «no llegué ni a contestar. Lo que sale por su boca es lo que yo pienso». Una pareja indivisible. Se han encontrado un vestuario «un poco afectado», pero lo ve «comprometido y muy consciente de que hasta ahora se esperaba un poco más de él». Y quiere que su llegada sea algo más que una aspirina efervescente para los males del equipo verdiblanco. Sin fecha de caducidad. «No queremos ser un revulsivo, sino ser una contiunidad hacia el objetivo, que está claro». El ascenso, por supuesto. No queda otra.

-¿Cómo se han encontrado el vestuario?

-Un poco afectado en todos los sentidos. Pero veo que es un equipo comprometido, que está por la causa y que es muy consciente de que hasta ahora se esperaba un poco más de él.

-Estos primeros días, ¿el trabajo psicológico tiene una importancia especial?

-Sí. Es verdad que vamos a trabajar un poco el aspecto psicológico, pero también ir metiendo poquito a poquito nuestros conceptos. Tenemos poco tiempo de aquí hasta el final y hay que aprovecharlo todo. Iremos compaginando. Al final, está claro que el mejor apoyo anímico que puede tener el vestuario son las victorias y la afición.

-Un cambio de entrenador, ¿supone un revulsivo?

-Las estadísticas dicen que sí. Que sirve de revulsivo, pero que luego baja. Algunos pueden decir que sí y otros que no. Nosotros no queremos ser un revulsivo, sino ser una continuidad hacia el objetivo, que está claro. Que vengamos aquí, seamos un revulsivo y dentro de cuatro partidos se vuelva a desinflar el globo... Tenemos que trabajar, más que en ser revulsivos, en ser constantes, en tener una idea, en tener las cosas muy claras y tener, sobre todo, el objetivo principal.

-¿Hay mimbres para lograr el ascenso?

-Sí, está claro. Es un equipo muy bueno. Con mucha calidad. Por lo que sea, hasta ahora no se ha dado con la tecla y hemos venido nosotros para ver si la encontramos. Necesitamos que esa calidad se demuestre en el campo y no se quede en el vestuario. Esto va a ser un matrimonio entre ellos -los jugadores-, nosotros, la ilusión, las ganas y lo más importante, las victorias y la afición.

-¿Y queda tiempo para alcanzar al Sporting B y ser campeón?

-Si uno empieza a echar cuentas, quedas primero. Soy más partidario de ir domingo a domingo. De ir fortaleciendo mentalmente al equipo. Ir cogiendo resultados a corto plazo. Y con resultados y confianza, poco a poco, podemos ir creando esa expectativa de ser primeros. Pero está claro que llegar aquí y empezar a hacer números no vale. Por delante hay otro trabajo. Aquí, quedes primero, segundo, tercero o cuarto, hay un objetivo. Está el camino largo o el corto... Vamos a ver por cuál vamos.

-No han dejado demasiadas pistas sobre un posible primer once. ¿Ustedes lo tienen más claro?

-Sí. Ayer -por el miércoles- no quisimos entrar aturullando a los jugadores diciéndoles lo que queríamos. Hay poco tiempo para preparar el partido. Vamos a intentar que el cambio sea lo menos traumático posible, pero sí que ellos se sientan reconfortados con nuestra idea.

-¿Cuál es la función de Raúl García como segundo entrenador?

-Ayudar y colaborar con Carlos -Pouso-. Desde que empezamos, compartimos todos los conceptos del fútbol. Entendemos todo igual. Digamos que puedo llegar a ser la proyección. Él tiene unas ideas, comulgamos en todo. Muchas veces no hace falta ni hablarnos. Hablamos en la misma persona. Es muy fácil trabajar con él. Yo me siento muy cómodo porque me da mucha confianza. Lo mejor es la complicidad.

El papel de cada uno

-Se dice que Carlos Pouso es más gestor del vestuario y usted el estratega en la sombra, ¿esa afirmación se ajusta a la realidad?

-Ni le calificaría a él de una forma ni a mí de otra. Somos un grupo de trabajo como hay otros. Cada uno tiene sus funciones. Lo más importante es la afinidad, la complicidad o ese pensamiento común en cuanto al concepto de juego. Somos iguales en cuanto a ideología de fútbol. Lo que sí me siento es muy respaldado, porque todo lo que digo, Carlos lo tiene en cuenta.

-Han pasado cuatro años desde su retirada del fútbol. ¿Han cambiado mucho los vestuarios y los futbolistas de entonces a ahora?

-El fútbol avanza. Cada año se notan los cambios. Cada vez va más dirigido a los aspectos individuales. El juego es colectivo, pero cada vez va todo mucho más al uno contra uno y a superar al rival contrario. En ese sentido, yo he vivido esa evolución, y de entonces a hoy, va progresando, pero no lo veo tan distinto.

-¿Cambia mucho la visión de un futbolista cuando se convierte en entrenador?

-En lo único que yo he notado el cambio es que yo antes sí que podía preocuparme de mí, pero al final vives en un colectivo. Yo he jugado al fútbol más por mi calidad táctica más que por mi calidad técnica. Siempre fui un jugador de grupo, de intentar que el equipo vaya bien, incluso a veces poniendo al equipo por encima mío y ahora, como entrenador, es aún más eso. El colectivo antes de la individualidad.

-Este último periodo ha estado en la secretaría técnica de la UD Logroñés junto a Carlos Pouso. ¿Le gusta más el despacho o el banquillo?

-El despacho me ha venido bien en cuanto a la formación. Dejé de jugar, pasé del campo al banquillo. Fue un aprendizaje avanzado. Y desde la secretaría técnica he reforzado toda mi enseñanza, que creo que en ese sentido la tengo más que completa. Al final, el estar en el despacho y estar todo el fin de semana viendo partidos, jugadores, sistemas y formas de juego hace que crezcas, aparte ya de ser entrenador o buen entrenador, para saber lo que necesitas para fichar jugadores para tu modelo de juego.

-¿Cómo definiría a Carlos Pouso?

-Es una persona cercana. Que se preocupa por lo ajeno, porque todo funcione, porque todo vaya bien. Te transmite confianza, te apoya bajo cualquier circunstancia y si hace falta ponerse delante para hacer de escudo, se pone. Lo que hace Carlos es humanizar un poco esta vorágine del fútbol.

-¿Cómo se formó esta pareja de entrenadores?

-El dejó de entrenar al Mirandés el mismo año que yo dejé de jugar allí. Mantuvimos contacto. Hablé con varios entrenadores, pero al final cuando me llamó Carlos y me reuní con él, con esa complicidad y ese concepto del juego que tenemos tan igual, yo creo que es mucho más fácil. He acertado, porque me hace muy partícipe, me toma muy en cuenta y me siento muy respaldado y respetado por él.

Cambio de aires

-Decía Carlos Pouso que dudó menos de 24 horas en decir que sí al Racing. ¿Usted tuvo dudas?

-No dudo. Lo que sale por su boca es lo que yo pienso. No llegué ni a contestar. Me dijo: 'Nos vamos a Santander' (risas). Y yo encantado.

-¿Se plantea en el futuro una carrera en solitario como entrenador?

-Ahora mismo hay otras prioridades y otros objetivos. Mi mente está sólo puesta en lograr estos objetivos, que además son a corto plazo. Mi única prioridad es entrenar mañana, el sábado ir a Tafalla y conseguir los tres puntos y poquito a poquito conseguir el objetivo por el que hemos venido aquí. Es lo único que ocupa mi cabeza.

-La Peña Sport es el primer escollo.

-Es un equipo que está ahí atrás, pero digamos que ese desorden o esa anarquía que reina en ese equipo por estar donde está, le puede pillar a cualquiera. Le pilló al Sporting B la semana pasada. Nosotros tenemos que ser el Racing. Si nosotros somos el Racing, tenemos muchas opciones de ganar.

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