La piedad tenía un precio

Daniel Pedriza

El Racing perdona de forma reiterada al Tudelano y recibe el gol del empate en el minuto noventa

SERGIO HERREROSantander

El racinguista firma un contrato con su equipo de por vida, ya sea de nacimiento o de forma adquirida. Es prácticamente imposible obtener la nulidad de sentimiento. Sin lugar al divorcio. Y el aficionado verdiblanco espera ver a su Racing en esta maldita Segunda División B, sobre el terreno de juego, ser superior, candidato a todo, a tiempo completo. Nada de buenas actuaciones eventuales, aunque ese rendimiento a ratos le haya servido hasta el momento para ir solventando compromisos y mantenerse en la parte alta de la clasificación. Este domingo el conjunto cántabro estuvo bien, alegre y serio. Con más solidez que arte. Tuvo hasta ocasiones para haber ganado tranquilo. Hasta para golear. Un catálogo completo de opciones marradas. Arriba, en el área rival, el Racing jugó al frontón. De cabeza contra la pared. Y así, en el descuento, el Tudelano castigó la piedad, el perdón, que le había permitido mantener un hilo de vida hasta esas horas de la tarde. Un empate tan inesperado como aguafiestas.

1 Racing

Crespo, Sergio Ruiz, Julen, Gonzalo, Granero (Regalón, min. 85), Antonio Tomás, Óscar, Javi Cobo, Héber, Juanjo (César Díaz, min. 61) y Pau Miguélez (Dani Aquino, min. 73).

1 Tudelano

Pagola, Iñaki Jiménez, Barrera, Meseguer, Corral (Unai Zamorano, min. 54), Lázaro, Lizárraga (Sergio Martínez, min. 80), Ibai Ardanaz, Adán Pérez, Víctor Bravo y Mika (Vega, min. 64).

el detalle
El Tudelano dispuso en su once inicial a dos exracinguistas, que formaron la delantera navarra: Adán Pérez y el camargués Mika. Pese al empate, el Racing recorta un punto sobre el líder, el Mirandés y se queda a tres.
goles
1-0, min. 3: Borja Granero. 1-1, min. 90: Ibai Ardanaz.
árbitro
Iglesias Villanueva (Comité Gallego). Amonestó a los locales Pau Miguélez, Javi Cobo y Juanjo y al visitante Víctor Bravo.
incidencias
Campos de Sport de El Sardinero. Con césped en buen estado, en una tarde fría pero apacible.
el público
7.711 espectadores en las gradas del estadio verdiblanco, según los datos aportados por el propio club cántabro. Jornada 16 de Liga de Segunbda División B.

El tempranero tanto de Borja Granero cambió el guión para todos. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando un córner botado por Héber desde la izquierda hizo la del ‘pinball’ dentro del área. Infinitos rebotes. El valenciano fue el único capaz de darle sentido a la bola loca. Rebañó el balón para introducirlo en la meta navarra. 1-0 y bola extra. E iba a ser el único capaz de ver puerta en un partido de pistolas de agua, balas de fogueo y matasuegras.

El asunto es que el Racing, con el marcador a favor tan pronto, descartó la posibilidad de seguir percutiendo. El equipo cántabro retrasó la línea de presión y se puso ese disfraz de falsa víctima con el que tan cómodo se sienten en ocasiones Ángel Viadero y los suyos. A defender, que ya llegará una contra letal. Y, ciertamente, los verdiblancos permanecieron en una coyuntura confortable ante el dominio de un Tudelano que no fue capaz de inquietar a Iván Crespo. Los navarros no tiraron a puerta en todo el partido. Ni siquiera cuando hicieron el gol.

Con el paso de los minutos, el Racing fue sacudiéndose el acoso rival. El problema es que, si el plan defensivo estaba saliendo bien, el ofensivo era insuficiente. Las numerosas imprecisiones, especialmente en el último pase, estropearon todos los intentos de sentencia. A pesar de todo, las tres ocasiones claras que hubo hasta el descanso fueron para los locales. La primera, tras una gran jugada colectiva. El centro de Pau Miguélez lo remató Juanjo al estilo del estrambótico René Higuita. Escorpión. La pelota se marchó fuera. El de Ontaneda no vio, a su espalda, a un Héber que llegaba en el segundo palo con todo a favor.

Óscar Fernández fue el protagonista de las otras dos acciones de peligro. El de Piélagos no estuvo fino. Un preciso pase con rosca de Julen Castañeda desde la izquierda le llegó al cántabro dentro del área. Se entretuvo y Pagola se le echó encima. El intento final lo mandó el meta a córner. Idéntico desenlace a la siguiente. Tras una bonita jugada entre Juanjo y Óscar, el tiro del extremo lo repelió el arquero haciendo la estatua.

Aunque la afición racinguista sigue reclamando algo más de brillantez a su equipo, el Racing decidió jugar al camuflaje. La seriedad que es el cimiento principal de la idiosincrasia del Tudelano, la tomó el conjunto cántabro como propia. Sin alardes técnicos. Los verdiblancos mantuvieron las líneas bien juntas atrás para tener a raya al cuadro navarro, por mucho que lo intentaron el exracinguista Adán Pérez y el habilidoso futbolista camargués Mika. Hasta que salieron a relucir las genialidades individuales de los locales. Porque eso es como andar en bicicleta. Los buenos futbolistas nunca lo olvidan. Se tiene o no se tiene. Sergio Ruiz va creciendo en el lateral derecho. Con esta evolución, a final de temporada, si sigue así, tal vez se parezca a Cafú. Una gran jugada suya por la derecha la remató Pau Miguélez fuera. Posteriormente, el nojeño se inventó un pase espectacular para dejar a Óscar solo ante Pagola. El de Piélagos soñará con el portero en una tarde aciaga. Volvió a estrellarse en el cuerpo del arquero. Tras el rechace, Héber se sacó de la chistera un caño dentro del área, pero un zaguero taponó su tiro. El caso es que el Racing podía haber cerrado el partido ya con solvencia y aún no lo había hecho. Y eso, en el fútbol, en tantas ocasiones, es sinónimo de sufrimiento al final. Restaban aún 25 minutos por delante.

Quizá por eso Ángel Viadero decidió dar entrada a un Dani Aquino que había pasado la semana entre algodones para intentar llegar al encuentro. El jugador llamado a resolver las misiones más complicadas. Justo cuando el murciano aguardaba en la banda para salir, Iñaki Jiménez pudo mandar todo el castillo verdiblanco al garete. Un remate suyo de cabeza en boca de gol lo mandó por encima del larguero.

El choque entró en una fase de idas y venidas. Peligrosa para un Racing que no era capaz de sentenciar la contienda. Óscar Fernández no pudo batir a un Pagola adelantado y Héber estrelló la pelota en el cuerpo del portero, que ya debía estar magullado de tanto balonazo. Todavía hubo más, porque César Díaz se iba a topar con el mismo obstáculo en una opción clarísima en cuyo rechace, de nuevo Óscar Fernández –quién si no– no iba a acertar.

Y, como casi siempre, las imprudencias se pagan. En este caso, la de perdonar la vida de forma reiterada al rival. El colegiado cortó una jugada en la que Dani Aquino se plantaba solo en el área por un fuera de juego más que riguroso. Acto seguido, el Tudelano iba a empatar. Un centro chut de Ibai Ardanaz desde la izquierda lo dejó pasar un compañero que dificultaba la visión de Iván Crespo y la pelota se coló en la portería. La otra cara de la moneda de lo de ocho días antes en Tajonar. Minuto 90.

Ahí se acabó la alegría, porque si el Racing no fue lo suficientemente despiadado en el área rival cuando todo le iba a favor, en cuatro minutos y a la desesperada se antojaba ya imposible. El remate de cabeza de Dani Aquino tras un centro de Julen terminó como todos, con Pagola ejerciendo de seguro de vida. El choque terminó con cara de tonto y cabeza baja. Mosqueo. Porque los de Viadero tuvieron en sus botas la posibilidad haber salido victoriosos en una sesión vespertina que marchaba viento en popa con el gol de Borja Granero y la derrota del líder, el Mirandés, en casa, frente a la Real Sociedad B (0-2). Los verdiblancos se quedan a tres puntos de la cabeza, pero con una sensación triste. Mosqueo al cuadrado. La piedad tenía un precio. Muy caro, por cierto.

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